Obrim una finestra al món y la comunicación viral


indraya - Posted on 19 May 2011

 

Obrim una finestra al món y la comunicación viral

Grupo La Illeta

El Obrim es una experiencia educativa que contagia. Si empezara a contar el Obrim al revés, una de las imágenes simbólicas que lo ejemplificaría es una telaraña tejida por todas las personas que han sido contagiadas por este virus que empieza con una necesidad, la de transmitir una experiencia vivida. Y así es el Obrim, un proyecto vivo que se nutre de la inquietud de conocer nuestra realidad y otras realidades, investigarlas, comprenderlas, relacionarlas, y el reto más importante de todos, transformarlas.

En el Obrim la comunicación ha sido muy importante, y se podrían destacar dos razones. La primera, es que la experiencia educativa ha implicado a muchas personas, docentes y alumn@s de distintos niveles educativos. Además, no es una experiencia cerrada por lo que la gente se ha ido implicando conforme la ha ido conociendo. Por tanto, la forma de transmitir la idea, de comunicarla, era fundamental. Y uno de los ingredientes que contiene el mensaje, básico para el contagio, son las emociones. Otro ingrediente, probar, algunos de nosotr@s, un metodología nueva, otra forma de trabajar, todo un reto. Nuestra forma de trabajar no suele ser uno de los temas de conversación, entre compañer@s, en la escuela. El Obrim ha permitido romper esas barreras de comunicación y acercarnos en ese sentido, un punto de inflexión para poder compartir nuestra forma de trabajar y enriquecernos. Y además, con el Obrim hemos podido no sólo conocer otra forma de trabajar, sino experimentarla y ver cómo influye en nuestros alumnos y en nosotros mismos. Ha sido una forma de abrir una ventana a otra escuela.

El Obrim también ha influido, en algunos casos, para cambiar la comunicación entre alumn@s y docentes. Antes de escribir estas líneas les he preguntado a mis alumn@s de 2º de Bachillerato: ¿Pensáis que los profesores se comunican bien? La duda que se les ha planteado es si nos comunicamos bien entre nosotros, o con ellos. Y después de debatir un poco pensaban que no había comunicación entre nosotr@s para llegar a puntos de encuentro a la hora de trabajar con ellos, y lo más preocupante, según mi punto de vista, notaban que los docentes mantenían un trato poco cercano hacia ellos, les chocaba que pasaran los meses y no supieran sus nombres. Esta opinión no puede ser considerada como la norma, pero a mi me hace reflexionar sobre la comunicación en la escuela. El Obrim ha permitido trabajar con los alumn@s de otra forma, con una metodología más participativa, que ha cambiado, en algunos casos, la comunicación entre docentes y alumn@s.

Me gustaría añadir que en la escuela es fundamental la participación de los padres, y la comunicación también falla muchísimo en este aspecto. En esta experiencia educativa, sólo ha habido una comunicación indirecta con los padres, los protagonistas, los alumn@s son los que han transmitido el mensaje fuera de las paredes de la escuela, hasta sus casas, eso sí disponen de una herramienta muy útil, el blog. El blog nos permite comunicarnos más allá de los muros de la escuela y que el trabajo que se realiza en el aula se pueda ver fuera.

Como vectores transmisores de los aprendizajes interiorizados y motivados por las inquietudes que han ido surgiendo los alumnos que han participado de esta experiencia son los que seguirán hilando iniciativas y tendrán que asumir el reto, llegado el conflicto, de transformar su realidad.

 


 

 

 

CONTAGIAD@S

No sabría decir cómo sucedió. ¿Quién me contagió? En realidad, poco importaba. Compartir con personas tan especiales momentos de mi vida había puesto en crisis muchísimas cosas en mi interior, había traspasado mi piel. La inquietud, estoy segura, existía desde siempre, estaba latente, sólo necesitaba un detonante para que los cambios se aceleraran. Hubo muchos momentos antes de tener la idea que tuvieron que ver con ella, que son parte de ella. Mientras escribo esto, recuerdo tantos momentos... al niño minero en Potosí que empujaba un carro lleno de mineral, escuchar a Erlan hablar sobre su selva, caminar con Marta por un camino embarrado de Nicaragua durante una hora para llegar a su escuela... vivencias tatuadas en cada una de mis células que las impregnaron de emociones.

En mi interior se estaba produciendo una transformación, una revolución, los síntomas aumentaban, las sensaciones que experimentaba creaban conflicto, me despertaban más necesidad de investigar otras realidades, interpretarlas, empatizar con ellas y enredarlas con la mía. Así empezó mi lucha con el virus, o más bien, mi conexión con él. Lo interioricé, y quería transmitirlo, comunicarlo. Contar mis inquietudes sirvió para darles forma, mis amigos se iban contagiando. Además, el virus tenía un efecto distinto en cada uno de ellos, tenía la capacidad de mutar, acoplarse de forma diferente en cada uno de nosotr@s, buscaba distintos canales para relacionarse con su entorno. Pasó todas las barreras, en realidad, creo que formaba parte de nosotros, sólo lo activamos. Fue muy gratificante, dábamos forma a nuestras ideas, comunicándonos, creando, y así nos fuimos enredando y enredando, y seguimos enredándonos. El virus formaba parte de nuestras vidas, por lo que íbamos contagiando, con nuestra pasión, a más y más personas. Y así, nuestras ideas, convertidas en experiencia educativa empezaron a tomar forma con el nombre de Obrim una finestra al món.

L@s que somos docentes introducimos el virus en nuestras escuelas, teníamos que integrar en la comunidad educativa nuestra idea, transmitir lo que nos preocupaba y así todos juntos seguir investigando nuestra realidad para transformarla. El virus había abierto nuestra ansia de aprender un@s de otr@s, el Obrim se planteaba con una metodología, no nueva, pero sí distinta para much@s de nosotr@s, una metodología que cambiaba nuestra manera de interactuar con nuestr@s alumn@s, donde tod@s podíamos crecer personalmente. Sin darnos cuenta estábamos probando otra forma de aprender, de trabajar, de comunicarnos, de relacionarnos entre nosotr@s y con nuestr@s alumn@s, aprender investigando. Los compañer@s, al vernos, escucharnos, no tardaban en interesarse, se contagiaban rápido, querían saber más sobre nuestro trabajo. Abrimos un diálogo en los centros y entre nosotr@s, dejamos que dentro de nosotr@s surgieran las dudas, y nos dimos la oportunidad de experimentar en nuestra práctica diaria, de buscar en el conflicto lo positivo, de cambiar.

Recuerdo la primera vez que expliqué el Obrim en clase, lo contaba como la historia interminable, una historia con muchas pequeñas historias deseosas de que les diéramos forma, de que las contáramos, muchas ideas que iríamos hilando entre tod@s para tejer una telaraña. Ese día éramos quince personas en el aula, mis alumn@s me conocían sólo desde hacía diez días. Las palabras brotaban rápidamente por mi garganta, estaba bajo el influjo del virus, incluso iba enlazándolas conforme las iba pronunciando, o diría más, cuando las palabras estaban en el aire, ellas formaban la historia según la interpretación de quien las estaba escuchando, y ayudadas de las sensaciones que estaban despertando. El virus se retroalimentaba, porque ese día, cuando vi la ilusión en los ojos de mis alumn@s por participar de una experiencia, que en realidad tenían que construir ellos mismos, me di cuenta que no podíamos parar. Los alumn@s fueron y son el motor del Obrim, la energía que ha seguido impulsando la experiencia, que le ha dado oportunidades al virus para seguir con vida, para seguir utilizando la maquinaria de nuestras células. Me gusta pensar en los puntos de encuentro que hemos tenido docentes y alumn@s, nos han preocupado e ilusionado las mismas cosas, nuestras realidades, nuestras vidas. Y mis compañer@s han tenido sensaciones similares, con esta experiencia educativa hemos caminado juntos, docentes y alumn@s, planteándonos dudas, investigándolas, proponiendo actividades... y mimando nuestro blog. El virus está en la red, el blog es nuestro vehículo de comunicación, cualquiera puede llegar hasta él, incluso de forma casual, y contagiarse, y seguir contagiando, y así el virus sigue mutando de forma no aleatoria, integrándose en distintas personas que le darán un sentido, respondiendo a cambios ambientales que lo harán evolucionar.

La telaraña que formamos es multicolor, somos de todas las edades, somos distintos, somos iguales, somos, y la hemos ido manteniendo entre tod@s, si un hilo se aflojaba, otro se tensaba, de modo que ha sido fácil gracias la influencia del virus cooperativo. Y así ha sido el Obrim, hemos diversificado caminos, pero a la vez, hemos buscado la forma de encontrarnos para poder reflexionar sobre todas las mutaciones que estaban viviendo nuestras ideas. Hemos compartido propuestas, trabajo, conversaciones, llantos, ilusiones, conflictos, emociones, risas, magia, tiempo, vida... Por ahora, los efectos del virus son permanentes, vive en nosotros, sigue retroalimentándose, sigue evolucionando, nos seguimos enredando.

Jose Indraya

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