Debatiendo el manifiesto


Red Ires - Posted on 01 November 2008

Aquí están todos comentarios que se están haciendo al manifiesto en esta web. Pincha en la imagen si quieres leer el manifiesto

 

4301-4668

Queremos que la educación sea el motor del cambio social, tecnológico y económico y lo seguimos haciendo con métodos del siglo XIX, e incluso como apuestan algunos segregando a chicos y chicas en centros separados. No llegaremos muy lejos.

Completamente de acuerdo.

Mi poyo incondicional a esta iniciativa. Movamos la escuela pública y moveremos el mundo!!!

Estoy de acuerdo con el manifiesto

Totalmente de acuerdo.

La Red Utopía y Educación desea adherirse a esta campaña mostrando su apoyo incondicional. Consideramos que ya va siendo hora de que salgan análisis veraces de la realidad escolar. Enhorabuena a los promotores y ánimo.

Por una escuela pública y laica

He sido Decana de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oviedo desde junio del año 2000 hasta diciembre de 2008 y he participado en numerosos debates sobre temas educativos. No sólo suscribo el manifiesto, sino que felicito a quienes han tomado la iniciativa de escribirlo y publicarlo.

Menos mal que algo se mueve

Ya está bien de cargarse la escuela pública

Ánimo en vuestra campaña.

Clarifiquemos...

A ver si conseguimos unificar los esfuerzos en esa dirección. Gracias por el paso que se ha dado. Creo que es importante.

Suscribo la práctica totalidad del texto. Observo constantemente, como padre y como docente, esta triste realidad.

POR UNA ENSEÑANZA PRIORITARIAMENTE PÚBLICA, LAICA Y DE CALIDAD

Asumo el manifiesto como propio

Debemos unirnos ante este manifiesto, ya que se dicen por ahí muchas cosas que no son verdad.

Mis padres son profesores y es lo que llevan criticando por los siglos de los siglos

La educacion en España esta muy atrasada en relación con otros países europeos. La educación pública no compite con la religiosa porque ésta es más eficiente cuando de tradiciones se trata.

Sí a la educación activa y respetuosa

No ens podem permetre perdre la illusió. (4668)

Incluiría en el manifiesto más referencias al hecho de que la educación hoy en día es universal hasta los 16 años, para todos y todas, sin distinción de capacidades, intereses, entorno social y cultural, etcétera, y que los defensores del pasado glorioso de nuestra educación sólo tienen en cuenta a la mínima parte de alumnado que accedía a ella, por lo que defienden una visión muy elitista de la misma. Aún así, los resultados tampoco eran buenos. También aquí es necesaria la memoria histórica.

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Estoy viviendo en Barcelona, haciendo un Master en Psicología de la Educación, me alegra ver esta campaña debido al cargo y la responsabilidad que tiene la educación con la sociedad y siempre de una forma u otra la culpabilizan de que el alumno actual que ha cambiado en los ultimos años, no debemos echar la culpa a la educación porque hay muchos profesionales que trabajan día a día para hacer nuevas reformas educativas. Hay que pensar qué está pasando en el contexto familiar y social que está afectando en la educación de los profesionales del futuro que son nuestros niños del presente.

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Creo que el documento recoge una visión bastante exacta de nuestra realidad. Los "principios orientadores de la escuela que necesitamos" me parecen muy adecuados.

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Hacen falta muchas más campañas en favor de una educación para TOD@S UTOPIA? TENIENDO SOLO EN CUENTA EL VALOR QUE TODOS TENEMOS COMO PERSONAS...

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Aquí hay una estudiante que defiende las ideas del manifiesto y que pondrá en práctica con mucho gusto

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Los parecidos en las realidades escolares merecen algunas preguntas. ¿Cuándo nos pondremos a debatir sobre nuestra posición como educadoras/es en la sociedad? Por mi parte cuando gusten.

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YA VA SIENDO HORA DE QUE VELEN POR NUESTRA DIGNIDAD, ESTO CADA VEZ VA A PERJUDICAR MÁS A LA SOCIEDAD, EMPEZANDO POR LOS MÁS PEQUEÑOS.

Y LAS IDEAS HAY QUE FINANCIARLAS... TENEMOS LA SOLUCIÓN PERO SE ESTÁ HACIENDO TODO LO POSIBLE PARA QUE NO LO CONSIGAMOS. "Como no sabían que era imposible, lo hicieron". HAGÁMOSLO.

NO SE PUEDE DECIR MEJOR Y MÁS CLARO. ADELANTE. SOMOS MÁS DE LOS QUE PARECE LOS QUE CREEMOS EN LA ESCUELA PÚBLICA DE CALIDAD.


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Por una educación de calidad en la educación integral.


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NO CREO QUE TENGAMOS LA EDUCACIÓN QUE MERECEMOS... ¡LUCHEMOS POR ALCANZARLA!


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TODA LA CIUDADANÍA NECESITAMOS DAR UN FUERTE GOLPE DE CONCIENCIA A LA CLASE POLÍTICA PARA QUE NO CONTINÚEN AHOGANDO A LA EDUCACIÓN PÚBLICA.


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CUANTO MAS DIVERS0 SEA UN GRUPO-CLASE: MAYOR EDUCACIÓN Y APRENDIZAJE y EN CAMBIO LA UNIFORMIDAD PROVOCA LO CONTRARIO: EL GRAN ENGAÑO/TRAMPA EN QUE NO SE PUEDE CAER.


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Para cuando nos daremos cuenta y echaremos a gente como Aguirre?


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El manifiesto me parece muy oportuno.


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Menos mal que hay gente que seguimos teniendo ganas.


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Me parece justo y acertado, pues necesitamos decir este mensaje claro a toda la sociedad, incluso a muchos compañeros de profesión.


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APOYO TOTALMENTE LO EXPUESTO.


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Otra escuela es posible. Adaptarnos a los cambios es primordial para el desarrollo de nuestra sociedad.


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Enhorabuena por el documento y gracias por el compromiso.


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ERA HORA DE QUE SE HICIERAN ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN EDUCATIVA CON CIERTO GRADO DE COMPLEJIDAD, PONER LAS CAUSAS DE TODOS LOS MALES DEL SISTEMA EN UNA LEY QUE NO SE PUDO IR PERFECCIONANADO O EN UN ALUMNADO DESINTERESADO E INMADURO, NO NOS LLEVA MÁS QUE A PLANTAEMIENTOS ERRÓNEOS Y POR TANTO "SOLUCIONES" FALLIDAS. ESPEREMOS QUE ESTE MANIFIESTO SEA UN INICIO DE REFLEXIÓN COMUNITARIA.


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Por fin se da en la clave de algunos problemas, desde una perspectiva no corporativa.


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Ánimo con esta lucha que debemos ganar... a ver para cuando ese colegio de pedagogos.


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Suscribo el texto y su argumentación.

 

 

 

Mi querida amiga, discúlpame tú.

Más bien me pasa como a ti: que no quiero remover la herida de nadie. Desde luego no ninguna tuya. Si tú me dices que no eres nada objetiva en el tema propuesto, ¿qué puedo yo deducir, amiga? Pues que tratamos un asunto ciertamente doloroso para ti. Y, con seguridad, yo podría decir cosas que te hirieran en demasía, sin yo querer.

Desde el principio he intuido que eres una persona muy sensible, y de verdad que yo no quisiera decir cosas que pudieran lastimarte.

Pero, en definitiva, yo no tengo ningún problema en rectificar. Hablemos de lo que sea, adelante.

Eso sí, un par de cosas. Por un lado te pediría, por favor, que pese a tu visceralidad confesa en asuntos de feminismo, entiendas que yo voy a ser muy duro con el feminismo de género, tanto como tú -imagino- con el machismo; pero que en modo alguno busco herir a nadie, ni estoy en contra de la mujer: estoy contra la ideología del feminismo de género y contra sus dramáticos e injustos efectos sociales y legales.

Por otro lado, esto: yo no quiero seguir escribiendo aquí. Esto me parece una tomadura de pelo. Una falta de respeto de unos anfitriones que nos abren las puertas de su casa para luego negarnos la palabra.

Te propongo, si te parece bien, lo siguiente: no sé si conoces el blog de José Antonio Marina. Es éste: http://www.movilizacioneducativa.net/contacto-webmaster.asp

Si te das de alta aquí tenemos la posibilidad de hablar de cara al público o en privado. Con que dejes un breve (o largo) mensaje en el foro de ese blog, será suficiente para que yo hable contigo en privado y, si lo deseas, en público, por si la gente desea participar (lo cual me parecería fantástico y lo más adecuado). De verdad, empiezo a sentime muy extraño en una casa en que los anfitriones no me dirigen la palabra. Si lo que quieren es que haga las maletas, lo han conseguido, chapó.

Discúlpame, Milagros, que no me ha movido intención de ofender, sino lo contrario. Sigamos hablando si lo deseas, adelante.

Un cariñoso saludo.

Sergio, querido contertulio del ciber-espacio;

Pues no se muy bien qué decir.  En efecto, reitero que estos temas que tocan a los problemas de la mujer me afectan personalmente, ¿cómo no? Por eso reconozco una falta de objetividad y una visceralidad de la que no me abochorno, por decirlo así. También se que me he tomado la libertad de expresarme con toda franqueza, pensando que en una página web, aparentemente poco o nada visitada, al igual que se ha hecho toda la vida cuando se coincide con alguien interesante, por ejemplo, en un tren, se puede ser incluso más sincero de lo que se es normalmente con conocidos de mucho tiempo, Hoy en día, en lugar de "Extraños en un tren" la película podría llamarse "Extraños en la página web".

Pues parece que he cometido algún error.

Verás; Por lo visto esta sección si es visitada periódicamente por algun miembro del grupo RED IRES. Al parecer el giro que ha tomado nuestro intercambio de ideas, no es el más idóneo para los intereses intenciones de quienes la crearon. Por si faltaba algo, yo no soy totalmente anónima en este ambiente. En realidad, debería decir que eso me trae sin cuidado. Una sustituta interina, en este mundo estamental del funcionaridado español no es NADIE. No lo somos legalmente y tampoco políticamente. Digo esto porque no reivindicamos nada. Parece que estamos encantados con nuestra situación, la aceptamos borreguilmente - yo la primera - y nos limitamos a memorizar chorradas para convertirnos en funcionarios - la mayor aspiración del pequeño burgués carpetovetónico. En el caso de la gente joven, que no ha conocido otras realidades, es disculpable. Yo, que alguna vez aspiré a llamarme a mí misma militante comunista, no me lo perdono tanto a mí misma, pero, en fin... Tampoco se lo perdono, la verdad a los que se las dan de ser más rojos que la Pasionaria y más libertarios que Durruti y, sin embargo, presiden los tribunales de Inquisición - ellos los llaman de "oposición", donde se tortura a parados y trabajadores, que en otro contexto, serían sus compañeros. Y firman las notas de esos exámenes, sabiendo que ello puede implicar el despido - o el no contrato - de trabajadores de la enseñanza que han demostrado su valía y su vocación, con la misma frialdad que dicen que Franco firmaba las sentencias de muerte. Conozco más de un caso de compañeras extraordinarias que ahora mismo están fuera del sistema por este motivo. Y, créeme, lo siento especialmente por los alumnos de la escuela pública. O sea, que a Nadie le importa excesivamente ser marginada en este ambiente. Y por supuesto, a ellos, Nadie les importa menos.

No obstante, lo valiente no quita lo cortés. Como persona de educación tradicional, no me agrada ser impertinente con otras personas, especialmente si ellos están en su casa. Y este espacio de internet pertenece a un grupo concreto, cuyos planteamientos y objetivos deben ser respetados. Temo que yo no puedo comulgar con ellos, al menos totalmente, pero de ninguna manera voy a interferir en un sentido no deseado. Y que conste que no me parece que, por ejemplo, el tema de la discriminación de las mujeres esté tan alejado de nuestro trabajo. Y más aún en el punto de la vida privada. Sin ánimo de escandalizar a ningún probo funcionario, me parece lamentable que el homínido atapuerquense que llevamos dentro salga a relucir en los temas de la intimidad, con el consiguiente perjuicio para las hembras de la especie. Que siga imperando un enfoque machista, fálico, reproductivo,  de la sexualidad, en el fondo mala para todos, pero que conlleva - entre otras cosas - la perpetuación de la esclavitud, del comercio de carne humana en nuestras calles y carreteras. Incluso con un componente racista, ya que las chicas que ejercen la prostitución callejera suelen ser inmigrantes. Y algo que nos toca si cabe más de cerca, la cantidad de embarazos no deseados en adolescentes, nuestras alumnas. Todo ello se podría paliar, si no evitar, con una correcta educación sexual. Desde luego, les sería mucho más útil que las clases en las que yo hago como que enseño una lengua extranjera. Pero comprendo que estos temas son demasiado revolucionarios como para plantearlos.

El segundo punto, amigo Sergio, es más delicado. Por tu respuesta, yo he intuido que, sin querer, he tocado alguna fibra sensible, que te ha molestado o herido. No era mi intención. Puedo ser algo radical a nivel ideológico, incluso a la hora de despellejar a grupos o sectores en general, siempre que ejerzan el poder o la opresión. No deja de ser una terapia, un desahogo, la compensación de una debilidad. Pero nunca, nunca, me permitiría conscientemente hacer daño a nadie en concreto, ni ofender, ni faltar al respeto. Es que creo que en el fondo todos los seres humanos somos bastante débiles y vulnerables. Al menos, yo lo soy. y procuro, en la medida de lo posible, tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mí misma. Si he cometido alguna torpeza en este sentido, te ruego me perdones.

Hablando menos en serio, me decepcionó que no quisieras debatir conmigo. Precisamente nos quejábamos de que no había contraste de pareceres y cuando surge un tema en el que - modestia aparte - podías tener una contrincante de cierta entidad, vas y no recoges el guante, ¡Jo!...

En definitiva, todo el rollo anterior lo he escrito para hacerte saber a tí, Sergio, desconocido pero apreciado ser humano, con el que he tenido el privilegio de "conversar" por internet, que no tengo intención de seguir mancillando este foro con mis comentarios. Que confío en que aparezca por aquí algún contertulio con el que puedas debatir o que encuentres - o nos encontremos - otro foro.

Si es posible que las energías positivas se transmitan de alguna forma a distancia, me gustaría enviarte un fortísimo abrazo, lleno de cariño y agradecimiento por tus comentarios. Muchíiiiisimos besos.

Busquemos una solución entre todos y dejemos de culpar a los alumnos de los problemas que nos encontramos a la hora de enseñar. Ante una sociedad nueva, una enseñanza nueva.

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Muy interesante

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No estoy de acuerdo en todo lo manifestado pero comulgo con muchas de las verdades emitidas en este manifiesto.

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Debería preocuparnos a todos, no sólo a los docentes.

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Hace mucho tiempo que pienso los mismo que vosotros, y no entendía que no se dijera nada.

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Creo que el manifiesto pone el dedo en la llaga sobre toda una concepción errónea del valor y el sentido de educar - que no es sólo instruir- como ha venido siendo tradicional.

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Totalmente de acuerdo. Absolutamente necesario, lástima no haberlo dicho hace unos años, pero es mejor tarde que nunca. Os felicito.

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Por una enseñanza que enseñe aprender a aprender, con conocimientos prácticos y humanos.

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Hay que abordar la estructura funcionarial de propiedad de plazas en las escuelas públicas, que se realiza al margen de los proyectos educativos. Paralelamente a la mejora del sistema educativo hay que fomentar la marginalizada educación específica de la sociedad adulta.

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Completament d'acord. Algú imagina un professor de fa 30 anys amb el seu sistema enfrontant-se a una aula dels nostres instituts?

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Completament d'acord

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¡Gracias por vuestra iniciativa!

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Siempre dije que la enseñanza que mis hijas recibían en la escuela e instituto no había variado respecto a la mía.

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Hacía tiempo que una movilización así era necesaria

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Es útil recordar la definición de "rumor": Voz que corre entre el público. Ruido confuso de voces. Ruido vago, sordo y continuado. La Enseñanza como otros temas tratados sin conocimiento real, generan informaciones no confirmadas y tendenciosas. Casi siempre, si se quiere saber de la calidad de una herramienta conviene saber la opinión del que la utilizó, no la opinión del que la diseñó ni del que mira la obra.

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Estimada amiga, lamento mucho el fallecimiento tu marido.

Me he equivocado, lo reconozco. Y, aun a riesgo de incurrir en contradicción, quiero decirte que creo que no es buena idea que discutamos sobre feminismo. Principalmente por una razón: en esta vida es tremendamente difícil ser objetivo, incluso intentándolo con todas las fuerzas de que uno disponga. Pero cuando, ya de entrada, se reconoce -como honradamente haces tú- no ser “nada objetiva” en la cuestión planteada, entonces ¿tiene sentido seguir?

Creo que el deseo y el empeño por ser objetivo es un requisito exigible en dos contertulios que deseen llegar al fondo de las cosas. Es una condición básica, Milagros. Y yo entiendo, amiga, que si esta condición no se cumple, la conversación será inútil, cuando no contraproducente.

El reconocimiento de que sobre tal cuestión no se es objetivo equivale, pienso yo, a admitir que tal cuestión es tabú y, mentarla, anatema. Creo contar con datos y argumentos suficientes como para convencer a un contertulio que desee ser objetivo, amiga, pero no como para hacer lo propio con quien, al respecto, se declara “nada objetiva”. Quizá sea conveniente posponer el contraste de pareceres y argumentos.

Nada nos impide, eso sí, hablar de cualquier otra cosa, pues muchas hay en el mundo de la educación que pueden ser analizadas sin tantos problemas.

Nada de lo dicho debe impedir que sigamos intercambiando opiniones amistosamente. Eso creo.

Recibe, amiga, un cariñoso saludo.

Y digo esto porque si hay alguien que esté convencida de la necesidad y justicia del feminismo soy yo. Y lo digo de antemano, reconociendo que es un tema en el que no soy nada objetiva. Confío en que esta no sea la última comunicación que tengo el gusto de intercambiar contigo o que, si lo es, al menos acabemos como amigos (jajaja).
Yo tuve la desgracia de perder a mi marido casi en plena luna de miel, por un e de coche, y la suerte de guardar el recuerdo de un gran amor, de un hombre extraordinario, que ha sido, junto con mi madre, el mayor regalo que la vida le puede dar a un ser humano, a pesar de los pesares. Dicho esto...
En nuestra sociedad, a pesar de lo mucho que se ha avanzado, las mujeres, como género, nos seguimos llevando la peor parte. En la vida pública, que es donde mejor estamos, tenemos los peores trabajos, los menores sueldos,las mayores dificultades para generar confianza. Esto se refleja, por ejemplo, en la dificultad para llegar a puestos directivos, para obtener créditos como empresarias, etc. Y créeme que esto último lo se de buena tinta, por familiares mías. Y, como digo, este es el aspecto donde tenemos más facilidades y donde más podemos desarrollar nuestra propia valía. Estoy por decir que en este terrenos ya casi nuestro éxito o fracaso depende de nosotras mismas. Y me dirás que también hay hombres marginados por su condición social, raza etc. Por supuesto. Pero como dijo no se quién, siempre habrá alguien que esté peor que el negro pobre: su mujer.
Pero, como decía - al menos a mi humilde pero militante entender - lo peor nos viene en lo tocante a la vida privada, familia, sentimientos y demás.
Por ejemplo, justamente en el tema que tocas de las separaciones. Y repito que no me afecta personalmente. Hoy mismo en la cafetería del Insti me comentaba una querida compañera un fenómeno matemático que se da - en otros paises de Europa y en Estados Unidos las cosas son ya diferentes - en nuestra sociedad española. Resulta que la mayoría de las separaciones se producen cuando se termina se pagar la hipoteca. Dejémonos de zarandajas, al final manda el dinero. Es decir que los cónyuges normalmente pase acercan o pasan de los cuarenta, incluso cada día hay más casos en la cincuentena. Pero lo gordo es que también se da cuando tienen treinta. Normalmente, las que se quedan con los hijos son las madres. Y reconozco que en ocasiones esto puede ser una actitud interesada. Por la pensión, por el piso, por hacerse las víctimas... Pero sospecho que muchos hombres - seguro que no es tu caso - están encantados con quedarse libres de cargas. ¿Qué conlleva ésto? Pues que para esas mujeres es muy difícil - suponiendo que lo deseen - encontrar una nueva pareja. Sin embargo la mayoría de los separados, al menos por lo que yo se, suelen "rehacer su vida" - o lo que la sociedad entiende como tal - en un plazo muy muy breve. A esto se une otra gran injusticia de nuestra sociedad, en la que las mujeres somos - como en casi todos los casos - tan víctimas como culpables. Al parecer pasada una cierta edad, que dependerá de los casos, una mujer puede ser muy "interesante" pero dejar de ser, no se cómo expresarlo, ¿ atractiva?. Lo pongo entre interrogaciones porque yo no puedo sostener esta opinión y además no soy hombre. Pero, en fín, esto sigue pasando en España en la mayoría de los casos. Por lo que reflejan las estadísticas, y gracias a Dios, no sucede igual al contrario. Hombres de todas las edades encuentran parejas de su edad - si no les queda más remedio - e incluso más o mucho más jóvenes. Te aseguro que me parece estupendo y que lo único que me indigna y me reafirma en mis posturas feminsitas militantes es que no suceda al revés. Por otra parte, tampoco creo que la pareja convencional sea la panacea de nada. La libertad es el mayor de los tesoros y en países de habla inglesa que conozco cada día abundan más los amigos "con derechos" que sólo se ven los fines de semana etc. Pero también para esto la mujer separada con hijos a cuestas lo tiene difícil porque seguramente sus propios hijos se lo reprocharían.
Claro está que siempre pagan justos por pecadores. Sin duda hay muchos hombres - tú, Sergio, entre ellos, que echan de menos a sus hijos y consideran injusto que los jueces concedan la custodia sistemáticamente a las madres. Y os appoyo toalmente.
De este tema podría hablar largo y tendido; del machismo imperante en las capas de las que proceden algunos de nuestros alumnos, que hacen que una profesora o incluso una directora no sea igual de respetada que un varón en sus mismas circunstancias. De cómo los roles no han cambiado entre nuestros niños y niñas. Anécdotas que me han contado niñas de mis tutorías y que no son baladíes. Van a las discotecas y las niñas - muy monas - se ponen en la barra a esperar que los niños las "entren", o sea que las saque a bailar, como decíamos en mi época. Cómo los chicos que presumen de tener muchos ligues son vlaorados por chicos y chicas y las chicas siguen - ¡a estas alturas! siendo consideradas unas golfas.
no me enrrollo más, que ya está bien. Si has tenido la santa paciencia de leerme, gracias.Espero tu réplica, que seguro que será - como todas - muy ajustada e interesante y ¿quién sabe? me hará si no cambiar, tal vez matizar algunos puntos de vista.
Te envío como siempre y más que nunca muchos besos.
Nota: no se qué pasa que no consigo hacer entrar los cambios. Disculpa los errores, de los que soy consciente.


Estimada amiga Milagros, no ha lugar para la ofensa por el mero hecho de discrepar. A veces, en caliente, se dicen cosas que no deberían decirse, o se emplean tonos picajosos que acaban enrareciendo y tensando la conversación. Yo he caído en tales conductas más de una vez, y de verdad que lo lamento. Deberíamos aprender a discutir con el pulso firme, sin alterarnos, sin entrar en lo personal (y, de nuevo, me incluyo en esta exhortación).

Es muy lúcida tu autocrítica, y te honra. Un alarde de lucidez. Y te reputa como persona capaz de cambiar de ideas y pareceres, seguramente una de las cosas más difíciles de esta vida, te lo aseguro.

Evidentemente, hay que tener en cuenta la situación histórica que explican en parte cómo algunas ideas se fanatizan, ya sean de derechas o de izquierdas. Tocas el tema del feminismo, y eso es tanto como decir que has tocado una llaga. Precisamente, porque, como te dije, amiga, ése es un terreno abonado para la demagogia, el victimismo y el exceso. Y sería muy conveniente que nos aviniésemos (y no sólo nosotros) a hablar o discutir sobre el feminismo de hoy, pues creo que está teniendo graves efectos sobre la educación de nuestros niños. Para ir haciendo boca, Milagros, te animo a que escuches muy detenidamente a la juez decano María Sanahuja (si es que no la has escuchado ya, claro). Creo que habla con gran sentido común. Puedes ver una de sus conferencias aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=9OVfpCzJkg8&feature=related

Miles y miles de niños están siendo criados únicamente por la madre, con consecuencias muchas veces nefastas, tanto para las madres como para los hijos (¡y no digamos para los padres!). Se crían sólo con las madres por culpa de las actuales leyes sobre el divorcio, la igualdad y la violencia de género. Te puedo asegurar (y lo puedo argumentar y aportar datos) que, en general y por lo común, los efectos educativos que en los niños producen los procesos de separación y las custodias monoparentales (comúnmente maternas), son infinitamente más devastadores que los que puedan provocar en algunos críos las clases magistrales.

Si queremos hacer un análisis más serio, hondo y certero de lo que está pasando en nuestras aulas, tenemos que empezar a ver qué porras está pasando en nuestros hogares, muchas veces rotos por la permisividad reinante y los conflictos matrimoniales alentados por el feminismo radical de B. Aído y su cohorte ministerial. Es lo que creo, amiga. Y hablar con calma de un asunto -el feminismo de género- que es pasto de una terrible demagogia.

Soy consciente de cuán reaccionarias pueden sonar estas palabras mías, amiga Milagros. Pero, de nuevo, voy a apelar al sentido crítico del que tú has hecho gala. Pues si convertimos algunos temas en tabú (y el feminismo lo es), jamás nos libraremos de las garras del dogma.

El feminismo de igualdad es una cosa. El de género, otra. Aquél es respetable, mas no éste. No lo es porque, bajo la pancarta del victimismo, persigue sojuzgar y someter al otro sexo (al hombre); justo lo que hizo el machismo con relación a las mujeres. Una sociedad justa, un estado de derecho, tiene que prevenirse de todas las injusticias, revanchismos y excesos. De lo contrario, seguirá repitiendo los mismos errores, dejando tras de sí un reguero de víctimas inocentes (de uno u otro sexo, o de ambos).

De verdad, amiga mía, hablemos de estas cosas, no las convirtamos en tabúes. Cuestionemos el feminismo radical que tanto daño está causando a millones de personas, de uno y otro sexo. Y, desde luego, a nuestros niños y a su educación.

Recibe un cariñoso saludo, amiga.

Sergio, querido amigo, no sabes cómo celebro que no te hayas ofendido por mis comentarios. Lo cierto es que no estamos tan lejos en nuestras ideas. Por otra parte, yo no pertenezco a este grupo de Red Ires. como ya he dicho, lo conocí a través de compañeros del instituto donde trabajo este año.

En efecto, coincido en que se trata de un grupo muy hermético, dicho sea con todo cariño y respeto, como no podía ser menos cuando estoy escribiendo esto en su propia pagina web. Yo lo comprobé en mis propias carnes cuando después de recorrer cuarenta kilómetros para acudir a una convocatoria anunciada en esta propia web me encontré con el vacío más absoluto en cuanto mencioné mi nombre.

Y en esto debo darte la razón y además hacer una autocrítica: las personas que tienen - o tenemos - una determinada creencia ideológica o religiosa tendemos al fanatismo. Muchas veces nos creemos en posesión de la verdad absoluta y, naturalmente, "la verdad es única y excluyente, no se discute, punto final". También es cierto que en épocas de lucha muy dura, cuando defender determinadas ideas o intentar llevarlas a la práctica costaba literalmente la vida, sólo la fe ciega permitía seguir adelante. Hoy es fácil criticar los posibles excesos de las revoluciones políticas, del feminismo etc. Sin embargo hay que recordar en que contexto se movieron y lo mucho que les debemos a aquellos que lucharon contra toda esperanza por conseguir mejoras que casi parecían imposibles en aquellos momentos.

Lo absurdo es que a estas alturas sigamos igual. Y siento que estas posturas existan en el sector que debería ser más abierto y más dinámico. Es cierto que muchas veces - y en todos los terrenos - las personas más conservadoras, convencionales y obtusas somos los que nos llamamos "de izquierdas". Lamentable.

En cuanto al tema que planteas, Sergio, es cierto que negar el peso de la pedagogía tradicional, la insustituible labor del maestro - clases magistrales incluidas - la memoria, el esfuerzo y la disciplina, es sencillamente una estupidez. Desde luego no creo que sea ésta la intención de los que han creado y firman este escrito. Me imagino que esa es la impresión que puede dar, pero quiero pensar que se debe a que, al enfocar otros aspectos, han dejado estos factores un poco de lado. 

Pues nada, Sergio, como ves podemos mantener este dialógo gracias a que aquí no entran ni los propios miembros de la plataforma del manifiesto. No obstante, coincido contigo en que no resulta especialmente enriquecedor al carecer de contrapunto. Y me temo que así podríamos seguir hasta el infinito o hasta que cierren esta sección.

En todo caso, Sergio, es un placer poder intercambiar pareceres. Muchos besos.

Estimada Milagros, no me molesta tu respuesta, pero sí es cierto que parte de ella no la he comprendo bien. Dices que me centro más en lo negativo que en lo positivo de la Red Ires. Pero lo que intento hacer, mejor o peor, es, precisamente, criticar el negativismo y radicalidad de dicha Red. Critico, precisamente, que no sepan decir NADA bueno del método de transmisión oral de conocimientos, cuando es evidente que la mayor parte de nuestra civilización ha sido levantada gracias a dicho método. ¿A qué viene esa radicalidad de achacar culpas a un método que ha sido origen de tantos prodigios científicos, tecnológicos y éticos? En otro mensaje anterior dije que hablar de métodos alternativos no me parece mal. Lo que no me parece admisible es la radicalidad de la Red al imputar culpas inmerecidas al método tradicional. Yo, Milagros, abogo por un poco más de moderación en el análisis de los métodos.

La escuela tradicional está detrás de la mayor parte de los ingenios y prodigios que todos -incluidos los miembros de esta Red- disfrutamos. Los cientos o miles de científicos e ingenieros que mandaron al hombre a la luna -por poner un ejemplo llamativo- se educaron en las aquí denostadas escuelas tradicionales: y es evidente que se aprendieron significativamente la lección. Insistir en la idea de que las lecciones magistrales y el empollar no promueven el aprendizaje significativo más que en una minoría, es atentar contra la verdad.

Otra cosa es que esta Red hubiese dicho: "vale, debemos grandes cosas a la escuela de siempre, pero creemos que se puede mejorar con otros métodos". Creo que hubiese sido un mensaje más aceptable.

La Red también hace gala de su pesimismo -como ya dije- al hablar del capitalismo. Éste, cuando es feroz -y es el caso- es criticable, por supuesto. Y, ciertamente, los mensajes publicitarios incitan al consumo irresponsable. Sí, pero no es cierto que estemos condenados a ser consumistas compulsivos. La creencia de que lo estamos se debe, en mi opinión, a que la Red no cree en la voluntad humana, ni en que se pueda entrenar y educar el autocontrol responsable. Así pues, Milagros, creo que no soy yo quien merece la crítica de que sólo veo lo negativo. Precisamente critico la "negatividad" de la Red, su radicalidad ideológica como forma de presentarse al mundo. Pero admito tu crítica. Ésta y las que vengan.

Respecto a mi crítica a la izquierda, Milagros, creo que dejé claro que me refería a la dominante en la actualidad, por parecerme afectada de mucha demagogia. Por eso dije que concibo otras maneras de entender el discurso de izquierdas, probablemente el que tú acoges. Y conste que tampoco me refería yo, únicamente, a los izquierdistas profesionales. Los de la Red no lo son, pero me parecen que profesan ese izquierdismo demagógico que denuncio.

Por último, amiga, yo no critico que haya gente que quiera cambiar el mundo a mejor, sino que se base, para ello, en ideas falsas o cuestionables. Y critico que una Red tan nutrida no se digne debatir con quienes discrepamos. Pues si el manifiesto "ya" no está sujeto a debate ¿por qué no se cierra el apartado que así lo anuncia? ¿Qué sentido tiene mantener dicho apartado? Yo, amiga Milagros, llevo muchas semanas esperando una contestación sobre la importantísima cuestión de la autoridad; puedes comprobarlo.

Recibe un afectuoso saludo.

Me quito un punto a mí misma. Menos mal que los alumnos no leen estas cosas...

Estimado amigo:

No entro a valorar tus opiniones sobre todo lo que te parezca. Sin embargo, me vas a permitir que te diga algo. Como persona que se va acercando a una edad respetable y supuestamente madura - a nivel sicológico es distinto - me tomo la libertad de decirte algo: creo que enfocas más lo negativo que lo positivo. Todo es criticable, pero también de todo se puede aprender y en todo hay cosas buenas.

En cuanto al miedo, tema del que yo - créeme - se demasiado, no es bueno siempre. Lo es en la medida en que nos recuerda esperiencias desagradables y peligrosas y nos avisa para que no las repitamos o las enfoquemos de otra forma. Pero es terrible cuando nos bloquea. Es mi humilde opinión, que puedes no compartir. Pero creo que hay que dar al menos una oportunidad a toda experiencia, grupo, persona etc que se presente ante nosotros con apariencia medianamente aceptable. Incluso asumiendo el riesgo de que nos vielva a decepcionar. En una ocasión acudí a un ciclo de conferencias sobre la enseñanza. Un "peñazo" como suelen ser todos. Sin embargo una profesora inglesa rompió el molde con ideas sugerentes, no sólo para la escuela sino para la vida misma. Su lema era "la única forma de aprender es cometer errores". No digo que sea la única forma de vivir, pero si por el temor de equivocarnos dejamos de intentar algo, nunca  sabremos si merecía la pena.

Y, por favor, cuando digo "izquierda" no me refiero a políticos profesionales, sino a las personas - algunas - que conocí en los tiempos de la clandestinidad y de comienzos de la transición. Aunque no lo creas, si he conocido algunos cristianos de verdad, como los primitivos de las catacumbas estaban allí. Y con esas personas viví lo más parecido a tocar la utopía con los dedos. Luego, es cierto, todo se esfumó. Pero aún así, me alegro de haber vivido esa experiencia y me parece de lo mejor que me ha pasado. Ojalá pueda repetirse y vuelva a haber grupos importantes de gente más preocupados por cambiar el mundo que por cambiar de coche.

Espero no haberte molestado con mi respuesta. Recibe muchos besos.

Estimada Milagros, conozco bien qué significaba el concepto de autoridad en boca y manos de maestros de pasadas épocas. Un significado que lo sufrí en las propias, cuando el ayo de cuarto de EGB daba rienda suelta a su salvaje condición a base de injustos y crueles palmetazos. Y casi todos los días. Nada tiene de extraño que quienes nos criamos al son miliciano de palmetazos, pescozones y tortazos, hayamos desarrollado un lógico recelo contra la “autoridad”, o contra las “autoridades”. Ni puede sorprender que en las víctimas calara el espíritu del mayo del sesenta y ocho y sus consignas anarquistas y contraculturales.

Pero mire, a mí me pasa que tengo muy mala suerte con esto de la educación. Sí, porque, cuando yo fui alumno, los maestros me lo hicieron pasar mal; y, ahora, cuando yo ejerzo de maestro con alguna frecuencia (soy psicólogo), son los alumnos quienes, si me descuido, me las harán tragar crudas. Pero ya procuro yo no descuidarme.

Es entonces cuando uno se pregunta si entre las horrísonas músicas castrenses del pasado y las celestiales de hoy no habrá un buen término medio. Un punto que nos libre del miedo a todos: a los menores y a los mayores, a los maestros y a los discípulos, a los padres y a los hijos. De verdad, Milagros, me lo pregunto.

Yo, Milagros, no soy de izquierdas. Tampoco de derechas. Quizá por eso mis amigos de izquierdas me toman por de derechas y los de derechas por de izquierdas. Y tampoco de centro (?). Aspiro a conservar la independencia mental, y la experiencia me dice que todo grupo ideológico acaba extremando su discurso como forma de definirse frente a los demás, como forma de hacerse notar entre los otros competidores ideológicos. El discurso de la izquierda actual, el dominante (y entiendo que hay otras formas de concebirlo, Milagros) me parece demagógico, devoto de una política ultra correcta que deja en mantillas al mismo Rousseau. Un discurso moralizante que practica el “o estás conmigo o estás contra mí”. Para ellos, según he comprobado en éste y otros foros, hablar de autoridad es hablar de autoritarismo, mentar la palabra disciplina es sinónimo de añorar aquellos tiempos de pescozones y galletas gratuitos, hablar de voluntad equivale a pedir una vuelta a la mortificación de los sentidos…

Pero todo este aparato ideológico tan aparatoso se desmonta fácilmente, señora Milagros. Porque aquí no hay más cera que la que arde. ¿Arde la cera que nos venden los manifestantes? ¿Sí? Pues aplíquesele la cerilla a ver si es verdad: ¿Es posible educar a un menor sin darle órdenes cuando se estime necesario? Soy todo oídos.

Si un niño tiene la televisión a todo volumen, ¿puedo ordenarle que la baje? Si le doy la orden de que la baje, estaré vulnerando el sagrado principio pedagógico de los manifestantes: no me habré ganado la autoridad ante el menor. Si decido no recurrir a la orden, ¿qué he de decir o hacer para que el crío comprenda que debe bajar el volumen de la tele? Si alguien me muestra la manera de conseguirlo, prometo firmar el manifiesto.

Los grupos ideológicos quizá sean necesarios, no lo niego. Pero lo malo de ellos es que sus miembros tienden a radicalizar sus ideas cuanto más hablan entre ellos: nadie quiere desentonar de la corriente principal. Si uno dice “H”, el que le escucha dirá: “H” no, sino “HH”. Es como esos religiosos que se laceran las espaldas en grupo. Como ninguno quiere pasar por blando de fe, tiende a propinarse más latigazos que el vecino, llegando al paroxismo más demencial. Con las ideas de los grupos pasa igual, Milagros. Para ser bien aceptado por los compañeros, el políticamente correcto expresará una opinión políticamente más radical que las ya expresadas por otros. Así nadie tendrá duda de su adhesión incondicional a la causa, y será reconocido, aceptado o admirado por todos. Por ello, Milagros, los grupos y las redes me dan miedo: cuanto más avanzan en el tiempo y más adeptos tienen, más radicalizan su mensaje (aunque no digo que siempre sea así, claro). Ello explica -como dice la juez decano Sanahuja- que ya esté penado por la ley el hecho de que un padre agarre con fuerza a su hijo por el brazo con intención de reprenderle o de hacerse obedecer. Un disparate más de la ultra corrección política en que nos hallamos metidos hasta la tonsura.

Cordiales saludos.

Desde la tranquilidad de la biblioteca de mi bellísimo pueblo de adopción, me dispongo a reanudar, más en serio, el diálogo.

El tema es crucial, Sergio. Para mí es un misterio el hecho de que haya profes que en cuanto entran en el aula hacen que los alumnos se les cuadren, mientras que mis clases son un cuadro en el mal sentido. Supongo que, como dice un compañero, en los humanos hay razas, como en los perros; unos somos caniches y otros son bulldogs. Y los niños lo captan. Por supuesto que también hay estrategias basadas en premios y castigos que siendo adecuadas e inmediatas, dan buen resultado. Para ello se requiere el esfuerzo de la profe y de todo el equipo. Si se refieren a esta coherencia cuando hablan de ganarse la autoridad, estoy de acuerdo.

Sin embargo, me temo que hablan de otra cosa. Y es grave. Porque si un cierto grado de autoridad moral no se da por sentado de antemano, es imposible enseñar.

De todas formas, hay que pensar que el rechazo de esta palabra por parte de la izquierda - en la que me sitúo - se debe a que durante mucho tiempo fue equivalente a represión. Yo tengo cincuenta y cinco años  y lo se perfectamente. Es decir, tenemos que ser comprensivos unos con otros y hacer que las palabras nos unan en vez de separarnos.

Pero, como tú bien dices, los miembros de este grupo no se  relacionan con los que no pertenecemos al círculo hermético. con decirte que ayer fui al acto de Madrid y no se dignaron invitarme a la reunión ni a la cena que se anunciaba en esta misma web... todavía me dura el cabreo mayúsculo que me entró. En fin, peor para ellos que se perdieron mi deliciosa compañía (jejeje).

De todas formas si entra más gente con ganas de intercambiar opiniones y los que controlan la página no nos expulsan, se puede formar un foro majo.

Hasta otra, Sergio, te envío mis más ilusionados y entusiastas besos.

No te imaginas la ilusión que me ha hecho recibir tu respuesta y la cantidad de besos que te envío.

En cuanto a lo de seguir hablando, será hasta que algún miembro del grupo lea esto, por casualidad. Mientras tanto cuenta con ello.

Recibe besos, abrazos, cariños...

Estimada Milagros, gracias por su respuesta. Ciertamente, no es la que esperaba (y todavía espero), pero celebro que usted se preste al diálogo. En realidad, coincido con gran parte de sus observaciones, y me parece usted muy sensata; probablemente de ahí su confusión. Es la ley del péndulo, Milagros, la que nos gobierna. Por eso damos bandazos, aunque yo intento evitarlos.

Pero permítame decirle una cosa: nadie debería vendernos sacos de humo. Porque eso es tanto como dar falsas esperanzas. Y las falsas esperanzas arriban, antes o después, en decepción real. El entusiasmo y la ilusión están bien, cómo no, pero siempre que se enmarquen en un adecuado conocimiento de la naturaleza humana, que, desde luego, no es roussoniana, como usted bien dice. Entusiasmo sí, pero dentro de una visión realista.

Ignoro si usted ha leído las largas discusiones que mantuve con algún miembro de la Red Ires. En concreto con el señor Frenando. En resumen: yo entiendo -junto con la ley vigente (véanse artículos 154 y 155 del Código Civil)- que los padres (y docentes, por extensión) tienen la responsabilidad de EJERCER la autoridad respecto de sus hijos mientras éstos sean menores de edad y estén bajo la tutela de aquéllos. Pues bien, la venta de humo (humo políticamente muy correcto, eso sí) viene ahora: el señor Frenando me corrigió: no se trataba de EJERCER la autoridad, sino de GANÁRSELA. Y lo recalcó en un par de ocasiones, teniéndolo muy a gala. La Red Ires es tan reluctante a la autoridad que tiene por principio GANÁRSELA ante los alumnos. Sólo el profesor (y supongo que el padre) que se haya ganado el ascendiente ante el alumno, podrá educarlo bien.

Todo esto suena muy bien, Milagros. ¿Dónde está el humo? El humo está en que es imposible educar bien a un menor sin tener presente que, cuando se juzgue pertinente, es necesario IMPONERLE nuestro criterio de adultos. Que es imposible educar sin MANDAR, PROHIBIR, SANCIONAR, IMPONERSE… cuando así, por discreción, se estime necesario. Ello no deberá impedir que nuestro objetivo como educadores sea que los educandos hagan lo que deban por respeto o comprensión. Ni la imposición de conductas significa que el educador no deba premiar y animar al educando, faltaría más. Seguiremos dando bandazos mientras no entendamos que MANDAR Y ANIMAR, según nuestra discreción de adultos, forman parte de una educación realista.

Las utopías pueden ser estimulantes, pero acaban decepcionando cuando se basan en principios deseables pero totalmente falsos.

Milagros, lo que yo estoy pidiendo debería ser pan comido para una Red de docentes entusiastas que presume de tener eficacísimos métodos de enseñanza. ¿Qué significa eso de ganarse la autoridad? Parece sencillo de entender: que los menores nos hagan caso por respeto, no por temor a la sanción. De acuerdo, pero yo pregunto: ¿está justificado que el adulto IMPONGA sus criterios al menor en determinadas ocasiones (en realidad, muchas ocasiones, me temo)? Pido una demostración de que es posible educar sin necesidad de mandar, prohibir o imponer. Eso es todo.

Algunas teorías suenan muy bien… hasta que se ponen a prueba. Vayamos a los problemas reales y concretos con que cada día nos topamos los adultos al tratar con menores.

1. Un chaval escucha música en su habitación a gran volumen. Hay quejas de los vecinos. Mi pregunta a la Red o a cualquier simpatizante de ella es sencilla: ¿Qué tenemos que hacer para que el chico baje la música?

2. Un profesor se encuentra, el primer día de clase, con que dos chicos se están pegando e insultando. ¿Qué debe o puede hacer el profesor guiándose por el lema de GANARSE LA AUTORIDAD ante el menor?

3. Un joven de 16 años tiene por costumbre regresar a casa los sábados a las 8 de la mañana. Los padres creen que es demasiado tarde. ¿Qué deben hacer para esto no vuelva a ocurrir? ¿Qué tienen que hacer o decir al chico para que se recoja bastante más temprano por voluntad propia?

4. Un joven se empeña en ir en moto sin casco. ¿Qué hay que hacer o decir para que el chico, voluntariamente y de grado, se lo ponga?

Yo entiendo, Milagros, que éstos son problemas concretos que nuestros utópicos manifestantes deberían solucionar para que algunos -ya de vuelta de muchas cosas- nos ilusionáramos con fundamento.

A mí el mensaje del manifiesto no sólo no me ilusiona, Milagros, sino que me parece de un pesimismo desolador en aspectos muy importantes de la conducta de nuestros menores. Le diré por qué. Reflexione, por favor, sobre este párrafo del manifiesto:

“La incitación permanente al consumo (piénsese, como ejemplo dramático, en los anuncios sobre los juguetes navideños), la diseminación continua de la cultura del éxito, del triunfo y de la superficialidad, la conversión de los niños, niñas y adolescentes en objetivos permanentes del mercado y la forma de vida acelerada y estresante propia de los adultos con los que viven son, entre otras, realidades que influyen poderosamente en su desarrollo.”

A mí este párrafo me parece una claudicación. Quiero decir que es como si los manifestantes creyesen que el consumismo de los críos fuera culpa del sistema capitalista. Es como si se nos dijesen: “Mientras exista esa permanente incitación al consumo, nuestros niños estarán condenados a caer en sus garras”. ¿Y dónde quedan los padres? ¿También ellos están hipnotizados por el sistema? ¿Se ven los padres obligados a comprar a los chicos toneladas de juguetes, comida basura y caprichos? ¿Debemos resignarnos a que, mientras exista capitalismo, nuestros hijos saldrán superficiales, obesos y consumistas?

¡No, hombre, no! Ni mucho menos: por fortuna. ¡Pero qué pesimismo es ése! A mí, un mensaje realmente esperanzador sería el que me dijera: “Señores padres, de ustedes depende, en gran medida, que sus hijos se conviertan en seres consumistas y superficiales o en personas autocontroladas y reflexivas.” El problema no es que haya tentaciones mercantiles, sino que no aprendamos a resistirnos a ellas cuando debamos resistirnos. Y esto incluye, por supuesto, enseñar a los hijos a controlar sus deseos inadecuados; que es justo lo que nos dice Marina una y otra vez. Marina, el autor de los libros de texto para Educación para la ciudadanía. Análogamente, el problema del alcohólico no es que haya alcohol en los bares y en las casas, sino que no ha aprendido a controlar sus impulsos etílicos. Si tuviéramos que esperar a eliminar el capitalismo para no incurrir en conductas híper consumistas, igualmente tendríamos que prohibir el alcohol para no caer en el abuso del alcohol.

Milagros, siento no ilusionarle y que por ello me correspondan menos besos suyos, pero es que yo, amiga, no vendo humo como si fuera oro.

Gracias por su atención. Estaré encantado de seguir hablando. Nos va mucho en ello.

Reciban un saludo.

Yo no soy "manifestante", ni siquiera he firmado el "manifiesto". He conocido la propuesta y la web a través de compañeros del instituto donde trabajo como interina.

Creo que entiendo tu postura. En este texto hay un cierto componente pedagógico e incluso político. Por una parte yo puedo estar de acuerdo con la ideología que lo apoya. Pero el acuerdo es teórico. La realidad me ha demostrado que la utopía russoniana de que todos somos buenos por naturaleza no se cumple. Socializar es duro. Y no me refiero sólo a imponer reglas de "disciplina" en el mal sentido de la palabra. Socializar es conseguir que los niños se den cuenta de que no están solos en el mundo, que deben respetar tanto a compañeros como a profes, que nada se consigue sin esfuerzo etc.

Por si faltaba algo, esa tarea la realizaban antes los padres, pero ahora no pueden, por distintas razones. Y justamente es nuestro problema. Cuando parece que sería más necesaria que nunca, la autoridad del profesor se ha perdido. Es decir, ni la sociedad ni los niños la dan por sentada. En medio de todo esto, surge la figura del "pedagogo", que en gran medida parece equivalente al "psicólogo"; muy lúcido a la hora de analizar los problemas, no tanto a la de dar soluciones. Incluso, se diría que su labor podría llegar a ser contraproducente desde el momento que para ellos todas las conductas - de los chicos - están justificadas y que merecen más atención los alumnos "disruptivos" y "poco motivados", como dicen en su jerga, que los que cumplen y no molestan. (Salvo de esta generalización a algunos - pocos - orientadores que he conocido, que de verdad orientan y que no quisiera que dejaran de dirigirme la palabra a consecuencia de estos comentarios). Esta actitud tan comprensiva con el alumnado no tiene paralelo en lo que respecta a los trabajadores de la enseñanza. Pobre del que se queje. Un ejército de directivos, pedagogos, e incluso "compañeros" se encarga de machacarlo. Se diría que reconocer que hay dificultades en una clase es confesar una incapacidad. Y estamos como en el cuento de Cervantes. A ver quién es el guapo que se atreve a decir que el rey va desnudo... Mucho menos en un colectivo que si trabaja en la privada o es un pu... interino tiene miedo y si es funcionario se considera un privilegiado, sin motivo para quejarse. No sólo por tener sueldo fijo sino por que le han hecho creer que es un ser superior porque ha sido capaz de "aprobar unas dificilísimas oposiciones aptas solamente para superdotados".

Total, que así nos va.

Como verás no estoy para nada en la línea de la "secta pedagógica", ni de la complacencia funcionarial, ni nada parecido. Y sin embargo, como te pasará a tí, estoy desesperada, pero sin haber perdido del todo la esperanza. Y tengo la sensación de que en estos grupos hay gente de buena fe que puede aportar algo, al menos el deseo de cambiar lo que no funciona, que es mucho. Y algunas de las cosas que se dicen son impracticables, lo se, pero yo también las decía hace tropecientos años, cuando me situaba en la utopía generalizada. Y aunque sólo sea por no sentirme tan vieja como realmente soy, me gustaría retomar alguna de ellas, al menos las referidas a mi trabajo. Es aquello de que la utopía es como el horizonte, aún sabiendo que no  vamos a alcanzarlo hay que perseguirlo, porque es la única forma de avanzar.

Por último, no creo que debamos esperar soluciones mágicas de nadie y menos aún de burócratas, directivos, pedagogos etc. ¿O es que no estamos también en el tajo de la enseñanza? De hecho somos los que de verdad estamos. Yo, instalada en la confusión, dando bandazos, intentando incluso aplicar principios de la pedagogía, pero sacando la conclusión de que cada día lo hago peor...

No creo que ésta sea la respuesta que espebas, Sergio, pero al menos es una respuesta. Aunque sólo sea por dar pie a que intercambiemos opiniones libremente es positivo que surgan estos grupos, ¿no te parece?

Besos para todos, especialmente para los que son capaces de transmitir y contagiar la ilusión y el entusiasmo.

Señores manifestantes, no quisiera creer que ustedes hayan convertido este espacio, titulado "El manifiesto a debate", en la fiesta del autoaplauso y la autocelebración vía "Hoja de firmas".

Yo me tomé la molestia de registrarme en este foro para poder discutir con ustedes este manifiesto. Intuyo que ustedes quizá hayan llegado a la conclusión de que soy demasiado obtuso como para que merezca la pena contestarme y seguir la discusión.

Leo algunos de sus artículos sobre el conflicto entre israelíes y palestinos. ¿No creen ustedes que esa terrible contienda debería solucionarse por medio del diálogo y la vía diplomática? Creo conocer la respuesta: Sí. Pues bien, entre ustedes y yo no hay muertos de por medio, no hay sangre derramada, no hay nada, creo yo, que la discusión no pudiera reparar o solucionar. Pues si ustedes retiran la palabra tan fácilmente a quienes discrepamos seriamente de sus ideas, ¿no es una forma de reconocer que hay veces en que la palabra está de más y que los conflictos y las controversias no tienen solución por vía del diálogo?

 Si acaso yo soy tan obtuso que no comprendería sus respuestas, bien, no las den por mí. Probablemente yo siga sin entenderlas. Pero les aseguro que hay muchos padres y docentes que cuando yo les digo que se ganen la autoridad ante los menores, me preguntan que cómo hay que hacerlo. Y yo creo que es una pregunta muy pertinente y sensata. El médico, el buen médico, no sólo le recomienda al paciente que "se cuide". También le dice, en concreto, cómo ha de cuidarse: evitando comer alimentos grasientos, no fumando, no abusando del alcohol, haciendo deporte... Esto es ya empezar a concretar un poquito más. Si el médico se limitase a la fórmula "Cuídese", ¿lo estaría haciendo bien? Evidentemente no.

 Pues lo que yo solicito de ustedes es lo mismo que le solicitaría al médico que me recomendase que me cuidara. Les pido, por favor, que me den -nos den- una respuesta concreta sobre la máxima "Gánate la autoridad ante el menor", que nos den ejemplos concretos. Y desearía -desearíamos muchos- que nos explicaran cómo un adulto puede llegar a educar a un menor sin necesidad de mandarle, prohibirle e imponerle nada; es decir, sin necesidad de ejercer la autoridad. Si ustedes saben cómo hay que hacerlo, creo que harían gran cosa comunicándolo a los demás.

Y si ustedes, en definitiva, reniegan de la palabra por creerla inútil en algunos casos, ¿cómo reclamar el diálogo para la resolución de conflictos y guerras en las que, claro está, hay sangre y mucho odio de por medio? ¿No creen que hay que predicar con el ejemplo?

¿Discutimos o no el manifiesto?

 Saludos.

Adecuado, relevante y pertinente sólo que hace un diagnóstico de la Escuela que no se corresponde con el imaginario colectivo, por desgracia.

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Estoy de acuerdo con lo manifestado en el manifiesto y además deseo añadir que lo que necesita la enseñanza es más dinero y una mayor laicidad.

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Por la escuela infantil pública y con calidad. Es posible, es imprescindible.

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Lo que hay es una responsabilidad compartida. Cada uno puede actuar desde su lugar.

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La situación de la escuela es muy mejorable, pero no podemos tirarla por tierra.

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Me alegro de que queramos cambiar el presente y el futuro.

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La insostenibilidad de la cultura educativa podría aparecer en el siguiente manifiesto.

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Coincido plenamente con el contenido del manifiesto pedagógico.

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Soy Profesor de Secundaria y también pienso que el espectáculo que se está creando acerca de la situación de la enseñanza sólo frustra a quienes la tratan y la disfrutan.

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Muchos en el anonimato desmentimos día a día con nuestro trabajo (y las ganas de saber y colaborar de los adolescentes) la propaganda mediática contra la escuela pública y democrática.

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He leído la campaña NO ES VERDAD DE RED ires Y LA FIRMO.

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El corporativismo docente, por encima de la autocrítica, y de lo razonable, proyecta una imagen social de nosotros muy negativa, y nos equipara, socialmente, a otros colectivos de muy dudosa reputación.

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Totalmente de acuerdo, como maestro de Infantil, me indigna que todo se vaya al garete cuando los niños pasan de Infantil a Primaria. La única pega que pondría al manifiesto es que, si bien el profesorado de Secundaria está demasiado formado en contenidos y nada de pedagogía, al de Primaria sí que se le forma en pedagogía, pero de una manera muy poco real y efectiva.

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Estoy totalmente de acuerdo con el manifiesto, ya es hora de hacer algo entre todos y todas porque, todos/as tenemos parte de responsabilidad en este asunto. Creo que en esta encuesta falta el que puedan firmar el personal laboral que trabajamos en las escuelas, hacemos una labor importante que en muchas ocasiones no se valora lo suficiente.

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Lo subscribo, basta de llamar violentos, drogadictos, vagos, etc. a los niños.
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Ánimo con la campaña. Depositaré la suma que sea necesaria.
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Sí a la Educación Inclusiva!
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Me encantaría que se manifestara la total necesidad para avanzar como sociedad, de que se contara con educación inclusiva.
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Es un manifiesto muy acertado, tanto por el problema que plantea como por el análisis de las causas que hace.
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Estoy totalmente de acuerdo con el manifiesto pedagógico.
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DESDE LA FEDERACIóN REGIONAL DE APAS JUAN GONZALES APOYAMOS Y FIRMAMOS EL MANIFIESTO PEDAGóGICO.

Ésta es la consistencia de su manifiesto: la de un ídolo con pies de barro. La radicalidad de sus propuestas, basadas en pedagogías de salón y cuento de hadas, se topa con callejones sin salida. Defender la diversificación de los métodos pedagógicos no está mal, o no me lo parece. Lo malo es llevar la cosa al extremo, a un punto sin retorno. Unas tesis moderadas, no radicales, admitirían lo que es obvio: que estamos rodeados de ingenios científicos y progresos éticos surgidos de mentes educadas en el demonizado modelo tradicional de transmisión oral de conocimientos. Si tal método impidiera el aprendizaje significativo, ¿cómo explicar semejante plétora de prodigios de todo tipo? Prodigios que ustedes mismos disfrutan, pero dando muestras de incomprensible ingratitud hacia quienes los concibieron a base de talento e hincar codos.

El callejón sin salida es el resultado de no comprender cuál es la relación que, mediando el sentido común, debe existir entre la autoridad (el adulto) y el educando (el menor). Todavía espero una respueta de ustedes. La Red Ires tiene como principio pedagógico básico eso de "ganarse la autoridad" ante los menores. No hay que ejercer la autoridad, sino ganarla. Claro. En mi localidad acaba de morir un niño de 15 años en un accidente de moto: no llevaba casco. Por favor, díganme: ¿Qué hay que hacer o decir a un chico que quiere ir en moto sin casco para que se lo ponga? ¿Qué harían ustedes para ganarse el ascendiente ante él? Pero, si acaso me responden, por favor, respeten la reglas de juego que ustedes mismos han establecido: Recuerden su máxima: no deben imponerse al chaval, o marcarle límites o prohibiciones. No, eso sería EJERCER la AUTORIDAD; y lo que ustedes defienden es GANARSE LA AUTORIDAD. 

No nos digan, así, en abstracto, eso de "gánate la autoridad". No, señores, mójense un poco más. Vayan a ejemplos concretos, para que los padres de esos jóvenes moteros sepan qué hacer y decir EN CONCRETO para evitar estas desgracias.

Y sepan que la respuesta que ustedes me den será diligentemente transmitida a cuantos padres y maestros conozca que estén preocupados por estas conductas juveniles tan peligrosas. Estaremos encantados de evitar tan dolorosas muertes o lesiones en adolescentes atolondrados.

Ustedes, que tanta pedagogía saben, hagan algo para que la expresión "ganate la autoridad" deje de sonar a insondable e inútil abstracción y a fórmula mágica.

Esperamos expectantes y esperanzados su respuesta.

Gracias.

Hola a todas y todos:

Nada más decir que he intentado varias veces entrar y enviar mensajes, sin resultado. Tal vez porque lo hacía desde un pueblecito de la Comunidad de Madrid, con un modem de prepago. Ahora lo envío desde la capital, con ADSL, y espero tener más suerte.

He tenido conocimiento de este grupo de personas intersadas en temas de enseñanza a través de compañeros del instituto donde trabajo como interina. Aunque llevo algunos años en las trincheras, en primera línea, y al borde de no poder más y de arrojar la toalla, me agrada ver que hay gente joven llena de ilusión y que todavía cree  que las utopías son posibles. Tendréis que disculparme, pero veo que vuestras propuestas son muy utópicas - en el mejor sentido - pero eso no significa que no se pueda intentar llevarlas a la práctica. A pesar de todo sigo teniendo fe. No envío ningún comentario,porque no tengo nada que aportar. Si acaso algo de escepticismo, que desentonaría en vuestro ambiente tan optimista. Sin embargo voy a seguir entrando en la página web en la confianza de aprender algo, aunque sólo sea a sobrevivir en esta batalla diaria.

Os envío saludos muy cordiales. No cambiéis. Mucha suerte y que 2009 os traiga lo mejor.

No puedo estar más de acuerdo.

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Estoy esencialmente de acuerdo con este manifiesto.

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Gracias por la iniciativa, implantar un postgrado de calidad y exigente es una de las pocas cosas que las Administraciones Públicas responsables pueden y deben hacer, pensaba que la Universidad estaba entre ellas, pero parece que no saben nada de la vida educativa real.

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Tengo la convicción de que mis hijos no han tenido la educación, y ayuda en ella, más adecuada debido a que no he encontrado una escuela/colegio que me ofrezca una enseñanza basada en el conocimiento actual de la pedagogía. Y ello a pesar de las palabras y "hechos" rimbombantes utilizados en las comunicaciones con la sociedad, que sólo eran puro márquetin.

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Estoy prácticamente en total acuerdo con el manifiesto.

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La gente de este país reacciona ante la crisis educativa (sí crisis, larga, pero crisis) exigiendo más de lo mismo sin buscar conocer. Miremos a los países que ya lo hicieron. Consiguen resultados más deseables con menos esfuerzos. ¿Por qué los ciudadanos no buscan saber por qué? ¿Por qué no hay documentales y reportajes que analicen y cuestionen nuestra forma de aprender? ¿No hay curiosidad?

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Es hora de que se abra un debate sobre la educación que queremos y necesitamos y se ponga en valor la asignación de importantes fondos públicos para este fin. Sin educación no hay futuro.

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Me alegra que por fin haya alguien que exige que se solucionen estos temas importantes para el desarrollo humano en el presente, y por tanto en el futuro. ¡Enhorabuena, sigamos...!

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Totalmente de acuerdo con todos los puntos . A ver si esta vez no queda todo en un artículo en el periódico y al día siguiente ya nadie se acuerda. Se está negociando y jugando ( y lo digo con toda la intención de las palabras) nada menos que con los niños.

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Hasta que no lo ves en tiempo real a través de los hijos en edad escolar, uno no se puede creer el desvarío de la enseñanza primaria y secundaria de hoy. La impotencia de los padres que vemos claramente los gravísimos errores. Es desolador ver hasta dónde estamos todos dejando que avance la locura y los intereses de las editoriales y pedagogos. De los profesionales de la enseñanza se debe esperar a que esta vez hablen y actúen como colectivo.

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Totalmente de acuerdo.

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Gràcies per la iniciativa.

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¡Por fin!

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¡Animo! Creo necesario que para actuar bien primero hay que pensar bien. La sociedad española necesita situarse en la realidad, distorsionada por la política, para poder mejorar el sistema educativo. Ojalá el manifiesto sirva para avanzar en esta línea.

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LLevo 23 años en la enseñanza esperando "el cambio"...estoy segura de que lo veré y lo viviré.

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¿Para cuándo un proyecto educativo a largo plazo que no piense en réditos electorales a corto plazo?

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Creo que es el momento de, además de la crítica a este sistema educativo, de favorecer el conocimiento de sistemas e ideas , que en la actualidad son beneficiosas para que el sistema educativo esté a favor del desarrollo de las personas, y no a tratar de que "engullan" numerosos datos insustanciales para vomitar en un examen, que es lo que está ocurriendo en la mayoría de los centros educativos. Yo he experimentado otro tipo de enseñanza como docente, y me ha servido mucho la formación en psicomotricidad de Bernard Aucouturier, que he llevado a la práctica con niños de 3 y 6 años. También es interesante la aportación que está haciendo Claudio Naranjo en la formación de los educadores, con su programa SAT y el SAT de educación . Me parece muy interesante vuestro comunicado. Tampoco debemos dejar de lado la responsabilidad que tenemos los decentes en practicar una enseñanza , en la que los libros de texto, además de ser un buen negocio para las editoriales y libreros, son el dueño y señor de la enseñanza, porque nos parece lo más cómodo, o porque no se nos ocurren otras formas. Saludos y que todo esto sea para el bien da los que reciben la educación y la sociedad en general.

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Estoy totalmente de acuerdo con el manifiesto y os felicito por vuestra oportuna iniciativa que me dispongo a apoyar.

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Estoy totalmente de acuerdo.

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En primer lugar: Moltes Gràcies! Ya empezaba a ser hora que se oyeran con voz clara y serena, razonada y razonable, las consideraciones que se expresan en el manifiesto.

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Es un buen manifiesto y la pena es que haya que manifestarlo desde sólo la ciudadanía ¿dónde están nuestros políticos de izquierdas, votados en las últimas elecciones y que se pierden entre arduos debates, sin proyecto de educación????

Excelente iniciativa.

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Estamos agregando este Manifiesto en el blog Otra Educación, de Fronesis http://otraeduacion.blogspot.com/

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Qué bien: por fin hay alguien que manifiesta lo que llevo pensando tanto tiempo.

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Me parece una forma seria de reclamar la dignidad y los "milagros" cotidianos de la educación ante tanto tertuliano educativamente analfabeto.

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BRAVÍIIIISIMO COLEGAS !!!!!!!!!!!

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Hace tiempo que busco noticias positivas sobre educación en los periódicos, en la televisión, en la radio, y no consigo encontrar ninguna. Estoy encantado con el manifiesto, y encantado de ser profesor de enseñanza secundaria, y por cierto, en contra de EPC en inglés. Alex, País Valencià.

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Oso egokia iruditzen zait eta esan beharrekoa. Me parece muy oportuno tanto el contenido como el hecho de publicar el manifiesto.

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Estoy de acuerdo con todo el manifiesto y me parece muy interesante la iniciativa. Pero habéis olvidado nombrar a las Comunidades de Aprendizaje las cuales tienen muy bien elaborada y desarrollada, tanto a nivel teórico como práctico, la innovación educativa para la sociedad de la información en la que nos encontramos.

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Lo estaba esperando.

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Estoy completamente de acuerdo.

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Estoy totalmente de acuerdo con el planteamiento que proponéis.

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¡Ya era hora!. ¡Adelante!

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Estoy de acuerdo. No son verdades.


Señor Frenando, aquí le dejo contestación a uno de sus párrafos. La contestación a los demás vendrá más adelante, cuando esté acabada.

Puse “Fernando” porque creí que se había equivocado usted; discúlpeme.

Usted dice:


“Vaya, vaya , vaya, que tremenda confusión entre lo formal y lo real. Espero al menos (por su bien) que cuando ponga su vida en otras manos, no se aplique el cuento que me cuenta más arriba. Sinceramente, no subiría en un autobús aunque el conductor tenga reconocido formalmente el derecho a manejarlo, si no tiene mi confianza, lo mismo me pasa con un cirujano, con un abogado, con un adulto...

Le preocupa mucho el “síndrome del emperador”, y apunta que una de sus causas es la pérdida de autoridad de os padres ¿Cómo es posible si los artículos 154 y 155 del Código Civil aprobados en nuestra Constitución garantizan la autoridad de los padres sobre los hijos? Porque una cosa es lo formal y otra la realidad, y esos padres no se han ganado la autoridad que les reconoce la constitución y el sentido comun.

Por supuesto que el profesor/a está investido de una autoridad institucional, ¿Pero eso significa que es real? Parece que no haya pisado muchos los centros escolares. Cuando un profesor o profesora no se gana (no demuestra que merece) la autoridad institucional que tiene atribuida, su trabajo se convierte en una fuente continua de conflictos. Afortunadamente no es frecuente, pero ocurre. Al revés, si yo quiero que mis alumnos/as se esfuercen de verdad, no que tengan un comportamiento trivial y acomodaticio, debo tener un destacado ascendente sobre ellos, y debo haberme ganado mi autoridad.”

Remata usted la faena con:


“Tan no lo es que hablo de ganarse la autoridad ante los alumnos y alumnas. Y lo reitero porque efectivamente en la Red IRES pensamos que el Modelo Didáctico Tradicional tiene aspectos autoritarios, por eso lo dije.”


¿Usted cree que yo me confundo, señor Frenando? Cuando yo le digo que los adultos deben ejercer su autoridad con los menores, usted me “corrige”: “la autoridad hay que ganársela”. ¿Y qué significará que una persona tenga “licencia” para ser médico, o arquitecto o…? Significa que se ha ganado la autoridad para ejercer de médico, o arquitecto o lo que sea. Por eso cualquier persona en sus cabales acude al médico cuando le duele algo, aunque este médico sea totalmente desconocido. Pero ¿cómo haremos para recabar más información sobre la fiabilidad del facultativo en cuestión? Usted pone los bueyes delante de la carreta, Frenando. Su lema: “gánate la autoridad”, es un sinsentido. ¿En qué se basa usted para confiar o desconfiar de un médico que no conoce? Usted sabrá, porque lo realmente esclarecedor es comprobar si sus tratamientos son o no acertados. Y prescribir tratamientos es, exactamente, “ejercer” de médico. Para juzgarlo como profesional, el paciente tendrá que juzgar su manera de ejercer como tal, digo yo. Pero si usted conoce alguna manera de valorar a un profesional sin valorar su ejercicio profesional, soy todo oídos.

¿LAS LEYES GARANTIZAN LO QUE ORDENAN?

Me pregunto de dónde sacará usted la peregrina idea de que las leyes “garantizan” lo que en ellas se establece o exige. Las leyes no garantizan la buena conducta ciudadana, sino que, “simplemente,” tratan de procurarla. Las hay sobre el crimen y el robo desde tiempos inmemoriales, precisamente por ser bellaquerías inextinguibles. Los artículos 154 y 155 del Código Civil no garantizan la autoridad paterna que ordenan, y, por desgracia, están lejos de poder hacerlo. Lo de que las leyes garantizan lo dice usted, no yo.

“GANARSE LA AUTORIDAD”: ARGUMENTO INFALSABLE.

Dice usted que el adulto -padre o profesor- debe “ganarse” la autoridad ante el menor. En tal caso, se trataría de que la autoridad de turno (profesor, médico, chófer o lo que sea) se ganase el respeto del otro, la autoridad “real”. Suena muy sensato: los ciudadanos harán caso a la autoridad voluntariamente, guiados por un sentimiento de respeto y admiración por ella. No habrá actos de imposición ni obediencia. Pero esto, que suena tan bien, tan sensato, es, en realidad, descabellado cuando no se comprende en sus justos términos. Que las personas se comporten racional y civilizadamente por respeto a la autoridad de turno, no es otra cosa que un “desiderátum”. Es decir:

“Aspiración, deseo que aún no se ha cumplido.” Y el problema es que no tenemos razones para pensar que pueda llegar a cumplirse algún día.

Esa máxima por la que usted y su Red se guían (“gánate” la autoridad) encierra una trampa fatal. Veamos: si un ciudadano no cumple con lo que dice la ley (dando por hecho que se trate de una justa), debemos preguntarnos por qué lo hace. La respuesta que usted propone es: “la autoridad responsable de esa ley no ha sabido convencer al infractor para que la observe”. ¿Por qué algunos conductores infringen continuamente las normas de tráfico? ¿Por qué hay ricos que defraudan a hacienda? ¿Por qué hay pederastas?… ¿Es todo cuestión de educación fallida o defectuosa? Si así fuera -y aquí está la trampa-, la culpa siempre sería del la autoridad, del educador. El infractor o delincuente podría alegar ante el juez que sus educadores no supieron o no quisieron ganarse su respeto y, claro, el togado lo tendría que absolver. Éste diría: “Vaya, otra víctima más de un mal educador”. Nadie sería responsable o culpable de sus actos. ¿Qué podría hacer la justicia? Si ésta observara la máxima pedagógica “No ejerzas tu autoridad: gánatela”, nada podría hacer. Ni siquiera estaría facultada para obligar al delincuente a recibir cursos o tratamientos de reeducación, ni mucho menos para encerrarlo en la cárcel durante una buena temporada. Si se le obligara, la justicia ya no estaría “ganándose” la confianza del delincuente, sino “ya” ejerciendo la autoridad; algo con lo que usted no está de acuerdo.

Es idéntica a la trampa de tipo lógico (pero falaz) de esas beatas que apelan a la fe para ver las “apariciones” a la Virgen. Si el otro la “ve”, está claro: La “ve” porque la Virgen se aparece. Si el otro no la ve, también está claro: No la ve porque no mira con la suficiente fe, pero estar la Virgen, está. Si el crío (o el ciudadano) se comporta bien es porque el adulto se ha ganado su confianza y respeto. Si el crío no se porta bien es porque el adulto no se ha ganado su confianza y respeto. Análogamente, el prestigio de “ganarse” la autoridad siempre estará a resguardo (sin posibilidad de falsación): si el ciudadano cumple es porque la autoridad pertinente se ha ganado su confianza y respeto; si no cumple, entonces es que la autoridad no ha hecho bien su trabajo.

NEGANDO LA RESPONSABILIDAD PERSONAL.

Hombre no, señor Frenando, no niegue usted el libre albedrío y la racionalidad a quienes conculcan leyes justas. El rico que defrauda a hacienda sabe lo que hace, distingue el bien del mal. Los pederastas son conscientes de sus felonías. El asesino o el torturador obran con conocimiento de lo que hacen. Cuando el tribunal o el juez entienda que el procesado actuó enajenado, lo deberá tener en cuenta, pero eso es todo. Nadie puede alegar en su defensa que violó, mató o torturó a gente inocente porque las autoridades no se ganaron su respeto.

Si mañana me detuviera la Guardia Civil por conducir ebrio, ¿qué deberían hacer los agentes: ejercer su autoridad o intentar ganársela respecto de mi persona? Yo podría alegar: “Ah, lo siento, las autoridades pertinentes (la DGT) no se ha ganado mi respeto”. Y me tendrían que dejar marchar: ¡Que demuestren ellos que sí se han ganado mi respeto!

Ingenuidades y pamemas no, señor Frenando: si yo soy un sujeto libre y sano, seré responsable de mis actos, y deberé responder de ellos. Y cualquier persona mayor de edad y cuerda es responsable de sus actos. No valdrá de nada que se le echase la culpa a un defecto en su educación. Eso sería un desvergonzado subterfugio.


MÁS EJEMPLOS DE LOS EFECTOS ABSURDOS DERIVADOS DE LA MÁXIMA “GÁNATE LA AUTORIDAD REAL”.

Un caserío está en peligro de ser devorado por las llamas del bosque cercano. El bombero llega y manda a la población que escape por tal determinado camino, pues los otros serán más peligrosos según su criterio profesional. ¿Por qué le tendrían que hacer caso? ¿Acaso este bombero ha hecho algo para “ganarse” la confianza y la autoridad “real” respecto de los habitantes del caserío? Evidentemente no. Los habitantes deberían pedirle al bombero que hiciera algo para demostrarles que es digno de su confianza. Y allí tendríamos al pobre bombero dándoles una apresurada charla sobre sus conocimientos profesionales. (Bueno, charla o dinámicas, como ustedes quieran.) ¿De quién sería la culpa de que algún vecino muriera por no hacer caso al bombero? Según usted, sería del bombero, por no haber sabido “ganarse” la confianza del fallecido. Recordemos sus palabras: “Tan no lo es que hablo de ganarse la autoridad ante los alumnos y alumnas”.


Si un adulto ve a un niño haciendo algo malo en la calle, ¿deberá corregirlo? La respuesta lógica es que sí, por aquello de que debe “educar toda la tribu”. Sí, ¿pero qué ocurriría si pasara lo que usted dice, Frenando? Ese adulto es desconocido para el niño, por tanto: ¿qué suerte de ascendencia (autoridad “real”) podrá tener ese adulto sobre ese niño? Ninguna: son dos perfectos desconocidos. Si el niño en cuestión le está pegando a otro niño, ¿podrá y deberá el adulto intervenir? No, porque este adulto no tiene ninguna ascendencia sobre el niño pegón. Para poder intervenir tendría primero que “ganarse” el respeto del crío. El adulto podría pensar: “bah, ¿para qué voy a intervenir si no me he ganado el respeto de estos críos?”


¿ES POSIBLE EDUCAR SIN AUTORIDAD?

“El sistema educativo no puede cargarse con tanta responsabilidad si no tiene autoridad. No es compatible la responsabilidad sin autoridad.”

José Antonio Marina.

Un estado democrático y de derecho no sólo tiene el cometido de educar bien a sus ciudadanos. También tiene la función de imponer sanciones y penas a quienes infringen la ley; de presionar a los delincuentes para que no vuelvan a delinquir. El lugar del pederasta es la cárcel por un tiempo (el que estime el juez de acuerdo con la ley vigente). En tal caso (y en tantos otros), la justicia, la autoridad no está intentando “ganarse” el respeto del miserable: simplemente, está ejerciendo su autoridad para hacerse obedecer. Cualquier autoridad sensata intentará que el educando obre rectamente por convicción y voluntad. Pero cuando no es posible tal cosa, hará cuanto esté en su mano para obtener su obediencia. El criminal cuerdo no siempre se arrepentirá ni se entregará a la justicia. Entonces ésta tendrá simplemente que imponer un orden.

Una excelente educación no siempre garantiza un correcto comportamiento, ni mucho menos. Por eso la justicia no puede prescindir de métodos de presión y sanción. Suecia y Finlandia tienen los sistemas educativos más igualitarios y menos sexistas del mundo. España siempre ha tenido fama de machista y patriarcal. Sin embargo, España está a la cola de Europa en cuestiones de maltrato a mujeres. ¿Y sabe usted, Frenando, qué países están a la cabeza de tales crímenes? Sí, Suecia y Finlandia, los países mejor educados del mundo. Esto no lo digo yo, sino J. Sanmartín, director del Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia. Alrededor de la mitad de las mujeres de esos países declara haber sido alguna vez víctima de malos tratos; y se perpetran muchos más uxoricidios que aquí (en términos porcentuales). Sanmartín lo atribuye a que en esos países el consumo de alcohol es muy elevado. (Esta explicación no me parece convincente, pero ésta es otra cuestión.) Nadie podrá negar que las autoridades finlandesas han hecho lo humanamente posible por educar a sus ciudadanos, para desarrollar integralmente a los educandos (intelecto, sentido ético, personalidad…); mas, no obstante, el crimen existe. Las autoridades han hecho lo posible por “ganarse” a sus ciudadanos, pero esto no siempre funciona. ¿Qué más podrían hacer? ¿Prohibir el consumo de alcohol (si es que fuera éste la causa de esos crímenes)? La Administración deberá hacer lo posible por prevenir el delito a través de la educación, pero cuando ésta no lo consigue, no tendrá otra salida que arbitrar métodos para hacerse obedecer. El maltratador (el violento, al fin y al cabo) tendrá que rendir cuentas ante la justicia. Y lo hará, normalmente, en contra de su voluntad: lo hará por imposición externa.

Pues bien, si trasladamos estas conclusiones a la relación entre el adulto y el menor, veremos que son igualmente admisibles: el deseo expreso de todo sistema educativo será conseguir alumnos probos y éticos, que actúen correctamente por voluntad propia, por respeto a las enseñanzas de las diferentes autoridades y a éstas mismas. Sí, claro está, pero la nobleza de este propósito no podrá evitar que el sistema tenga que recurrir con cierta frecuencia a la sanción, la presión y a la imposición de conductas: a la obediencia.

Usted podrá emplear sus mejores métodos pedagógicos para conseguir que el crío se coma la verdura y no el bollo. Pero si no lo consigue, usted tendrá que presionar al crío para que se la coma (y no estoy diciendo que se la haga tragar a lo pavo). Un padre deberá tratar de convencer a un crío de doce años para que no fume, pero si éste no hace caso, aquél tendrá que imponerse. El padre intentará dar razones al crío para que se ponga el cinturón al subir al coche, pero si el crío se niega, el padre se lo abrochará por la fuerza; o lo presionará o sancionará para que lo haga: desde luego, no viajará sin el cinturón.


Su máxima: “No ejerzas la autoridad: gánatela”, carece de todo sentido, señor Frenando. Para colmo, con los niños muy pequeños el intento de que “comprendan” las razones para hacer o no hacer algunas cosas (muchas), es completamente baldío y estulto. No hay cuento ni método eficaz para que el crío pequeño vaya a la escuela por gusto. Siempre preferirá quedarse en casa jugando, o en la calle. Ni hay manera de que el crío escoja la verdura y no el bollicao. En estos casos (y en un millón más del estilo) la conducta adecuada para el buen desarrollo del crío no vendrá de la máxima “gánate la autoridad”, sino, simple y llanamente, del ejercicio de la autoridad paterna en su vertiente impositiva.

Miles y miles de atribulados padres siguen la máxima suya, señor Frenando. La máxima “educativa” de “ganarse” su autoridad ante el niño a toda costa. La máxima de no imponerle nada, de no forzar su conducta ni lo más mínimo, de procurar que actúen correctamente por amor y respeto a los papás o porque comprenda sus razones. Y ello explica en gran medida el desbarajuste que hoy sufrimos. La idea de que hay que ganarse como sea al niño, y no imponerle nada, lleva a muchos padres a tirar la toalla por cansancio. Al huir como alma que lleva el diablo de la posibilidad de dar una orden al crío, de recabar el auxilio de la autoridad, antes o después la situación se hace insostenible e insoportable, y el niño se sale con la suya: conseguirá la hamburguesa, el juguete caro, el móvil, que le hagan los deberes, no hacerse la cama, no recoger la mesa...

No hay manera humana de que el crío de seis años entienda que debe comer correctamente mientras se puede inflar a chocolate. No habrá razones dietéticas que él pueda entender. Ni elegirá el pescado para dejar de ver triste o irritada a mamá. No hay forma de que el niño prefiera hacer sus deberes escolares antes que jugar con la play. No hay método didáctico que consiga que el crío consienta de grado que el médico le ponga la inyección. No hay modo de conseguir que el crío prefiera hacer su cama antes que dedicarse a jugar, ver la tele o telefonear a sus amigos.

En éstas y otras cosas no existe la posibilidad de “ganarse” la confianza del niño para que hagan lo que debe. Ni lo harán por entender las razones que les da papá ni lo harán por amor a éste. Lo harán simplemente para evitar la sanción, o para jugar cuanto antes, o cosas por el estilo. Llegará el día -ojalá- que lo hagan por convicción, sin necesidad de que nadie se lo imponga, pero ese día suele quedar muy lejos en el tiempo.

La ley y el sentido común (que no siempre van unidos pero sí aquí) nos exigen en una ingente cantidad de ocasiones imponernos al deseo del menor. Que la finalidad de toda educación sea que el ciudadano haga el bien voluntariamente, no implica que entre sus métodos no esté incluido el hacerse obedecer cuando, por discreción, se estime necesario.

Sería erróneo e injusto pensar que un padre que “ejerce” su autoridad ante el hijo se dedica única y exclusivamente a imponerse ante él, a darle órdenes y exigir obediencia. Ésta sería una imagen caricaturesca de lo que significa “ejercer” la autoridad paterna. No, quien ejerce su autoridad (de padre o de lo que sea) simplemente recurre a la imposición cuando lo estima necesario. Pero también considera la necesidad de que el crío le haga caso por respeto o por comprender el porqué de ciertas normas y reglas.

Sin embargo, de la máxima “gánate” la autoridad, no se puede hacer otra interpretación que la siguiente: “jamás impongas nada al educando: gánatelo para que obre como deba, para que haga las cosas voluntariamente”. De esta máxima sólo es posible extraer un método permisivo e ineficaz que impide el desarrollo normal de la personalidad y que nos complica las cosas un disparate. El lógico temor al autoritarismo ha derivado en una aversión injustificada a la autoridad.

Esto que ustedes proponen y practican (y que tantos padres atribulados y desorientados practican) sí que es una de las mayores causas del fracaso educativo que hoy sufrimos. Y se extraña usted de que a mí me preocupe el Síndrome del Emperador. ¡Como para no preocupar! La salud física y psíquica de muchos niños y adultos está en juego, señor Frenando. Los muchos problemas de conducta juvenil derivados de la permisividad son reales, más allá de toda duda razonable, más allá del indudable sensacionalismo de los medios. ¿Todo esto ocurre porque los padres no se han sabido ganar el respeto de los hijos? Se equivoca usted de medio a medio. Ningún padre responsable podría excusar la obesidad de su hijo aduciendo que él no lo ha sabido convencer. Un padre responsable diría: “Muy bien, no consigo convencer a mi hijo para que coma sano, pero una cosa es clara: comerá sano; no consentiré que se envenene, porque está bajo mi tutela. Cuando sea mayor de edad, él sabrá. Podrá entonces fumar o inflarse a comida basura si así lo desea, pero mientras esté bajo mi tutela, no.”

ALGO MÁS QUE FRACASO ACADÉMICO.

Hablan de fracaso académico y le echan la culpa al método didáctico. Omiten otros fracasos educativos porque no saben cómo explicarlos. No sólo eso: ustedes mismos contribuyen a su extensión concibiendo una educación carente de autoridad.

¿Y a usted le preocupa el síndrome del emperador, señor Frenando? Salta a la vista que no.

Le presento a continuación unos recortes de Internet. En ellos se dan cifras del alcance del fracaso educativo actual, pero no sólo del académico. Veamos:

SOBRE EL SÍNDROME DEL EMPERADOR.


Vicente Garrido (Valencia, 1958) es doctor en Psicología y graduado en Criminología. Ha escrito varios libros sobre comportamientos violentos. Profesor invitado de la Sociedad Británica de Psicología, miembro del consejo editorial de 'Psychology, crime and the law' y asesor de Instituciones Penitenciarias, formó parte de la Comisión que elaboró la Ley de Responsabilidad Jurídica del Menor en 2000, y ha sido consultor de la ONU para abordar la delincuencia en Latinoamérica. Trabaja también en un programa de intervención con criminales sexuales.

“Entre las causas que motivan la aparición de este síndrome, el psicólogo señaló unos padres que no tienen "ni tiempo ni las aptitudes adecuadas para imponerse", unos profesores "sin autoridad", y una sociedad "más permisiva" que "valida la perspectiva profundamente egocéntrica" que tienen estos niños.”

"Se trata de niños que no han desarrollado las emociones morales, como el sacrificio, la compasión, la empatía o la piedad, y por tanto no tienen sentimiento de culpa", afirmó Garrido.

“5.500 padres denunciaron a sus hijos en el curso de un año a causa de este síndrome.”

Más recortes:

SOBRE EL CONSUMO DE CANNABIS.


“50.000 adolescentes presentan un consumo problemático de esta sustancia, que motiva el 28% de los ingresos en urgencias por toma de drogas.| Aumenta la proporción de jóvenes que se emborracharon en el último año, que ya es la mitad de la población de 15 a 34 años.”


SOBRE CONSUMO DE TABACO.

“Con motivo de celebrarse mañana el Día Mundial sin Tabaco, la Asociación Contra el Cáncer (AECC) ha vuelto a hacerse eco de los preocupantes datos sobre el tabaquismo en nuestro entorno. Así, un millón setecientos mil jóvenes de entre 16 y 24 años fuman, de los cuales el 28% lo hace a diario y el 5% de forma ocasional.”

“Los especialistas están alertando sobre el descenso del inicio en el consumo del tabaco que se sitúa en torno a los 13 años y cómo fuman más chicas que chicos, el 34% frente al 32%.”


SOBRE SEXO Y EMBARAZOS NO DESEADOS.

“El titular de Sanidad ha subrayado que en diez años la tasa de embarazos entre chicas de 10 a 17 años se ha duplicado, al pasar de 3,07 por 1.000 en 1997 a 6,3 por 1.000 el pasado año.”

“Según los últimos datos de este departamento, el número de abortos entre jóvenes y adolescentes aumentó en España casi un 17% en 2007 respecto al año anterior. En España, ese mismo año hubo 4.400 nacimientos y 6.273 interrupciones voluntarias del embarazo en menores de 18 años. Se produjeron, por tanto, unos 10.700 embarazos en chicas de esas edades.”

SOBRE OBESIDAD INFANTIL.

“En España, casi dos niños y jóvenes de cada diez son ya obesos, el doble que hace 20 años. Esto nos sitúa como los poseedores de la tercera tasa más alta entre los países desarrollados -por detrás de Estados Unidos y Gran Bretaña-, según los datos de la Asociación Internacional de la Obesidad.”

SOBRE ACOSO ESCOLAR ENTRE ALUMNOS.

“En España se estima que un 1,6% de los niños y jóvenes estudiantes sufren por este fenómeno de manera constante y que un 5,7% lo vive esporádicamente. Los datos varían en función de la fuente de la que procedan y del enfoque manejado a la hora de estudiar el fenómeno. Una encuesta del Instituto de la Juventud (INJUVE) eleva el porcentaje de víctimas de violencia física o psicológica habitual a un 3% de los alumnos. Y afirma que un 16% de los niños y jóvenes encuestados reconoce que ha participado en exclusiones de compañeros o en agresiones psicológicas.”

Sobre acoso, amenazas y agresiones de alumnos a profesores:

“En el curso de un año, 3500 profesores solicitaron ayuda al Defensor del Profesor. Un 17% declara haber sido víctima de acoso por sus alumnos.”


¿Tiene algo que ver la educación con todas estas conductas, señor Frenando? El manifiesto “No es verdad” hace caso omiso de cosas tan graves como las citadas. ¿Por qué? ¿Sólo están ustedes interesados en el fracaso académico? Hombre, no: ustedes están muy preocupados por el desarrollo integral de la personalidad, por el desarrollo cabal de la persona, y así lo expresan en sus principios orientadores. De hecho, tal desarrollo les importa más que el rendimiento académico, ¿no es así? Pues quién lo diría, porque no dedican ni un solo renglón al fracaso educativo relacionado con trastornos de conducta, inducidos -la mayor parte de ellos- por prácticas educativas permisivas, negligentes, híper- protectoras y adeptas a la máxima de “ganarse” la autoridad ante los menores.

Javier Urra -que fue Protector del Menor-, y a quien Marina encomia como “un activista de la educación”, incluye en uno de sus libros la siguiente declaración de Irene Loyácono:

“No cuesta mucho reconocerlos. Son esos chicos que exigen sin límites a sus padres y que no soportan un “no”. La psicología de los 70 planteó con insistencia la idea de privilegiar el deseo de los niños y la necesidad de evitarles frustraciones -afirma la licenciada Irene Loyácono, presidente de la SATF-. Así, muy a menudo, la clase media ha criado pequeños tiranuelos, hijos que reclaman, demandan y piden de todo. Y si los papás dicen que no, se convierten en niños malos… Estos chicos crecen con la idea de que tener es su derecho, se sienten príncipes que merecen todo lo que reciben y no necesitan agradecerlo. Este estilo de crianza les hace mucho daño.”

¿Qué explicación le dan a la obesidad infantil, el acoso escolar, los embarazos no deseados, el sexo sin protección, los abusos sexuales, el consumo de alcohol, tabaco, cannabis, cocaína, etc.?

Lógicamente, aquí no achacarán las culpas a la lección magistral, ¡digo yo! ¿A qué, entonces? ¿Nos vendrán con que la culpa es de la “sociedad de consumo”, del sistema capitalista, de la Navidad…? No, señores, no se confundan ustedes: El problema radica en que los padres -muchos padres-, engañados y confundidos por la psicología de los setenta, no tienen control sobre sus hijos, ni siquiera cuando son muy pequeños. Y cuando esto sucede, los problemas educativos se acumulan sin cesar, entre ellos el académico.

Pues los padres que no tienen control sobre los hijos respecto de cosas tan graves como el consumo de drogas, alcohol o tabaco; o en relación con la conducta sexual, la violencia indiscriminada, la obesidad, el consumismo, etc., ¿cómo habrían de tenerlo respecto del rendimiento académico?

El fracaso escolar es sólo un caso particular de un problema más general e inclusivo: el fracaso educativo de las prácticas paternas.

Evidentemente, ni siquiera un sistema educativo ideal puede evitar el delito y el crimen, especialmente algunos tipos de crímenes y de sujetos adultos. Ahora bien, los estudios psicológicos y psiquiátricos sobre delito juvenil (y hablo de nuestro país) no dejan lugar a dudas: buena parte de él es debido a prácticas educativas ineficaces, tanto paternas como escolares. Son debidas, en gran medida, al poco o nulo control que los adultos ejercen sobre los menores. Cualquier persona entendida en psicología lo sabe. Pueden ustedes consultar a expertos de reconocida ejecutoria: Javier Urra (que fue Defensor del Menor), Garrido, J. Sanmartín, Rose, R. Mackenzie, L. Escario, M., N. Samalín, Gootman, H. Gurtler, José Antonio Marina y bastantes otros.

Usted, Frenando, propone una pedagogía de salón, de cuento de hadas, que no tiene en consideración el tipo de prácticas educativas de los padres, asumiendo que son las mismas en todas las sociedades comparadas. Atribuyen ustedes el fracaso académico al empleo masivo de la lección magistral, sin tener en cuenta algo tan importante como las prácticas educativas paternas. ¿Está usted seguro de que en Finlandia los padres educan a sus hijos como lo hace aquí la mayoría de los progenitores?

Los padres afectados por las prescripciones de la psicología de los años setenta no tienen por qué sentirse horriblemente culpables. La mayoría ha sido y es víctima de malas enseñanzas, de la confusión que reina en estos problemas, los cuales muchos profesionales de la educación (como los autores de este manifiesto) se encargan de expandir y vigorizar. Aunque justo es decir que estos mismos profesionales son víctimas de esa mala y dañina psicología. Y son víctimas, en efecto, de la escasa o nula formación psicológica que oficialmente reciben.

No es cuestión de hacer actos de contrición, pero sí de sentirse responsable de la educación de los menores. Y es hora de saber que se puede y se debe reaccionar, que hay métodos muy eficaces para evitar que el niño se conviertan en un pequeño gran tirano. Pero son métodos con sentido común, ajenos a la pamplina de que hay que “ganarse” la autoridad ante el menor.

PASEMOS A LA ACCIÓN.

Pero ¿qué tal, señor Frenando, si nos dejamos de teorías y opiniones? ¿Qué tal si predica usted con el ejemplo y con ejemplos? Sí, porque eso de “ganarse la autoridad” suena a fórmula fácil y huera. Es muy fácil decir que los maestros de

Strömberg se han ganado la autoridad (la ascendencia) ante los niños. Adelante, señor Frenando, ilústrenos. Díganos usted las palabras mágicas (porque la actitud ya la sabemos: amorosa) que los padres deben decirle a un niño de tres años que se niega a comer pescado, verdura o fruta. Ahórreles usted la batalla campal que cada día millones de padres de este país libran a la hora de la comida. No venga usted con la pamplina de que “hay que ganarse la autoridad ante los alumnos”: díganos cómo.

Cuéntenos qué le diría, -o qué haría- a un alumno de doce años que estuviese bajo su tutela y decidiese fumar delante de usted.

O qué respecto de aquél que quisiera montar la moto sin casco.

Explíquenos qué deben hacer sus colegas cuando un par de alumnos se manden sin parar avioncitos de papel en mitad de clase. Les hará usted un gran favor a esos docentes que piden la baja por depresión, porque “no se han sabido ganar la autoridad” ante los alumnos. Nada de ejercer la autoridad. Ni imposiciones, ni órdenes ni sanciones: aquí está usted para explicarnos que nada de todo eso es necesario. No, porque eso sería “ejercer” la autoridad, no “ganársela”. Recordemos sus palabras: “Sobre el autoritarismo, vuelvo a señalar que nuestra propuesta no es autoritaria, Tan no lo es que hablo de ganarse la autoridad ante los alumnos y alumnas”

Pues nada, señor Frenando, ilústrenos. Está usted a punto de hacer historia en el mundo de la pedagogía. No desaproveche la oportunidad.


Saludos.

Ya va siendo hora de que los propios profesores y profesoras tendamos a la autorregulación, y dejemos a un lado falsos e inútiles corporativismos que sólo conducen a que los de siempre (el alumnado y las familias) permanezcan indefensos. Enhorabuena por la campaña y adelante. Somos más de los que pudiera parecer.

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Enhorabuena por la campaña. Espero que seamos muchos. Ánimo y adelante.

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Enhorabuena.

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La dimensión social de la escuela es uno de los argumentos más sólidos que justifican nuestra acción. ¡Ánimo!

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ACABO DE CONCLUIR LA DIPLOMATURA EN EDUCACIÓN SOCIAL Y ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDO CON VOSOTROS. EL MANIFIESTO ME PARECE PERTINENTE E IMPRESCINDIBLE. EN ANDALUCÍA, LOS EDUCADORES SOCIALES ESTAMOS COMENZANDO A LLEGAR A LOS CENTROS ESCOLARES PARA COLABORAR CON VOSOTROS. TENÉIS UN APOYO EN NOSOTRAS Y NOSOTROS, UN SALUDO.

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La educación evoluciona y existen muchas personas que quieren formar parte de esa evolución. Cada vez seremos mejores.

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Estoy completamente de acuerdo con los planteamientos. Hace tiempo que deseaba leer algo tan bien escrito y cierto.

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Me parece todo esto un reto inalcanzable mientras seamos unos pocos los que pretendemos mejorar la educación en cualquier ámbito. No abundan los profesores comprometidos y honestos con su profesión. Es una triste realidad. Al igual que a la sociedad le invade el estrés, las actividades que no requieran un esfuerzo intelectual, sino más bien, todo dado y buscando la superficialidad, comodidad y facilidad para una recompensa "barata" con la que se conforman, no es difícil comprender (como muy bien dicen ustedes) el fracaso escolar, la apatía y la comodidad de los niños, niñas, adolescentes, docentes, padres ,etc.. Con el ánimo de que todo lo que ustedes exponen y luchan sea algún día realidad, aquí les dejo mi apoyo y las gracias.

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Damos nuestro apoyo a esta campaña.

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Me parece muy importante esta campaña, para la calidad de la educación en general y como iniciativa y mejora social.

Por supuesto que en nuestro país existe profesorado motivado, afortunadamente para todos. Por supuesto también que mientras que las políticas educativas no centren definitivamente sus esfuerzos en proporcionar las mejores condiciones posibles para que este profesorado pueda seguir formándose y desarrollar satisfactoriamente su labor, todos tenemos un problema.

De un enlace proporcionado por Maribel

Volvamos a las aulas. Algunos grupos están en clase en sus propias salas, estudiando por ejemplo lengua o matemáticas. Para esas lecciones planean en conjunto con los maestros los objetivos semanales y eligen las tareas que luego realizan a su propio ritmo. Otros están en los talleres aprendiendo por la práctica y la acción. Cada grupo pasa una semana corrida en el taller de prensa haciendo la revista de su clase. Los niños emplean bastante poco los libros de texto, pero en cambio sus mochilas están llenas de cuadernos, en los que recogen información y hacen sus tareas. En las clases nadie está sentado empollando: los alumnos circulan por el aula buscando datos, solicitando consejos al maestro, trabajando con sus compañeros, de vez en cuando descansando en un sofá. La atmósfera de la clase es activa, pero sin embargo el maestro lo tiene todo bajo control; los docentes tienen autoridad, por lo que pocas veces necesitan recurrir a métodos autoritarios.

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Motivación nos sobra pero nos falta tiempo para investigar, espacios para innovar,... .

Soy profesora y cada día tengo que luchar porque mi vocación no me abandone. Creo que algunos tal vez no sepáis cómo se ha burocratizado la enseñanza pública (que es la que conozco) y cómo la administración nos hacer perder el tiempo en las cosas más absurdas. No son precisamente profesionales lo que falta en los colegios e institutos. Donde faltan es entre la clase política actual.

Las personas que conocemos y padecemos día a día la realidad de las aulas pedimos un cambio en el sistema educativo, precisamente porque queremos que vosotros, los padres, no tengáis la más mínima duda, de que al compartir la educación de vuestros hijos con nosotros, buscamos también lo mejor para ellos.

No añoro tiempos pasados, pero sí me gustaría que de la misma libertad que yo gocé en el colegio, en el instituto y en la universidad, enseñanza pública toda ella, que la misma calidad de enseñanza que a mí me dieron, pueda también yo, ahora profesor, compartir con vuestros hijos.

Ellos se merecen lo mejor y por supuesto el Estado debiera proporcionar los medios para que así fuera.

No quiero entregar más la educación de mis hijos a personas que no creen en la motivación porque quiero que quienes los eduquen sean personas motivadas para realizar este tipo de trabajo.

No quiero entregar más a mis hijos a personas que se pasan la vida quejándose de que los niños no llegan a sus aulas como les gustaría. El ámbito de trabajo de un verdadero profesional de la educación debe ser la realidad, no lo que nos gustaría o lo que nos resultaría más cómodo.

Un verdadero profesional de la docencia debería poseer motivación suficiente como para preocuparse por investigar, conocer recursos y ensayar estrategias que le permitan intentar afrontar eficazmente la realidad que se encuentra curso tras curso en el aula. Recurrir a añoranzas de tiempos pasados, a mundos ficticios o literarios, a baremos completamente subjetivos, quejarse o echarle la culpa a los niños, a los padres, a las leyes o a la sociedad entera sin antes haber ejercido ni la más mínima autocrítica sólo indica un intento patético de enmascarar la falta de profesionalidad.

Imprescindible aligerar carga burocrática y papeleos varios. Cada cambio de ley es simplemente una modificación de todos los documentos del centro. En estos tiempos en los que tenemos la tarea de integrar niños procedentes de sistemas educativos tan dispares que muchas veces ni conocen el idioma ¿cómo vamos a atenderlos con los mismos recursos?

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Que agradable es oír, en boca de otros, las palabras que gritarías 60 minutos de cada hora. Soy madre y maestra y es cierto NO ES VERDAD. Gracias

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Totalmente de acuerdo, insistiría en los aspectos políticos en el sentido de que no podemos seguir con reformas tras reformas al ritmo de los cambios de gobierno (los problemas no son asignaturas concretas, tipo educación para la ciudadanía o religión). Mentalidad nueva en los docentes y medios para implantar el cambio necesario. Fantástica iniciativa, felicidades.

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Ya era hora de que se dijeran estas cosas. El problema, realmente, como bien señala el manifiesto, es el inmovilismo arcaico del sistema educativo español.

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Hay que parar el abuso de poder al que se somete la infancia y juventud!!!!

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"Educar no es llenar" Jorge Wagensberg

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Por la escuela que YA existe

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Por una escuela laica y responsable. Por una pedagogía liberadora

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Ya va siendo hora de que los que de verdad amamos este trabajo hablemos, aunque sólo sea para dejar de oír los "ladridos a la luna" que decía Machado.

Como diría alguno de mis alumnos "Me estáis rall/yando". Creo que es el momento de dejar los análisis y pasar a otro nivel. De un curso de sistémica aprendí que hay otra forma de actuar en psicología. No hace falta saber las causas de un trastorno para actuar y corregirlo. Así que sobre la situación actual de la enseñanza, diría lo mismo. Un cambio es necesario, discutir si los alumnos saben más o menos ahora que antes, o si el BUP era mejor o peor que la LOGSE, no nos conducirá a nada. Aplaudo la iniciativa de la Red IRES por promover el debate. Y, cuando algún día ponga en práctica sus postulados, entonces opinaré sobre si son o no verdaderamente efectivos. Espero y deseo que todo esto nos permita extraer conclusiones; nuestros alumnos, en particular y la sociedad, en general, saldrán beneficiados. Por todo ello, os invito a firmar el Manifiesto, si aún no lo habéis hecho, porque el debate es necesario, aunque no suficiente para cambiar nuestra ESCUELA.

Soy estudiante y estoy totalmente de acuerdo con lo expuesto, cuando iba a 2º de bachillerato siempre me decían que el nivel de los de la LOGSE era muy bajo, pero ahora doy clases particulares con libros de COU y los del bachillerato y puedo decir que el 'nivel' es el mismo!!

Estimada (persona) anónima del Jueves, 27/11/2008 a las 02:07. Ni se imagina el favor que nos hace al dibujar, con su(s) escrito(s), el "fondo" al que alude el manifiesto NO ES VERDAD. De manera que sí, siga así, proporcionenos ese elemento de contraste tan valioso.

No volvamos a lo mismo. El problema principal actual no está en cómo se está dando al niño la información. Es el EL TIPO Y CALIDAD DE LA INFORMACIÓN que actualmente está programada lo que falla estrepitosamente.

El esfuerzo, la motivación son imprescindibles, claro que sí. Pero serán inútiles si se trabaja sobre un programa equivocado.

Realmente no comprendo por qué cada vez que sale la palabra motivación corren chorros de tinta con tantas ironías, comparaciones sin sentido y exajeraciones. Si se extrapolan los significados de las cosas, no avanzaremos.

Vaya! Ahora me entero yo que Unamuno, Goytisolo o Russell son expertos en educación. Bien, lo voy cogiendo, la próxima vez que necesite opiniones sobre literatura recurriré a un piloto de iberia...

 

Desde luego, así nos va... 

... el Manifiesto no pretende un análisis exhaustivo de la realidad educativa y concretamente una explicación total al fracaso escolar. Lo que pretende se expresa con claridad en el encabezamiento y es contestar algunas falacias poco argumentadas que "ilustres" plumas con voz social y amplio eco pretenden divulgar y mantener acerca del sistema educativo valiéndose de tópicos fáciles de hacer resonar para, de esa manera, obtener un obediente "sí, sí" de las cabezas de lectores u oyentes sin el menor atisbo de crítica.
Es importante tener esto en cuenta cuando se realiza la lectura del Manifiesto. De todas maneras, si su difusión contribuye al debate profesional y social acerca de la educación y del sistema educativo, en definitiva, a la participación democrática, bienvenido sea. Falta hace.

Gràcies per la feina que esteu fent.

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Hay muchas personas que no tienen ni idea de lo que se trabaja en las aulas y se permiten el lujo de criticar.

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El manifiesto que aquí se expone, muestra la realidad de nuestras escuelas, de nuestras aulas. Luchemos por construir un mundo educativo donde todos los niños y niñas tengan cabida.

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No podría estar más de acuerdo.

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Estoy totalmente de acuerdo con el manifiesto y llevo más de 30 años luchando por ese tipo de enseñanza.

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Ojalá vuestra iniciativa sirva para superar tantas simplificaciones y deformaciones sobre la educación en España.

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Estoy a punto de terminar mi carrera en pedagogìa, y me parece que gran parte de lo que se plasma en el manifiesto es verdad, desafortunadamente no solo sucede así en España sino también en mi país, México

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Apoyo con mi firma dicha campaña.

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No es verdad.

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¡Me gustaría ponerme a trabajar con toda la gente que pensamos que otras formas de conocer el mundo, de crearlo y recrearlo, son posibles...!

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Aunque me jubilé el 31 de agosto pasado, sigo siendo docente y preocupado por la escuela pública.

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Sin una prioridad absoluta por un cambio en la enseñanza otro mundo no es posible.

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Completamente de acuerdo, en todos y cada uno de sus puntos. Hace años que espero que alguien me proponga un manifiesto semejante. Gracias y adelante.

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Por fin un análisis serio y honesto que implica responsabilidad y responsabilizarse.

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De acuerdo con lo que se expresa en el manifiesto: nuestro sistema de enseñanza ha caducado hace tiempo.

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Soy miembro de la coordinació 0-12 de Catalunya y de la Federació de MRP. Más adelante me pondré en contacto con vosotros para ver la posbilidad de una colaboración con vuestra iniciativa.

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És necessari la difusió d'aquest manifest. Convé que la societat deixi d'opinar frívolament sobre l'educació que ella mateixa ignora. No puc escoltar més comentaristes ni llegir titulars sensacionalistes referits a l'educació,buits de continguts i no trepitjant mai l'escola des de dins. El dia que els mitjans de comunicació dediquin un espai "printtime" sobre experiències directes de diferents tipologies d'escola i es comenci a valorar la gran feinada realitzem aquell dia podrem començar a veure el got més ple.

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Participo de las reflexiones que fundamentan el manifiesto y de los principios de éste, así como de su puesta en práctica en el aula y la vida diaria, de forma incompleta bien seguro, pero convencido y con atrevimiento. Y quiero levantar también la voz a favor de muchos personajes y sus obras -Pedagogos y maestros y maestras insignes, pensadores y luchadores por los demás -, su pensamiento y vida práctica consagrada a éstos - ya fallecidos y vivos -, en favor del progreso de verdad de los humanos. Para preservar a éstos y sus "obras", deberíamos evitar que fueran afectados por las turbulencias humanas, económicas y políticas lideradas desde la necedad, estupidez y mezquindad de las inteligencias, de las personas de sus cabecillas y voceros...., sobre todo del presente, incluido los políticos timoratos que se llaman de izquierda, así como los "trabajadores de la educación", que con su manera de pensar y proceder le hacen flaco favor a la educación que permite y posibilita la conducción y autoconstrucción de chicos y chicas, junto a la familia y en contexto de vida reales de insignes personas y comprometidos ciudadanos.

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Me parece estupendo el manifiesto y todo lo que se recoge en él. Es más me llena de ilusión el saber y conocer que están cambiando las cosas, ya que el manifiesto en si, ya supone una posición distinta, y en este caso muy completa y rica; gracias. Me gustaria estar informada del seguimiento del manifiesto o de nuevas acciones.

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Firmar, sí, crear grupos de debate y discusión en los Centros escolares, en los seminarios de los Centros escolares, en las universidades, si podemos, hasta si queremos.

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Per fi algú ha començat a dir el què toca!!!!!!!!!!!!!

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Es reconfortante y esperanzador encontrarse con que el modo que una tiene de ver la educación -y la vida-, a veces tan minoritario , es compartido. Gracias.

Cuando un muchacho tiene demasiado creído lo de la motivación, llega al aula con una actitud tan pasiva como la del vago del chiste: "A mí que me motiven". Es difícil que este muchacho llegue a ser un hombre con iniciativa y un ciudadano responsable. Pero los chicos no pueden ir motivados al instituto, y la razón es muy sencilla: un centro de enseñanza no es un circo. Un estudiante que comienza el curso deplorando que las vacaciones no sean más largas y que va a clase los lunes de peor humor que los viernes no estará motivado, desde luego, pero indudablemente disfruta de una envidiable salud mental. Lo alarmante sería lo contrario, que aguardara impaciente el fin de las vacaciones para poder divertirse estudiando las declinaciones latinas o resolviendo problemas de trigonometría. Por supuesto que se le hará más llevadero el esfuerzo si procura trabajar con alegría e interesarse por lo que hace, pero lo mismo le sucede a un albañil, quien se lo pasará mejor si sube al andamio cantando de contento que si lo hace blasfemando de rabia, y no por eso pensamos que sea obligación del capataz motivar a los obreros. A quien argumente que la cosa no es idéntica porque los profesores tratamos con menores de edad, se le ha de contestar que no existe razón para engañar a nadie, por muy menor de edad que sea. Hacerles creer que el trabajo es un juego es tan grave como hablarles de la cigüeña cuando preguntan de dónde vienen los niños. Si toda persona de sentido común sostiene que hay que informar sinceramente a un niño cuando se interesa por el sexo, o por el problema del alcohol, o por el de las drogas, no se entiende por qué se les ha de mentir cuando se les habla del trabajo, del estudio y del esfuerzo. Si es importante que sean conscientes lo más tempranamente posible de que son buenos los hábitos de hacer ejercicio cotidianamente, de tomar alimentos saludables, de prescindir del tabaco y de disfrutar moderadamente del alcohol, también es importante que sepan que el estudiar regularmente, estén o no motivados, es un hábito imprescindible. Un profesor que hurta a los alumnos esta información y que les habla de aprendizaje lúdico es tan irresponsable como si les dijera que el vino y el tabaco son buenos para el desarrollo de un adolescente. Unos harán caso a las buenas recomendaciones y otros no, del mismo modo que unos fumarán y otros no, pero es indispensable que quien se deteriora la salud fumando no pueda después quejarse de que no estaba informado. Todo el mundo tiene derecho a jugar con la salud propia, si quiere, y también con su propio futuro, pero los jóvenes han de saber a lo que están jugando y lo que se están jugando.

Es cierto que las materias se les pueden presentar a los alumnos de forma más o menos amena, pero esto es hacerles la disciplina más llevadera, no eximirles de la disciplina. Por otra parte, no hay más remedio que resignarse a que hay conocimientos indispensables, cuya utilidad es difícil de entender y cuyo atractivo es casi nulo. Es imposible que un niño comprenda la necesidad de comer verduras cuando existen los caramelos y las chocolatinas. Si le dejamos comer lo que quiera y a la hora que quiera, y esperamos a que entienda lo importante de una alimentación sana y regular para que coma saludable y regularmente, ya se habrá estropeado el estómago irreversiblemente. La comparación es pertinente: la inteligencia para aprender es muy temprana, pero la madurez necesaria para comprender lo importante que es aprender es muy tardía. Si esperamos a que tenga esta madurez para enseñarle, los mecanismos de aprendizaje se habrán deteriorado tanto como el estómago de un niño a quien se ha dejado comer lo que le apetecía cuando le apetecía. Por eso siempre es difícil enseñar. Si los alumnos son adultos quieren aprender (digamos, en la jerga a la moda, que están motivados), porque son maduros, pero les cuesta mucho hacerlo porque su capacidad de aprender ya no es lo que era. Si son niños, pueden aprender, pero no quieren porque su inmadurez les impide entender la necesidad de hacerlo.

El inevitable distanciamiento que, como muy bien señala Russell, se da entre vida y cultura en los primeros años de la vida escolar, se ha de tener muy presente si de verdad pretendemos enseñar algo a nuestros alumnos. Leer a Virgilio puede ser algo muy hermoso, pero para ello hay que estudiarse primero las declinaciones latinas, uno de las cosas más aburridas del mundo. Entender la física y las matemáticas de un cierto nivel es cosa apasionante, pero a esto no se puede llegar si antes no se han hecho muchos ejercicios rutinarios con fracciones y con el sistema métrico decimal. Estos trabajos tediosos se han de hacer porque lo manda el profesor, no hay más solución, y el oficio del profesor no consiste en ser simpático a los alumnos. Las motivaciones más corrientes, las de toda la vida, la de querer hacer pronto las tareas escolares y así tener tiempo para estar con los amigos, la de aprobar para disfrutar mejor del verano o la ilusión por llevar buenas notas son absolutamente legítimas. La afición por aprender ya vendrá en su momento. Quien estudia porque le gusta llevar sobresalientes terminará llevando sobresalientes porque le gusta estudiar, pero esta inversión es un proceso muy lento y es inútil tratar de apresurarlo. Y en cualquier caso, la motivación es para el estudiante lo que la inspiración para el artista: vale más que le pille trabajando.

La de la motivación es una de las falacias que más daño ha hecho a la educación en nuestro país. La tienen ya asumida los padres, que critican a veces a los profesores por no motivar a sus niños, y también los alumnos, a quienes se les oye decir en ocasiones, con el mayor desparpajo, que no se sienten motivados. Oye, le dije un día a una de estas lumbreras, cuando vuelves a casa del instituto, siempre te encuentras la comida preparada. Y esto ¿sucede todos los días, o solo cuando tu madre se encuentra motivada para preparártela? Por supuesto me contestó que la situación no era la misma. Lo más grave es que conozco a más de un profesor que daría la razón al estudiante. Cuando oigo hablar de motivación me acuerdo del viejo chiste de aquél que llama a una puerta:

-¿Es el club de los vagos?

-Sí, señor

-Pues que me entren

LA MENTIRA DE LA MOTIVACIÓN

El maestro que enseña jugando acaba jugando a enseñar. El alumno que aprende jugando acaba jugando a aprender.
(UNAMUNO)

No hay nada que entontezca tanto como estos sistemas pedagógicos modernos, con estudios que parecen juegos, aborregadores, sin conflictos.

(GOYTISOLO)

El divorcio entre la vida y la cultura es lamentable, pero no puede evitarse por completo durante los años escolares.

(BERTRAND RUSSELL)

Pues no, no estoy de acuerdo con el manifiesto. No todo lo anterior es mejor, por supuesto, pero en líneas generales, os confundís de medio a medio.

Estaba tentado de no interrumpir tan interesantes últimas aportaciones al debate, pero no me resisto a incluir algunos de los comentarios que se van dejando en la hoja de firmas (que están siendo recogidos de manera colaborativa) y, ¡qué narices!!, que de vez en cuando viene bien darse un baño de ánimo y sentir que las cosas pueden cambiar, por lo menos así lo creemos quienes vamos firmando el Manifiesto:

Por fin alguien se ha dado cuenta. Costó tiempo.
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Estoy muy de acuerdo con la campaña, ya está bien de tópicos sin ningún fundamento serio al hablar de educación
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Estoy de acuerdo con el manifiesto pedagógico y con la campaña NO ES VERDAD
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Totalmente de acuerdo con el manifiesto. Me gustaría recibir información sobre otras iniciativas o sobre esta misma.
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Seguir adelante con esto.Hace mucha falta. Eskerrikasko.
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Se ha leído este articulo en la asignatura de Organización escolar por parte del profesor y por ese motivo me ha convencido y firmo.
...

Totalmente de acuerdo con el Manifiesto. Adelante y por una enseñanza pública y de calidad, innovadora e investigadora.
...

Escuela pública y de calidad para todos. En la Comunidad de Madrid todo lo público está en peligro.
...

Totalmente de acuerdo con el manifiesto en todos y cada uno de sus puntos He corregido este párrafo del manifiesto: El fracaso escolar, por tanto, no se explica porque los niveles de exigencia bajen, ni porque la escolarización se extienda a más estudiantes y durante más tiempo, sino porque el modelo educativo vigente hace tiempo que ha caducado. LOS PORQUE SON CAUSALES Y POR LO TANTO SE ESCRIBEN PORQUE -POR FAVOR, CORREGIR EN MANIFIESTO-
...

Es de sentido común, necesitamos más Profesionales educativos en el sistema educativo: educadores sociales, animadores socioculturales, pedagogos, monitores de tiempo libre, Hoy es más facial y más demandado que se contraten, para "mejorar" las escuelas, a enfermeros, asistentes sociales o policías que a profesionales especializados en Educación. Se trata de dedicar más recursos a la educación y menos a la represión, más obras publicas de construcción y mejora de infraestructuras escolares y menos compra de armamento, contar con más educadores y profesionales educativos en las escuelas y menos policías y profesionales de seguridad en las calles. En este país se habla mucho de educación y pedagogía pero no se favorece que avance una auténtica educación centrada en las personas ni se favorece que las personas que han estudiado ciencias de la educación puedan tener su trabajo en el sistema educativo.
...

ABSOLUTAMENTE CIERTO, A MI MODO DE VER Y DE TRABAJAR
...

Ánimo, somos muchos los que pensamos lo mismo. Lo conseguiremos
...

Estoy totalmente de acuerdo con este manifiesto, se ponen los puntos sobre las IES en toda esta desinformación sobre la educación promovida por personas reaccionarias. Gracias!
...

Por una Enseñanza Publica fresca y transparente frente al lo rancio y oscuro de la tradicional
...
Respecte pels mestres i pels alumnes amb una ensenyança de qualitat. És tracta d'una necessitat bàsica de l'ésser humà.
...

Soy Director de Extension del Instituto Profesional Libertador de Los Andes - Chile y concuerdo plenamente con Uds. pues en mi país se están organizando desde la misma perspectiva frentes y redes para mejorar la calidad de la educación para todos. Principio rector de la UNESCO

Estimada (persona) anónima del Lunes 24/11/2008 a las 16:37, sigo encontrando sus apuntes confusos y contradictorios, en este último se  pasa gran parte del mismo argumentando (habría que decir reiterando) la importancia de la voluntad frente a la motivación, y ninguneando la motivación, pero ... ¿Cómo orientamos la voluntad si no existe antes la motivación? ¿No se da cuenta que está proponiendo un absurdo? ¿La voluntad se orienta por inspiración divina? ¿Su orientación está inscrita en los genes? Hasta usted mismo se contradice:

tenemos “voluntad”. Que podemos definir como la capacidad de hacer cosas motivados por una recompensa futura, no inmediata. De hacer cosas “sin ganas de hacerlas”. Esta es una distinción psicológica básica

¿En que quedamos? Por lo que veo está de acuerdo conmigo, de eso se trata, de motivar a los alumnos y alumnas para que tengan la voluntad de trabajar y esforzarse, porque como decimos en la Red IRES: No hay esfuerzo sin motivación, y añado para aclararle que lo que está de mediador entre el esfuerzo y la motivación es la voluntad, la voluntad de hacer algo esforzándose. ¿De dónde se saca que un alumno/a se esfuerza si no pone voluntad en ello?

También me llama la atención su restringido concepto de motivación fabricado a la medida, confundiéndolo con los instintos y casi casi circunscribiendo su utilización didáctica a lo que serían los reflejo condicionados inducidos de Paulov:

La motivación es una entidad psicológica propia de los animales (los no humanos, digo). Los animales hacen las cosas sólo por motivación inmediata: comer, copular, cazar… Es decir, no tienen previsión del futuro. Lo suyo es el acicate presente

No, estimada anónima, el concepto de motivación es mucho más amplio, y tal y como expresa usted mismo/a: permite tener voluntad para hacer cosas sin una recompensa inmediata y sin ganas de hacerlas, es decir, es la condición previa para esforzarse.

El resto del escrito se podría resumir en que “mejor dejemos las cosas como están porque no estamos preparados”, y claro, de esa manera núnca lo estaremos. A esta interpelación que le hago en el anterior escrito: “Si no le entiendo mal, está proponiendo que volvamos a la situación de antes, con los impuestos de todos escuela para la tercera parte ¿De verdad piensa así? ¿Esa es su solución al problema?” me contesta:

¿Qué quiere decir que con los impuestos de todos…? Con los impuestos de todos se paga la universidad, ¿pretende usted que todos vayan a la universidad porque todos los contribuyentes la pagan? He dicho lo que he dicho, estimado Fernando: que ha sido inútil y contraproducente. ¿Por qué? Porque no estábamos preparados para ello. ¿O sí lo estábamos? ¿O como era cosa de impuestos entonces había que meter a todos en el aula? ¿Se previeron los resultados?
Usted dirá que era de justicia escolarizar hasta los 16 años. Pero cuando el mecanismo falla, entonces todo se queda en un intento de hacer justicia. En algo forzado que ha resultado en un desaguisado. Cuando arreglemos el problema de la permisividad, el déficit formativo, etc., entonces se podrá intentar, siendo más el beneficio que el perjuicio. No se trata de negar ese derecho, sino de disponer las cosas correctamente para poderlo hacer bueno. De lo contrario, tenemos esto: una chapuza

En primer lugar le recuerdo que no estamos hablando de la universidad, sino de la ESO, cuyas siglas significan Educación Secundaria Obligatoria.

Y en segundo lugar le señalo que su argumentación me evoca otras similares, por ejemplo la de no dar el voto a la mujer porque será un voto reaccionario, como se argumentaba en la II República, o a los analfabetos porque son unos ignorantes... Encuentro que son argumentos retrógrados e inmovilistas. Lo que hay que hacer, entre otras cosas, es aprender de las experiencias positivas (del modelo finlandés y de cualquier otro que aporte soluciones) y cambiar un modelo didáctico ya caduco por otros avalados por la investigación educativa. Porque lo triste es que los profesores y profesoras, independientemente del modelo que utilicemos, trabajamos mucho, y los resultados de ese trabajo (ese 30% de objeción escolar) no reflejan nuestra dedicación.

Y aquí le apunto a mi estimada anónima que soy profesor, y formo parte del conjunto de profesores/as del sistema educativo, de manera que cuando hago una reflexión sobre el conjunto de profesores, me incluyo en ese grupo (por que lo soy), y que eso no quiere decir que no lleve una práctica diferenciada, y a mi juicio mejor y más satisfactoria, y razón de que haya participado en la elaboración y apoye el manifiesto NO ES VERDAD.

En la Red IRES no estamos tan desesperados como para criticar la Educación Secundaria Obligatoria como prematura, todo lo contrario. Nos parece un gran logro. Lo que hay que hacer es afrontar el reto, y en esa tarea aportamos (desde la Red IRES) lo que podemos aportar, nuestra experiencia profesional de que , sí se puede funcionar bien si se sabe hacer.

Que ahí vemos cómo algunos profesores tienen que recurrir a libros de otros tiempos para conseguir hacer pensar a su alumnado.

Y parte de ese “saber hacer” es recurrir a la elaboración de materiales propios así como al uso de materiales ajenos (libros de texto o no) sean actuales o no. He vivido varias reformas y muchos más cambios de libros de texto (en parte porque son un negocio para las editoriales), y algunos de ellos son magníficos, aunque sean antiguos, y mis alumnos/as los utilizan cuando viene al caso.

Pero cuando usted dice eso de “deberá ser reconocido su esfuerzo” yo no sé qué quiere usted decir exactamente.

Quiero decir que cómo el esfuerzo es el producto de la voluntad , pues hay que valorarlo, porque es la garantía del aprendizaje, si un alumnos no se esfuerza (no pone voluntad en ello), no aprende, y yo quiero que aprenda, luego debo valorar su esfuerzo y su trabajo ¿O no?

Una cosa es que se anime al niño a trabajar y por haber trabajado (reconocimiento del esfuerzo) y otra cosa es la actitud ante el resultado, que debe ser evaluado objetivamente y con independencia del esfuerzo realizado. Un alumno se puede esforzar mucho, pero si hace mal el examen, ¿qué hemos de hacer? ¿Evaluarlo según el esfuerzo o según el resultado?

Por supuesto que por el esfuerzo ¿Usted que valora tanto la voluntad y el esfuerzo está dispuesto a aprobar a alguien que no pone ni voluntad ni esfuerzo aunque obtenga buenos resultados?

¿Se ha parado a pensar que efectos tiene en un alumno/a que se esfuerza y que mejora, pero que obtiene resultados inferiores a la media si lo suspende?

¿No es objetivo evaluar según el esfuerzo?

¿Si lo es según los resultados?

Le pongo un ejemplo menos abstracto y más físico para ver si me entiende. Tengo dos chiquitos, uno bajito, muy bajito, y otro alto, y les pongo el listón para saltar en la asignatura de Educación Física, el alto no se esfuerza nada y supera el listón, el bajito se esfuerza un montón pero no consigue superarlo ¿Suspendería al bajito? ¡Que valor!

La realidad es la que es: si yo voy a buscar trabajo de astronauta el examinador me podrá decir: “valoro su esfuerzo pero usted se marea a las primeras de cambio. Esto no es para usted”.

¡Vaya! Ahora resulta que el objetivo de la Educación Secundaria Obligatoria es formar astronautas, o cualquier otro desempeño técnico en el que hacen falta destrezas específicas. Pues no, busca la excelencia como personas de los alumnos/as. Busca su desarrollo personal y social. Y para eso es preciso que no se le haya machacado porque, en un momento determinado, no alcanzaba el nivel X. Estimada anónima, hay que trabajar para el futuro, y tener confianza en el esfuerzo y la voluntad, pero para eso hay que valorarla, y mucho. ¿No magnificaba usted tanto la voluntad?

Si lo que usted insinúa (usted me lo aclarará) es que hay que evaluar en función del esfuerzo (porque hay que reconocerlo), entonces sí es evidente que usted maneja distintas varas de medir a sus alumnos.

Está usted equivocado, no manejo varia varas, manejo una vara fundamental, el esfuerzo y el trabajo.

De modo que la nota del poco dotado no se distancie en exceso de la del más dotado (o trabajador). En tal caso, se dispondrían las cosas para que diera la sensación de que todos corren parejos.

Usted, Fernando, quizá sea tan amable en explicarme qué quiso decir exactamente con lo de reconocer el esfuerzo. Quizá yo le haya entendido mal.

Creo que me ha entendido perfectamente, tengo la convicción de que valores como el de “el esfuerzo y de la exigencia personal constituyen condiciones básicas para la mejora de la calidad del sistema educativo “ y que “es precisamente un clima que no reconoce el valor del esfuerzo el que resulta más perjudicial para los grupos sociales menos favorecidos. En cambio, en un clima escolar ordenado, afectuoso pero exigente, y que goza, a la vez, tanto del esfuerzo por parte de los alumnos como de la transmisión de expectativas positivas por parte del maestro, la institución escolar es capaz de compensar las diferencias asociadas a los factores de origen social” ¿Le suena este texto? es de la LOCE que elaboró el PP. Y digo yo, si pienso así, como profesor ¿Deberé ser consecuente y valorar con mi calificación el esfuerzo? ¿O no?

Por otra parte esto no es ningún secreto, y está explicado en nuestros 12 compromisos profesionales (en concreto el 8 y el 9). El objetivo de valorar el esfuerzo y el trabajo es que todos tengan un listón a superar apropiado a sus capacidades. E l resultado es que todos se esfuerzan en superarlo y todos progresan y mejoran su “marca”. Sin embargo cuando no se sabe trabajar con la diversidad, y se marcan resultados entandar que resultan inalcanzables para unos, estos tiran la toalla (ese 30%) y los otros se acuestan a la bartola, justo lo que usted describe en su anterior apunte.

Como le veo un poco (o un mucho) escandalizado, antes de escandalizarse... ¿Por que no prueba a hacer lo que hacemos en la Red IRES? Le irá mejor a sus alumnos/as.

En otro punto de su escrito dice:

¿Qué puede significar eso de que los profesores se tengan que ganar la autoridad? Si un profesor se tiene que ganar la autoridad frente a un crío, entonces usted me está diciendo que, de entrada, el niño y el profesor tienen la misma autoridad. Esto es, sencillamente, un despropósito, Fernando. El profesor, por el hecho de ser adulto, se supone capacitado para gobernar la vida del niño con la necesaria autoridad. Eso es presunción de inocencia. El adulto no tiene que ganarse la autoridad ante el crío, faltaría más. Lo que tiene que hacer es ejercerla como deba. Y el hijo (por extensión el adulto) debe obedecer siempre a los padres. Esto lo dice la ley, estimado Fernando, no yo. En concreto, los artículos 154 y 155 del Código Civil aprobados en nuestra Constitución.

Vaya, vaya , vaya, que tremenda confusión entre lo formal y lo real. Espero al menos (por su bien) que cuando ponga su vida en otras manos, no se aplique el cuento que me cuenta más arriba. Sinceramente, no subiría en un autobús aunque el conductor tenga reconocido formalmente el derecho a manejarlo, si no tiene mi confianza, lo mismo me pasa con un cirujano, con un abogado, con un adulto...

Le preocupa mucho el “síndrome del emperador”, y apunta que una de sus causas es la pérdida de autoridad de os padres ¿Cómo es posible si los artículos 154 y 155 del Código Civil aprobados en nuestra Constitución garantizan la autoridad de los padres sobre los hijos? Porque una cosa es lo formal y otra la realidad, y esos padres no se han ganado la autoridad que les reconoce la constitución y el sentido comun.

Por supuesto que el profesor/a está investido de una autoridad institucional, ¿Pero eso significa que es real? Parece que no haya pisado muchos los centros escolares. Cuando un profesor o profesora no se gana (no demuestra que merece) la autoridad institucional que tiene atribuida, su trabajo se convierte en una fuente continua de conflictos. Afortunadamente no es frecuente, pero ocurre. Al revés, si yo quiero que mis alumnos/as se esfuercen de verdad, no que tengan un comportamiento trivial y acomodaticio, debo tener un destacado ascendente sobre ellos, y debo haberme ganado mi autoridad.

En otro momento de su escrito aclara esta afirmación de su anterior apunte ·Quizá ustedes crean que la cuestión estriba en crear un ambiente de libertad y distensión en clase para que los críos se puedan expresar sin cortapisas” de la siguiente manera:.

esa libertad es recomendable si -y solo si- el niño ya se comporta con aceptable respeto por los demás. Que se les da libertad porque, previamente, ya han sido instruidos para que se comporten bien, respetando al otro. El problema es que aquí no tenemos a niños que, en general, vengan educados y respetuosos a clase, de modo que importar sin más el modelo finlandés sin ese requisito cumplido nos aboca al fracaso.

Además de seguir el esquema general de “si,... pero no” (si a la escolarización obligatoria hasta los 16 años, pero no porque no estamos preparados, si a la libertad en el aula, pero no porque los críos no están preparados, si,... pero no....) además de eso, no se da cuenta de que gobernarse en libertad, es decir comportarse con madurez y responsabilidad, es un aprendizaje más, y es de los que no se aprenden con discursos, sino en la práctica., y eso requiere aulas en que los chiquitos puedan desplegar su autonomía, para permitirles que progresen en madurez y responsabilidad.

Y eso se puede hacer, en la Red IRES lo hacemos y con buenos resultados, le animo a ensayarlo.

En otro lugar, frente a mi opinión de que la escuela debe atender a TODOS (por tratarse de un tramo obligatorio) vuelve otra vez con el “si, pero...

¿Y quién dice que no? Pero tendremos que atenderlos en condiciones. Y hacerlo en condiciones descarta ese permanente sistema de motivación que usted propone, dejándo fuera del terreno de juego la voluntad, instancia mental que nos singulariza frente al animal, únicamente guiado por la motivación. Atender al desgraciado o al pobre es nuestra obligación, pero abra usted los ojos, señor Fernando: todos los que fracasan en la escuela no fracasan por ser pobres o desgraciados. Muchos fracasan porque el sistema que usted propone los aboca a la abulia, a la ausencia de voluntad y esfuerzo.

Vuelve a confundir motivación con instinto, reflejo condicionado pauloviano con aprendizaje, y además atribuye el fracaso generalizado (nada más y nada menos que el 30% queda fuera del sistema escolar en un tramo obligatorio) al “sistema que usted propone” Pero bueno, de donde se saca que “el sistema que yo propongo” está tan generalizado como para provocar ese fracaso.

En primer lugar, las propuestas que vengo haciendo frente a sus “si, ... pero...” son mucho más integradoras, y la experiencia que tenemos en la Red IRES es que no estimulan a la deserción escolar.

En segundo lugar ¿Por qué se engaña? Lo que está produciendo este desastre no es el sistema que usted propone, sino el Modelo Didáctico Tradicional, que como señalan muchos estudios, es el dominante en nuestras escuelas (recuerde, al decir nuestras, me estoy refiriendo a las del sistema escolar del que formo parte, no a las de Red IRES). Ese es el modelo educativo que está fracasando de forma reiterada.

Sobre el autoritarismo, vuelvo a señalar que nuestra propuesta no es autoritaria, Tan no lo es que hablo de ganarse la autoridad ante los alumnos y alumnas. Y lo reitero porque efectivamente en la Red IRES pensamos que el Modelo Didáctico Tradicional tiene aspectos autoritarios, por eso lo dije.

Para terminar le tengo que decir que tiene usted la piel muy fina cuando se queja de sentirse aludido y en consecuencia atacado personalmente cuando insisto en que mi propuesta no es autoritaria. Es cierto que no se nada de usted, a ciencia cierta no se si es profesor o profesora, si no lo es y tiene otra profesión, ni nada de nada, solo conozco de usted unas cuantas opiniones, a mi modo de ver retrógradas y discutibles. Y también que tiene la piel muy fina.

Si yo la tuviese tan fina como usted me estaría quejando de el retintín que se trasluce de determinados párrafos:

Usted, ya lo sabemos, es profesor modélico que utiliza técnicas motivadoras, que se preocupa por todos y se lleva muy muy bien con todos...

y que decir de su juicio  sobre mis supuestas (y torticeras) intenciones:

Si lo que usted insinúa (usted me lo aclarará) es que hay que evaluar en función del esfuerzo (porque hay que reconocerlo), entonces sí es evidente que usted maneja distintas varas de medir a sus alumnos. De modo que la nota del poco dotado no se distancie en exceso de la del más dotado (o trabajador). En tal caso, se dispondrían las cosas para que diera la sensación de que todos corren parejos.

Mire, mi estimada (persona) anónima del Lunes 24/11/2008 a las 16:37, para apoyar mis puntos de vista no me hace falta hacerme pasar por víctima de ataques personales, y así dejar mal al oponente, simplemente me dedico a defender lo que pienso, tengo claro que no es una forma mayoritaria de pensar, pero detrás tiene sólidos argumentos basados en la investigación didáctica y en muchos años de experiencia profesional alternativa.

Dos últimas cosas para todos y todas:

1) Es muy molesto dirigirse a alguien como persona anónima. Esta web la acabamos de inaugurar y está en proceso de configuración, seguramente, cuando sepamos y podamos, introduciremos cambios para que todos los que intervengan tengan un nombre de usuario que permita debates menos confusos.

Por cierto, mi nombre de usuario no es Fernando sino Frenando.

2) Efectivamente formo parte de IRES desde que comenzó, pero mis opiniones aquí son solo eso, mis opiniones, no necesariamente las de la Red (que no es monolítica y hay bastante diversidad en según que temas).

Victòria Barceló

Reflexión y actuación

El manifiesto está siendo positivo. No sólo por las adhesiones que se están consiguiendo sino también por la discusión que está generando en el foro de debate. Voy a aportar mi visión del tema para contribuir a diversificar más las voces.

No voy a hablar sobre si es mejor la enseñanza tradicional (adjetivo poco afortunado según mi opinión) o la enseñanza innovadora o renovadora (¿con cual de estos adjetivos nos quedamos?, ya que ha habido muchas aportaciones al respecto. Voy a opinar sobre el decálogo de “principios orientadores de la escuela que necesitamos”.

Como estoy básicamente de acuerdo con todos ellos, me voy a centrar sobre cómo llevarlos a la práctica. Para avanzar en su consecución, los marcos de actuación tendrán que ser diferentes, ya que los diez principios pueden tener distintos niveles de concreción, según tengan como referente básico el centro o la zona educativa, las instituciones de formación del profesorado, los departamentos de educación de las comunidades autónomas o el ministerio de educación del estado.

Es evidente que si queremos una educación “auténticamente pública y laica” tendremos que participar en todas las iniciativas que se están llevando a cabo por sindicatos y grupos de enseñantes en aquellas comunidades autónomas donde sus gobiernos están reforzando los centros concertados o introduciendo elementos privatizadores en los públicos, como es el caso de Catalunya que es donde yo vivo.

Para conseguir la formación inicial i permanente del profesorado que creemos adecuada, tendremos que incidir en los centros universitarios y en las instancias de los gobiernos donde se gestan las políticas de formación, para que los contenidos de las materias, las didácticas y los postulados pedagógicos se acerquen a los que pensamos que son mejores para la calidad de la enseñanza.

Respecto de la puesta en práctica de esta enseñanza científica, activa, cooperativa, democrática, actual, relacionada con el medio… pienso que seria interesante establecer redes entre centros o entre grupos de profesionales de distintos territorios, que ya están llevando a cabo experiencias interesantes, para sacarlas a la luz y mostrarlas como ejemplos de que otra escuela es posible y para contrarrestar lo que “no es verdad”.

Podemos aprovechar este inicio de relación que ha propiciado el manifiesto y la página web de IRES para avanzar en esa red que demuestre que unos centros educativos diferentes son posibles y deseables. Es necesario huir de discusiones estériles, exponer lo que se está haciendo bien y exigir los medios que hacen falta para mejorar en base a proyectos concretos.

Os saludo a todos y a todas con mucho afecto.

Hola. Disculpen el error: el libro de José Antonio Marina se titula "El misterio de la voluntad perdida". Gracias. Saludos.

Encuentro muy interesantes las últimas aportaciones a este foro. Concretamente, encuentro que es de agradecer la corrección y claridad con la que trata el tema Anónimo.

Mi relación con la enseñanza es la que vivo como madre de niños que actualmente cursan Primaria y Secundaria en un colegio del centro de Madrid. Tengo que decir que el ambiente general de padres, niños y educadores es, aparentemente, “normal”.

Como en todos los ambientes sociales de hoy, hay numerosos casos de padres separados, padres con una vida complicada, muchos problemas de conciliación horaria…etc. También estas realidades las padecen algunos profesores. Problemas de niños con hiperactividad, inadaptados y con depresión, unos cuantos. Lenguaje demasiado relajado entre grandes y chicos…mucho, sí, incluidos algunos de los profesores. Consumismo, abuso de festejos infantiles, Reyes, “papanoeles” y demás absurdos de esta sociedad: pues sí que los hay, a todos los niveles, y afectan también a los profesores. No tengo noticias de agresiones de alumnos o padres a profesores. Todavía no me he topado con los “niños-emperadores” y por lo que en ocasiones veo, las impertinencias y pataletas de los niños son corregidas razonablemente por profesores y padres. Hablo mucho con los profesores, por gusto y por temas relacionados con mis hijos. No veo que se consideren infravalorados. Los hay buenos, muy buenos y la mayoría correctos. Los hay con vocación y también los hay impacientes y poco motivados. En general, admiro su ánimo en el trabajo tan duro y agotador que es la enseñanza.

Pues en un colegio como éste (que si uno lo quiere ver así, no tiene problemas dramáticos) uno vive relativamente tranquilo hasta que, al comienzo de la secundaria, empieza a ver cómo todos los profesores tienen que redoblar sus esfuerzos en clases de apoyo porque los niños, cada vez en mayor proporción, fracasan, “no profundizan en los conceptos”, “no leen lo suficiente”, son “cada vez más inmaduros”, “no entienden lo que leen”, se “distraen con nada”…. Veo a unos niños cargados a diario como burros para dedicar la gran parte de las tardes a realizar deberes y estudiar para los 2-5 exámenes semanales (evaluación continua) de sociales, naturales, lengua, matemáticas, inglés, francés y además de tecnología, informática, gimnasia, ética y plástica. Me olvidaba de las lecturas trimestrales de lengua con resumen correspondiente y de los trabajos de “investigación” (de la madre) en Internet que manda el de gimnasia. Todo esto desde los 11-12 años. ¿Por qué comienza ahora el fracaso? Veo a muchos padres angustiados, que como solución a muchos de los problemas que se les vienen encima (porque hoy no hay solución ni salida para el niño que fracasa y menos para el padre de la criatura) presionan más al niño con más dosis de lo mismo, sin pararse a pensar si todo este, en mi opinión, disparatado sistema educativo está siendo adecuado en contenidos y materias para estas edades. ¿No es absurdo que tengan hasta 7 y 8 libros de texto abarrotados de información con la sana intención de que se lo aprendan, lo interioricen, lo discutan y lo procesen? Pero…. ¿no quedamos en que son inmaduros, no se enteran de lo que leen y, además, son muy blandos con el trabajo? No sé si las clases que reciben son magistrales, orales, escritas, memorísticas, platónicas, lúdicas, con o sin motivaciones….No sé si los que imparten clases son pro o no pro LOGSE . Pero lo que sí creo es que no se puede pretender es que los niños superen satisfactoriamente esa barbaridad y que, lo más importante, que les sea útil para su formación. Algunos sí lo lograrán, claro. Lo que garantiza poco.

No estoy en absoluto en contra de la disciplina y el esfuerzo que hay que inculcar a los niños, en el colegio y en casa. Creo desde luego que se les tenía que exigir mucho más y antes. Pero con una mínima lógica, ahondando en lo fundamental. Claro que eso implicaría ya desde la básica, clases de pocos alumnos y profesorado muy preparado. Tirar por la ventana los dichosos libros de texto hasta que realmente los necesiten…. ¿Es normal que desde 1º de infantil hasta para dibujo los tengan? ¿Es que la psicomotricidad fina la tienen que aprender con un libro de texto?

¿Dónde están los errores? Desde mi punto de vista casi todos los que se han señalado hasta ahora en este foro son reales y difíciles de solucionar. Y son demasiados. Además el panorama es diametralmente opuesto si hablamos de un colegio de la periferia, o de pueblo, o del centro ¿no? Desgraciadamente, la solución la veo muy lejos, porque no hay una unanimidad mínima para ello, y quizá tampoco iniciativas buenas ni deseos verdaderos de enderezar las cosas. Todo el mundo se defiende tanto….Todos a ganar en razones. Y mientras, los niños a perder.

Pero ¿qué tal si nuestras autoridades ministeriales y pedagógicas comienzan diseñando un plan progresivo de aprendizaje menos repetitivo, disperso y ambicioso en información, que tenga un mayor contacto con la realidad y dedicado fundamentalmente a crearles una base educativa más práctica y útil?

¿Qué tal crear y reforzar las salidas hacia un tipo de formación más práctica y menos académica para el alumnado que no supera o que no quiere avanzar?

Por qué no se revisan, reforman y se dirigen con cabeza los tan insustituibles libros de texto?

¿Es que el profesorado de ahora no está preparado para tan ambiciosa meta?

¿Qué tal si se empieza a invertir en la formación del profesorado? No tienen los niños que saltar tantas barreras? Pues que a ellos se les forme y exija también un alto nivel. Y además que se les pague bien.

¿Qué tal clases con menos número de alumnos? Mucha pasta ¿verdad?

Yo, personalmente lo encuentro desolador. Ojalá que alguien me pudiera convencer de lo contrario. Como a mí no me va a llegar ya la supuesta reforma, saldré de esto como Dios o quien sea me dé a entender.

Hola, Feli.
¿Y quién ha hablado de perfección, Feli? He hablado de algo más sencillo: de estar preparados, mucho mejor preparados para hacer valer ese derecho, Feli. Porque, de lo contrario, usted misma ve cuál es el resultado. Los mismos autores del manifiesto reclaman, de hecho, mucha más preparación pedagógica para los profesores.

Que la justicia necesita de sus requisitos, es cosa obvia. Si a mi hijo lo tienen que operar del corazón y no hay cirujano o anestesista que lo pueda hacer, pues ya ve usted de qué me va a servir a mí el derecho a que opere a mi hijo alguie que no sepa.

También tenemos derecho a que un enfermo sea trasladado velozmente desde los pueblos al hospital de la ciudad, pero si no contamos con buenas carreteras y buenas ambulancias, perdemos al enfermo.

Todos tenemos derecho a que se persiga al asesino, claro. Pero si una sociedad no dispone de invetigadores y buenos policías, ese derecho quedará en agua de borrajas. No, peor, porque la sed de venganza de las gentes se suele traducir en que alguien hace de chivo expiatorio. Que haya que echar mano de lo que se tenga es cosa admisible, pero más bien cuando hablamos de asuntos gravísimos o de vida o muerte. El asesino será perseguido por un no policía, por gente que no estará preparada para ello.

Yo tengo derecho a presentarme a las olimpiadas, pero si no estoy preparado, pues no pasaré ni el primer filtro selectivo.

Cuando no había jueces preparados (tras larga carrera de estudios) y tribunales con buenos códigos penales, el pederasta o el asesino, más que tener un juicio justo, sufrían ajusticiamiento, o venganza inmediata. Él o el chivo expiatorio de turno.

Los derechos no se satisfacen simplemente por el hecho de promulgar leyes que los recojan, ni con proclamarlos a los cuatro vientos. Según la Constitución, todos tenemos derecho a tener trabajo. Y muchos lo buscan sin encontrarlo. Para hacer bueno ese derecho lo que necesitamos es tener una economía en condiciones; de lo contrario, todo se quedará en buenas intenciones. En una política impotente de buenas intenciones.

Lo de esperar a que la cosa sea perfecta, es invención suya, Feli. Yo no he dicho tal cosa. ¿Cree usted que tras la Reforma se ha satisfecho el derecho a la escolarización de los chicos hasta los dieciséis años? Se ha satisfecho el derecho nominalmente, pero no realmente. Ha sido en muchos casos algo parecido a "cubrir el expediente". De hecho, fíjese en una cosa: desde otra perspectiva, los autores del manifiesto lo que nos están diciendo es que la LOGSE no se implementó realmente a las aulas. Es decir, que el derecho a la escolarización no ha sido realmente satisfecho. Nos dicen que no se ha implantado la LOGSE. Y los autores lo atribuyen a que todo esto de la enseñanza no es (sólo) cuestión de leyes (y ahí llevan razón), sino de valores sociales, de concienciación, de cambio de actitudes. Otra cosa es que estemos de acuerdo en qué cambios de mentalidad eran necesarios. Desde otra perspectiva, Feli, los mnifestantes están diciendo lo mismo que yo: que no estaba la sociedad preparada para el cambio, y que por eso no fue realmente implantada la LOGSE en las aulas. Es decir, que no fue satisfecho realmente el derecho a la escolarización en condiciones.

Cuando estamos ante casos de vida o muerte, como usted indica (enfermedad, accidente...), claro está que uno echa mano de lo que se tenga. El que más sepa de medicina (o el menos ignorante en esa materia), tendrá que actuar. Pero es que lo de la enseñanza, siendo perentorio, no era cosa de vida o muerte. Y hacer las cosas mal es tan malo o peor que no hacerlas, máxime, insisto, cuando no era necesario hacerlas como si fuera cosa de vida o muerte.

La buena intención de los reformadores educativos no está en tela de juicio. Lo que está en entredicho es el sistema propuesto para satisfacer esa buena intención, Feli.

Además de que yo insisto en que era justo lo de escolarizar a todos los alumnos hasta edad más avanzada, pero hago una crítica a la manera de hacerlo, a los criterios psicológicamente pobres que subyacían a esa ley. Con otra ley en la mano y otra concepción de la enseñanza (que sí considerara la excelencia para todos, una mayor capacitación pedagógica del profesorado, la responsabilidad de los adultos de jercer la autoridad correspondiente ante los menores y la necesidad de desarrollar los mecanismos volitivos de los alumnos)tendríamos ahora otros resultados, Feli. O eso es lo que creo. Y como estoy en mi derecho a decirlo, pues lo digo. Por fortuna, este derecho de expresión que ahora ejercito es posible porque cuento con un ordenador conectado a Internet.

Saludos.

Usted dice:
"También es de justicia encerrar en la cárcel al pederasta que viole niñas, pero hombre, primero hay que hacer bien la cárcel. También es de justicia atender bien a los enfermos, pero previamente hay que formar bien al médico y hacer buenos hospitales. Con sólo buena voluntad no se llega a ningún lado, Fernando. La justicia tiene sus requisitos."

Sólo una pregunta:
Si se tratara de su hijo, ¿esperaría a que el sistema fuese "perfecto" para escolarizarlo?
Si hablamos de los hospitales, la cosa se complica: ¿Esperaría a ser tratada de una enfermedad, accidente... usted o alguien querido hasta tener un buen hospital y unos médicos bien formados?

Feli

Estimado Fernando:
Quizá he dado la impresión de confundir cantidad con proporción. Y si es así, pues nada, disculpas. Pero yo me refería al hecho de tener que bregar con todos los alumnos (el 100%) y no sólo con el tercio mejor. No pretendía que se tradujera por: “100 en clase”. Si no en: una porción más de alumnos que, en otras épocas no habría sido escolarizada obligatoriamente hasta los dieciséis años. Y la pregunta, después de aclarar que, efectivamente, me refería a esa proporción añadida, sigue en pie, estimado Fernando.

Dice usted:
No lo decimos nosotros, lo dice la realidad pura y dura, el sistema escolar deja fuera de la enseñanza obligatoria a más del 30% del alumnado ¿Cómo se puede llamar a eso? ¿Que lo hacemos maravillosamente bien? ¿Con esos resultados? ¿Y que me dice del bachiller? Casi el 30% de los que lo inician no consigue el título ¿Es para estar orgullosa de esos resultados?

Señor mío, ¿y quién ha dicho que haya que estar orgullosos de todo eso? Lo que yo les estoy intentando decir es que el diagnóstico que ustedes hacen de este desaguisado no considera más que, apenas, una variable: el déficit formativo del profesorado y el uso masivo de la clase magistral. Si yo también califico la situación actual de fracaso. Pero fracaso no sólo por ese déficit, estimado Fernando.

Dice:
“resulta descabellado llevar más alumnos a las aulas (no quieres caldo: dos tazas).
¿Cómo que más alumnos a las aulas? No se confunda, en el BUP de 1981 mis aulas eran de 40 alumnos/as, ahora hay menos. En el BUP mi horario era de 21 horas mondas y lirondas, ahora es de 18.”

Sí, señor Fernando, que estamos hablando de proporción. Me refería a más alumnos “malos” de los que, en proporción, había antes de la obligación de escolarizar a todos hasta los 16. Si ya era complejo tratar con alumnos que estaban dispuestos a estudiar, toma otra taza: ahora tienes que bregar con una porción antes inexistente. La de quienes hubieran abandonado la escuela al llegar a esos cursos. A eso me refiero, estimado Fernando. El profesor que ya lo pasara mal -por su déficit o lo que sea- con estudiantes que usted llama “los mejorcitos”, sólo le faltaba tener que bregar con quienes no tenían intención de seguir ahí. El resultado es el fracaso que usted, como yo, vemos: fracaso de muchos. ¿De dónde saca usted la rocambolesca idea de que esto pueda ser para como para estar orgullosos?

Dice:
Si no le entiendo mal, está proponiendo que volvamos a la situación de antes, con los impuestos de todos escuela para la tercera parte ¿De verdad piensa así? ¿Esa es su solución al problema?

¿Qué quiere decir que con los impuestos de todos…? Con los impuestos de todos se paga la universidad, ¿pretende usted que todos vayan a la universidad porque todos los contribuyentes la pagan? He dicho lo que he dicho, estimado Fernando: que ha sido inútil y contraproducente. ¿Por qué? Porque no estábamos preparados para ello. ¿O sí lo estábamos? ¿O como era cosa de impuestos entonces había que meter a todos en el aula? ¿Se previeron los resultados?
Usted dirá que era de justicia escolarizar hasta los 16 años. Pero cuando el mecanismo falla, entonces todo se queda en un intento de hacer justicia. En algo forzado que ha resultado en un desaguisado. Cuando arreglemos el problema de la permisividad, el déficit formativo, etc., entonces se podrá intentar, siendo más el beneficio que el perjuicio. No se trata de negar ese derecho, sino de disponer las cosas correctamente para poderlo hacer bueno. De lo contrario, tenemos esto: una chapuza. También es de justicia encerrar en la cárcel al pederasta que viole niñas, pero hombre, primero hay que hacer bien la cárcel. También es de justicia atender bien a los enfermos, pero previamente hay que formar bien al médico y hacer buenos hospitales. Con sólo buena voluntad no se llega a ningún lado, Fernando. La justicia tiene sus requisitos.

Dice:
Estimada anónima, mis alumnas y alumnos con una mejor formación inicial están a gusto en mi aula y sacan partido de estar en ella, y mis alumnos con carencias de formación también progresan, y se encuentran a gusto, no “retenidos”. Si a usted le ocurre lo que cuenta, es buen momento para modificar su forma de trabajar. Ni le está sacando punta a los alumnos y alumnas con más capacidad, ni a los que le llegan con más carencias.

¿Y usted qué me cuenta de su caso particular? Cuando yo hablo de estar retenidos (y es evidente a la vista del fracaso final). Aquí estamos hablando de la generalidad.
Usted mismo dice en otro comentario: “¿O es simplemente que no sabemos trabajar con ellos (como apunta el manifiesto)?” Ese “no sabemos trabajar” lo podía haber puesto de otra manera: “que no sabéis trabajar”. Sí, porque a la vista está que no es su problema. Como usted comprenderá yo no me pongo a juzgar caso por caso, y encima casos que no conozco. Ese “no sabemos trabajar”, está claro, era una fórmula de deferencia. Son los demás quienes “no saben trabajar”. Usted se libra de la quema. Pues enhorabuena. Pero son ustedes quienes insisten en que no sabemos trabajar, de modo que no se escandalice tanto, ni personalice. Que aquí importa poco si usted o yo o Fulanito de tal sabe o no sabe trabajar. La regla (sentada por ustedes en su manifiesto) es que “no se sabe trabajar”.

Dice:
Pero bueno, de dónde se saca usted que reconocemos no estar preparados para desempeñar nuestro trabajo. Lo que decimos es que la escuela y la mayoría de los profesores y profesoras que trabajan en ella, lo hacen con un modelo didáctico inadecuado, que es en parte responsable de la catastrófica situación en la que se encuentra.

Estimado Fernando, yo no sé qué significado tiene la frase suya “no sabemos trabajar”. La pone en el anterior mensaje, el de las tablas. Para mí significa exactamente lo mismo que “no estar preparado para desempeñar nuestro trabajo”. Si yo fuera cirujano y dijese: “No sé trabajar con mis pacientes”, mis pacientes perderían la paciencia y estarían en su derecho de decir: “éste no está preparado para desempeñar su trabajo”.
Pero es que, estimado Fernando, por favor, si hay todo un apartado (que me parece parcialmente correcto) en el manifiesto en que se denuncia la escasa formación pedagógica del profesorado (dos meses). Si es lo que dicen ustedes, Fernando. Yo no tengo la culpa de que usted se meta y se saque del saco a conveniencia, o por despiste. A mí me queda claro: usted sí sabe trabajar. El problema está en los demás.

Dice:
Estimada anónima, yo no rebajo los niveles de exigencia, eso lo hará usted. Y seguramente lo hace porque como no sabe trabajar atendiendo a la diversidad, y cómo en el aula (y en el claustro, y en cualquier lugar) los alumnos y alumnas son diversos, si quiere que le sigan en sus explicaciones, no le queda más remedio que “bajar los niveles” para que la mayoría de sus alumnos y alumnas no piensen que a usted le gusta hablar con las paredes. Mi situación (y la de mis colegas de la red IRES) es distinta, partimos del nivel de nuestros alumnos, y una vez que lo conocemos, nos volvemos muy exigentes: que lo mejoren. Si no lo hacen suspenden, De esta manera todos trabajan y todos progresan.

De nuevo un ataque personal. Pero le insisto que tiene poca relevancia si usted o yo exigimos mucho o poco. Si siguiésemos su criterio cambiante, estimado Fernando, el manifiesto no habría sido escrito. Pero fíjese: al igual que ustedes no han escrito el manifiesto (o defendido) pensando en lo que ustedes hacen en el aula (sino en lo que hace la mayoría), yo no he escrito lo anterior pensando en nadie en particular. Al revés: me apoyo en la misma generalidad a la que ustedes se refieren. Y digo y repito que mi percepción es la que es: que se han bajado los niveles de exigencia. Si usted tiene en su sitio esos niveles: enhorabuena de nuevo.

Dice:
No veo la evidencia por ninguna parte, unos correrán más deprisa y otros menos, de forma natural, porque son distintos. Y aquellos que vayan mejorando su marca, sean de los que corren más rápido o de los que corren menos rápido, deberán ver reconocido su esfuerzo. ¿Sabe usted trabajar así?

Bueno, pues yo sí veo tal cosa, ¿qué quiere que le diga? Podría ser razonable procurar que cada cual corra a su ritmo. Ésa es una posibilidad, desde luego. Pero de nuevo a mí no me interesa lo que usted haga en clase. Mi percepción es que estamos moviéndonos, en general, en otra posibilidad: la de que los que corren más ralenticen su paso para armonizarlo con el de los que no corren mucho. Si usted me dice que la mayoría de profesores busca la excelencia de sus alumnos, pues muy bien. No será siguiendo los contenidos de la LOGSE. Que ahí vemos cómo algunos profesores tienen que recurrir a libros de otros tiempos para conseguir hacer pensar a su alumnado. Los profesores, en su mayoría pueden buscar lo mejor para sus alumnos. Lo que aquí se discute es si tal cosa está recogida en el espíritu, letra y libros de texto editados bajo esa ley. Usted dirá que sí y yo que no.

Pero cuando usted dice eso de “deberá ser reconocido su esfuerzo” yo no sé qué quiere usted decir exactamente. Una cosa es que se anime al niño a trabajar y por haber trabajado (reconocimiento del esfuerzo) y otra cosa es la actitud ante el resultado, que debe ser evaluado objetivamente y con independencia del esfuerzo realizado. Un alumno se puede esforzar mucho, pero si hace mal el examen, ¿qué hemos de hacer? ¿Evaluarlo según el esfuerzo o según el resultado? La realidad es la que es: si yo voy a buscar trabajo de astronauta el examinador me podrá decir: “valoro su esfuerzo pero usted se marea a las primeras de cambio. Esto no es para usted”. Si lo que usted insinúa (usted me lo aclarará) es que hay que evaluar en función del esfuerzo (porque hay que reconocerlo), entonces sí es evidente que usted maneja distintas varas de medir a sus alumnos. De modo que la nota del poco dotado no se distancie en exceso de la del más dotado (o trabajador). En tal caso, se dispondrían las cosas para que diera la sensación de que todos corren parejos. Usted, Fernando, quizá sea tan amable en explicarme qué quiso decir exactamente con lo de reconocer el esfuerzo. Quizá yo le haya entendido mal.

Dice:
Le contesto con otro dicho muy popular entre los miembros de la Red IRES: No hay esfuerzo sin motivación.

Pues usted se equivoca, señor Fernando. La motivación es una entidad psicológica propia de los animales (los no humanos, digo). Los animales hacen las cosas sólo por motivación inmediata: comer, copular, cazar… Es decir, no tienen previsión del futuro. Lo suyo es el acicate presente. En el ser humano la cosa cambia. Cualquier niño está premotivado a comerse un bollo, a jugar con la play, a jugar con los amigos, a ligar con una chica o chico, etc. Todas estas actividades son espontáneas y se enmarcan en el sistema primitivo de la motivación. El ser humano no escapa a las redes de la motivación: de lo que me da ganas de hacer. Pero hay algo más, y es significativo que usted no lo sepa o no lo diga: tenemos “voluntad”. Que podemos definir como la capacidad de hacer cosas motivados por una recompensa futura, no inmediata. De hacer cosas “sin ganas de hacerlas”. Esta es una distinción psicológica básica, estimado Fernando. Puede usted estudiarla, por ejemplo, en una obra del autor del libro de texto “Educación para la ciudadanía”, José Antonio Marina: “En busca de la voluntad perdida”. Regir las clases bajo el imperio de la motivación explica la filosofía que hoy podemos ver por doquier. Efectivamente, los chavales que no comprenden que hay que hacer las cosas por voluntad (sin ganas de hacer algo), tienen que ser continuamente motivados. No sabe usted, Fernando, cuan revelador es ese dicho popular de los miembros de la Red IRES. Por supuesto, no descarto que ustedes puedan rectificar a Marina, que nadie es infalible.

Dice:
Mire, con toda sinceridad, la situación que está retratando de sus aulas es catastrófica, en la red IRES sabemos que no es sólo de sus aulas, es muy general, y explica el rotundo fracaso de nuestro sistema escolar. Pero se puede trabajar de otra manera ¡Y funciona! Eso no quiere decir que no existan dificultades, dificultades hay, y muchas, pero aún así se puede funcionar de otra manera.

Bueno, al menos aquí parece quedarle claro que yo no veo la situación como para estar orgullosos de ella. Pero, sí, admito mi exageración. Quizá no es tan catastrófica. Dejémosla en muy preocupante si le parece.

Dice usted:
Estimada anónima, por muy fácil que sea algo, si uno no está motivado no lo hace. Si quiere que sus alumnos y alumnas se esfuercen, y mucho, motivelos.

Si consigo que entiendan -los mayores claro, no los pequeños- que deben hacer determinadas cosas sin ganas, sino porque deben hacerlas (y esto es cosa de voluntad), no se preocupe, que no tendré que estar continuamente ideando métodos para que hagan las cosas divertidos. Este es parte del problema, estimado Fernando: que ustedes no parecen comprender la distinción entre motivación (propia del animal inferior) y voluntad (la capacidad de hacer las cosas y bien sin necesidad de tener ganas de hacerlas). Si usted insiste en que tienen que estar motivados, entonces resulta que tenemos que conseguir que les guste todo lo que hacen y a cada momento. Pero no, cuando una instancia mental superior rige la mente, ya se puede hacer cosas pensando en un bien futuro, no inmediato. Yo le pido, Fernando, que por favor reconsidere estas palabras. El albañil que se tiene que levantar para irse a la obra en un día gélido, no irá a trabajar ni trabajará por motivación (porque eso le motive): no. Irá a trabajar y trabajará pensando en un bien futuro, no en las alegrías que le proporcionará poner ladrillos con 5 grados bajo cero. Estar motivado a hacer algo no es lo mismo que tener desarrollados los mecanismos para hacer ese algo sin ganas, más allá de lo que te pida el cuerpo. Es rotundamente falso que no haya esfuerzo sin motivación. De verdad, todo esto es muy revelador.

Dice:
Podríamos olvidarlo si aquí nos fuese bien. Si nos fuese bien podríamos olvidar el finlandés y cualquier otro, pero no es así, y entonces tenemos que fijarnos y aprender de otras experiencias que tengan resultados positivos, por ejemplo Finlandia.

Pero, claro, Fernando. Lo que yo le quiero decir es que si partimos de ciertas condiciones y presupuestos erróneos, nos podemos olvidar del modelo finlandés. A eso me refiero.

Dice:
Por supuesto, ¿Por qué el ambiente de aprendizaje debe ser hostil?

Estimado Fernando, no cercene usted el significado de lo que yo he dicho. Las cosas deben entenderse en su contexto. El párrafo entero deja claro -creo yo- que esa libertad es recomendable si -y solo si- el niño ya se comporta con aceptable respeto por los demás. Que se les da libertad porque, previamente, ya han sido instruidos para que se comporten bien, respetando al otro. El problema es que aquí no tenemos a niños que, en general, vengan educados y respetuosos a clase, de modo que importar sin más el modelo finlandés sin ese requisito cumplido nos aboca al fracaso.

Dice:
!Pero bueno! Lo nuestro es un manifiesto pedagógico, habla de la escuela, y estamos porque los profesores y profesoras tengan autoridad ¡Y se la ganen! Pero desde luego no estamos por el autoritarismo.

¿Qué puede significar eso de que los profesores se tengan que ganar la autoridad? Si un profesor se tiene que ganar la autoridad frente a un crío, entonces usted me está diciendo que, de entrada, el niño y el profesor tienen la misma autoridad. Esto es, sencillamente, un despropósito, Fernando. El profesor, por el hecho de ser adulto, se supone capacitado para gobernar la vida del niño con la necesaria autoridad. Eso es presunción de inocencia. El adulto no tiene que ganarse la autoridad ante el crío, faltaría más. Lo que tiene que hacer es ejercerla como deba. Y el hijo (por extensión el adulto) debe obedecer siempre a los padres. Esto lo dice la ley, estimado Fernando, no yo. En concreto, los artículos 154 y 155 del Código Civil aprobados en nuestra Constitución. No sé si usted piensa que deban cambiarse o derogarse. Lo que usted plantea es contrario al sentido común: al adulto, por ser adulto, se le supone en condiciones para organizar la vida del niño. Esa presunción se puede quebrar cuando el adulto hace un mal uso de la autoridad que ya de entrada le es reconocida por la sociedad y la ley. En tal caso estaremos ante un abuso de autoridad que deberá ser denunciado ante la justicia. Lo que usted dice carece de sentido.

Lo de que no están por el autoritarismo es insinuación demagógica. Extraiga de mi texto algún mensaje en que se pueda deducir que yo estoy a favor del autoritarismo. Porque eso es lo que usted piensa, y no es de recibo. Intentar asociar al contertulio con cosas como el autoritarismo es jugada fácil, Fernando. Y un intento poco noble de desprestigiar al otro sin razones y pruebas. En todo caso, aquí las espero.

Dice usted:
Es que la casuística es muy variada, y la manera e interpretarla más. En mi centro están prohibidos los móviles, pero a mi me hacen excelentes trabajos con la cámara fotográfica que llevan incorporada ¿Está bien o está mal?

Quizá usted me esté diciendo que esos excelentes trabajos justifican que los críos tengan móvil. Pero yo no sé la edad de sus alumnos. Yo hice alusión a niños de entre 6 y 11 años. Y sobre todo para denotar que los padres les compran de todo.

Dice:
Ciertamente, así es, y nuestro trabajo debe servir a todos.

Sí, pero eso no quiere decir que no haya mejores y peores estudiantes. Hombre, por favor.

Dice:
¿Dónde hemos dicho que el síndrome que le tiene tan preocupado lo producen las clases magistrales? Tampoco creemos que tenga nada que ver la escuela. Lo que usted llama síndrome del emperador yo lo llamo: que la principal causa de abortos es el miedo a la pérdida del trabajo por parte de la mujer, que el miedo a la miseria y a no tener recursos para criar a los niños lleva a que se tengan sólo uno o dos, que eso hace que sean muy mimados, que encima los dos padres trabajan para pagar la hipoteca y engrosar las ganancias de Botín y demás banqueros (y encima el gobierno les regala unos mil euros por cabeza -en mi casa 4.000- para ayudarles a resolver la crisis que ellos mismos han provocado), que ven muchas horas de una tele indescriptible, que son víctimas de un sistema económico regido por la codicia y la avaricia, que tiene el objetivo de convertirlos en consumidores compulsivos... En fin, ¿Cómo quiere que lleguen a la escuela? ¿Es eso el síndrome del emperador? ¿La culpa es de los padres? ¿La solución es el autoritarismo?

En ningún lado, ustedes no hablan de ese síndrome en ningún lado. Eso es cierto. Pero ustedes dicen que las clases magistrales aburren al personal. Y se supone que gente desmotivada origina conflictos en clase. Pero si el alboroto de muchos alumnos no lo provoca esas clases magistrales (macrofactor explicativo para ustedes), ¿a qué lo atribuyen? Si es que ustedes hablan de la clase magistral como la causa de todos los males en educación. Me parece un reduccionismo fuera de lugar..

Tiene que ver con la escuela por una sencilla razón ya explicada: porque ustedes no comprenden que el chaval (de adolescente hablo principalmente) tiene que recurrir a instancias psicológicas superiores: a la voluntad. No a la motivación continua. Tratar de que una tarea o asignatura sea agradable está muy bien, Fernando, pero no se puede pretender que todo fluja por motivación. El que está motivado a hacer algo, no necesita esfuerzo. ¿Para qué?: si ya lo hace por ganas. Al descartar la voluntad como fuente de la acción, ustedes contribuyen a que los chicos se rebelen cuando se les pide un esfuerzo. Para ustedes resulta que siempre tienen que estar motivados: hacer las cosas sin esfuerzo, por agrado. Y esto no siempre es posible.

Se equivoca, Fernando, créame. Sé de lo que hablo. El síndrome del emperador se da tanto en familias con varios hijos como en familias con un solo hijo. Mimar al niño está bien, que es darle amor. Lo que está mal es consentirlo, que no es necesariamente darle amor, sino otras cosas. Porque eso -uted que está preocupado por el desarrollo integral del alumno- eso, destruye la personalidad.

Usted, como siempre, le echa la culpa al sistema. Y yo le digo que el sistema es realmente peligro cuando hay una ausencia virtual de padres que han perdido el control de sus hijos. Los afanes consumistas forman parte de cada persona, Fernando. No es algo que el sistema nos imponga como si fuéramos marionetas sin voluntad (bueno, como ustedes le hacen una higa a la voluntad, ya no sé). Nada de lo que usted dice justifica el hecho de que haya miles y miles de niños y jóvenes que den órdenes a sus padres o los agredan. Son los adultos quienes, si media el sentido común, deben controlar y dirigir la vida del crío. Y eso no significa que los deseos de éste no se deban considerar. Lo que significa es que los adultos estamos para controlar los deseos improcedentes de los adultos. Yo apelo a la responsabilidad de cada cual, Fernando. Lo que usted hace parece más bien echar balones fuera: “la culpa es del sistema! El sistema no tiene capacidad para responder de “sus actos”. Responsabilidad tenemos las personas, no las cosas o los sistemas.

¿Tienen la culpa los padres? Eso es como si yo le pregunto si los profesores tienen la culpa de dar sus clases con el método de transmisión oral. ¿Qué diría usted? Pues lo que yo le digo: que cada cual tiene su responsabilidad. Los padres tienen la suya cuando hablamos de educar a sus hijos, faltaría más. Pues si ahora resulta que los padres no son (en gran parte) responsables de la educación de sus hijos, pues hasta aquí podíamos llegar.

Cuando pregunta si la solución es el autoritarismo, le diré lo siguiente:
Recurre usted de nuevo a la insinuación provocadora. Entérese usted de lo siguiente: entre el autoritarismo y la permisividad hay un tercer estado de cosas llamado autoridad. Si usted confunde autoridad con autoritarismo, yo no tengo la culpa. Si consulta el diccionario podrá apreciar sustanciales diferencias entre lo uno y lo otro. El autoritarismo consiste en ejercer con exceso la autoridad. ¿Quién propone eso? Apelar a la autoridad no es lo mismo que apelar al autoritarismo. Compruebe, por favor, que hay una diferencia radical.

Dice usted:
Estimada anónima, no se si lo haces por echar balones fuera o por qué. Podemos seguir quejándonos de esto y de aquello, pero el caso es que los chiquitos llegan como llegan, y tu obligación es atenderlos a TODOS, no solo a los “mejorcitos”, es más, el más elemental sentido de equidad aconseja prestar más atención a los más desfavorecidos. Si nuestro sistema escolar no lo hace, hay que cambiarlo. Si tu no lo haces, debes cambiar.

¿Y quién dice que no? Pero tendremos que atenderlos en condiciones. Y hacerlo en condiciones descarta ese permanente sistema de motivación que usted propone, dejándo fuera del terreno de juego la voluntad, instancia mental que nos singulariza frente al animal, únicamente guiado por la motivación. Atender al desgraciado o al pobre es nuestra obligación, pero abra usted los ojos, señor Fernando: todos los que fracasan en la escuela no fracasan por ser pobres o desgraciados. Muchos fracasan porque el sistema que usted propone los aboca a la abulia, a la ausencia de voluntad y esfuerzo. Por otro lado, a los niños pequeños hay que atenderlos a todos, pero eso no quita para llamar la atención a cada agente educativo para que recupere la autoridad (no el autoritarismo, señor: no haga usted su particular traducción simultánea) ante los niños.

Dice usted:
Debes pensar que el amor por la cultura es algo inscrito en el genoma finlandés, yo creo que es algo educable ¡A por ello!

Pues no, no señor, no pienso tal. Yo no soy finlandés y amo la cultura. El mensaje es otro. Y viene a colación de que allí desean y buscan la excelencia para todos. En cambio ustedes se quedan callados cuando alguno de los firmantes se declara en contra de la excelencia. ¿Le parece bien contestarme a mí pero no salir a escena para desmarcarse de quienes tal cosa piensan? Una cosa es aceptar la inevitable heterogeneidad de los firmantes y otra tragar con cualquier cosa con tal de recibir apoyo. Si yo fuera el autor o coautor del manifiesto, me habría preocupado de aclarar que el propósito del manifiesto es la consecución de la excelencia para todos. Y la excelencia no se puede conseguir sin esfuerzo, autodisciplina y voluntad. Y lo que ustedes proponen es únicamente motivación. Y yo les repito: motivar está muy bien, sin duda; lo que no está bien es reducirlo todo a motivación. Yo no le cierro la puerta a la motivación; son ustedes quienes se la cierran a la voluntad.

Dice usted:
En total desacuerdo, me llevo muy (muy) bien con mis alumnos y alumnas. Mis desencuentros han sido casos anecdóticos.

Pero, Fernando, si yo no hablo de usted. Usted, ya lo sabemos, es profesor modélico que utiliza técnicas motivadoras, que se preocupa por todos y se lleva muy muy bien con todos. Pero ustedes no habrán hecho el manifiesto pensando en profesores modélicos como usted. Lo han hecho porque piensan (y así lo declaran) que muchos profesores no están bien preparados pedagógicamente para hacer su trabajo. Ustedes mismos saben y señalan que no son profesionales de la enseñanza, sino licenciados en diferentes materias que se ven en la obligación de dar clase. En un documento de este foro se habla del sistema finlandés y allí se dice que todos los profesores en Finlandia son vocacionales, que les gustan los niños. Cuando aquí se les pregunta a los profesores, muchos dicen que lo son porque les gusta lo que estudiaron: matemáticas, inglés, historia… Ni el manifiesto está dirigido a usted ni yo me dirijo a usted, sino a lo que percibimos como generalidad..

Usted dice:
En la Red IRES estamos por la excelencia como personas de nuestros alumnos y alumnas. Sin ninguna duda, y de todos, no de los “mejorcitos”. Pero... la excelencia como personas no siempre coincide con la excelencia académica.

¿Y qué puede significar que ustedes están por al excelencia de todos como personas? Mire usted, el informe Pisa no mide la excelencia como personas. Si lo hiciera, sus alumnos seguro que estarían por encima de los de Finlandia, o a la par. Pero mide otras cosas.

La crítica y recochineo que usted hace a lo de los “mejorcitos” es ciega. Porque lo que yo he dicho no es que se deba atender solo a los “mejorcitos” como usted dice, sino que no es buena idea atender a todos si no se tiene capacidad profesional para atender a todos. Porque el resultado, entonces, es peor que el que teníamos antes. Y a las pruebas me remito. ¿Atender a todos? Sí, por supuesto, pero siempre y cuando estemos preparados para ello. De lo contrario, puede ser peor el remedio que la enfermedad. Que ustedes -como profesores modélicos- consigan o persigan la excelencia de todos, no significa que ésa sea la norma. No estábamos preparados para la LOGSE. No es solo cuestión de derecho sino de capacidad material para hacer bueno el derecho. Si usted es médico y ve en la carretera a cinco accidentados, ¿acude a socorrer a todos por igual? ¿Es que acaso no todos tienen el mismo derecho a ser socorridos? Si nos guiásemos por sus criterios, usted atendería a todos por igual. Sin embargo, la lógica nos dice que el protocolo a seguir es descartar a los heridos leves y a los muy graves. Si atiende a todos, se le mueren todos. Y esto es lo que nos ha pasado con la introducción de la Reforma: los mejores estudiantes (que sí los hay, diga usted lo que diga) ya no alcanzan la excelencia (ni siquiera la que otrora consiguieron) y los peores se salen del sistema en cuanto pueden.

Sin embargo, yo no digo que no hubiera que alargar la escolarización obligatoria, sino que todos nos hubiera ido mucho mejor si hubiéramos sabido aplicar criterios de excelencia, esfuerzo y voluntad: ¡no solo de motivación! Como esto no se ha sabido hacer, pues aquí tenemos los resultados. Quizá no tan malos como los pinté, de acuerdo. Pero preocupantes, ciertamente preocupantes.

Dice usted:
Totalmente de acuerdo, si al principio de autoridad, no al autoritarismo.

Más provocación. Pero no, mire usted, lo que ocurre es que yo no confundo lo uno con lo otro. Usted sí lo confunde, por eso dice que el adulto tiene que “ganarse” la autoridad respecto del niño. Eso es como si el médico se tuviera que ganar la autoridad para recetar medicamentos. Oiga no, mire usted, el hecho de ser médico ya capacita al médico para medicar. Por la misma razón, el adulto no tiene que demostrar su facultad para organizar la vida del crío. Ya se le supone. Pura presunción de inocencia. ¿A quién le corresponde la autoridad: al adulto o al menor? El adulto no sólo tiene autoridad ante el menor como un derecho, sino como un deber. Vaya a los artículos 154 y 155 del Código Civil. El padre ya tiene reconocida esa autoridad, y es su deber ejercerla.

Usted dice:
Si, es cierto, en muchos casos los chiquitos arrastran déficit en los aspectos que citas, pero también esc cierto que en la sociedad mediática que padecemos se sobredimensionan hechos por simples intereses sensacionalistas. En cualquier caso la solución es educación, educación , educación...

Si, Fernando, pero la educación la entendemos de manera diferente. Usted habla sólo de motivación. Yo hablo de motivación (toda la posible), pero también de voluntad. Negarle el bollo al nene no es autoritarismo, Fernando, es ejercer responsablemente la autoridad que le corresponde al padre. El padre sabe que ese bollo (muchos bollos) engordarán al crío (como que no se ve), pero cede ante los berreos del crío porque cree que si se lo niega estará cometiendo un execrable acto de autoritarismo. La cuestión, de nuevo, es que confunde autoridad con autoritarismo. ¿Esto se resuelve con educación? Sí, pero ésta incluye el que ustedes, los profesores, hagan caso de los prestigiosos psicólogos que hablan del síndrome del emperador y sus causas. Pero si ustedes se niegan, creyendo que lo saben todo sobre cuestiones de enseñanza, no hay manera.

Dice usted:
Precisamente la semana pasada, mi compañera vino muy afectada porque un padre al que llamó para corregir la actitud de su hijo y se encontró con incomprensión e insolencia. Muy mal. Pero no nos despistemos, uno de 130. Son casos lamentables.

¿Y uno de 130 le parecen pocos casos? ¿Y 3.500 profesores acudiendo al Defensor del Profesor le parecen pocos, Fernando? ¿Y 5.500 denuncias de padres a hijos le parecen pocas? Y esto hablando de un año. Garrido, un psicólogo que estudia estas cosas, nos dice que se trata sólo de la punta del iceberg. Seguro, porque denunciar a un hijo es lo último que se le pasa a un padre por la cabeza. Y los profesores aguantan lo que pueden hasta que ya se deciden a solicitar consejo y ayuda.

Usted dice:
Estimada anónima, el párrafo anterior es un excelente ejercicio de tirar balones fuera, pero no cuela, estamos hablando de MAS DEL EL TREINTA POR CIEN, y a eso añade que de los que quedan casi el 30% que no saca el título de bachiller. NO CUELA.

¿Pero que no cuela qué? Si eso mismo estoy diciendo yo. Sólo que yo estoy apuntando algo más. Nada de tirar balones fuera. Estoy diciendo que parte de ese fracaso es debido a que la escuela que ustedes proponen sólo se dedica a motivar o intentar motivar, sin enseñarle a los chavales que muchas veces hay que hacer las cosas sin gana. Cuando tengan que estudiar una oposición durante miles de horas y varios años, no siempre estarán motivados a estudiar sin parar. Tienen que saber ese ejercicio de estudio intenso no será divertido, y que la recompensa, si llega, estará situada muy lejos. Pero esto es ya voluntad, no motivación. Es una distinción básica, Fernando.

Usted dice:
Vaya, te va y te viene cada dos por tres la misma idea: nada de escolarizar a todos, dejemos fuera de la escuela a los que más falta les hace. Muy democrática y solidaria tu postura.

Sí, lo que usted propone es muy democrático, pero ineficaz. Y ahí están los resultados que ustedes mismos denuncian. Escolarizar a los que más falta les hace está muy bien, pero no bajo la dirección de una ley que cree que el fracaso se debe únicamente a que el profesor no ha sabido motivar al alumnos. Pero no me repito más. ¿Solidaridad? Sí, pero bien planificada. De lo contrario: miseria para todos. De buenas intenciones está empedrado el infierno.

Usted dice, para despedirse:
Muchas gracias, igualmente. También una recomendación: cambia tu manera de trabajar.

Como si usted supiera en qué trabajo y cómo trabajo. Quizá yo sea una excepción, como usted.

Saludos.

Si no sabían trabajar con los alumnos ¿mejoraba la situación teniendo a muchos más alumnos en clase? Si no sabía trabajar con 33 alumnos, ¿habría de mejorar la situación trabajando con 100? Ustedes dirán.

Estimada (persona) anónima, en este párrafo estás confundiendo cantidad con proporción. Cien me parece un número excesivo, y 33 un número adecuado aunque un poco alto, sobre todo para la ESO. Yo con20 o 25 me manejo muy bien, y si bajan mucho de ese número a veces tengo problemas si no son muy participativos.

En un sistema educativo en que el profesorado no sabe trabajar bien con el alumnado (eso es lo que dicen ustedes),

No lo decimos nosotros, lo dice la realidad pura y dura, el sistema escolar deja fuera de la enseñanza obligatoria a más del 30% del alumnado ¿Cómo se puede llamar a eso? ¿Que lo hacemos maravillosamente bien? ¿Con esos resultados? ¿Y que me dice del bachiller? Casi el 30% de los que lo inician no consigue el título ¿Es para estar orgullosa de esos resultados?

resulta descabellado llevar más alumnos a las aulas (no quieres caldo: dos tazas).

¿Cómo que más alumnos a las aulas? No se confunda, en el BUP de 1981 mis aulas eran de 40 alumnos/as, ahora hay menos. En el BUP mi horario era de 21 horas mondas y lirondas, ahora es de 18.

En tal situación de incompetencia profesional, trabajar con el 33% de los “mejorcitos”, como ustedes dicen, es mejor que trabajar con el 100%, pues es evidente que los efectos nocivos de su déficit formativo serán todavía peores. Y uno de esos efectos es que el nivel académico medio ha bajado un disparate y, encima, los mejores se han acostumbrado al ritmo y el nivel bajísimos de los demás. Y ahora lo que tenemos es un 100% (o casi) de chavales académicamente nada competitivos, cuando no medio analfabetos. Al menos al 33% de los mejores se les podía exigir bastante más, con o sin formación pedagógica.

Si no le entiendo mal, está proponiendo que volvamos a la situación de antes, con los impuestos de todos escuela para la tercera parte ¿De verdad piensa así? ¿Esa es su solución al problema?

Por tanto, señores, la situación del 81 no es añorable (todo eso lo dicen ustedes; ni yo hablé de los 80), sino que la actual es todavía peor que la de entonces. ¿Y qué hemos sacado de bueno con tener a los chavales retenidos en clase? Nada: enmascarar el tremendo fracaso escolar por unos instantes. A la postre, todo ha sido lo mismo. No, peor, porque los mejores ahora llevan el parsimonioso paso de los mediocres.

Estimada anónima, mis alumnas y alumnos con una mejor formación inicial están a gusto en mi aula y sacan partido de estar en ella, y mis alumnos con carencias de formación también progresan, y se encuentran a gusto, no “retenidos”. Si a usted le ocurre lo que cuenta, es buen momento para modificar su forma de trabajar. Ni le está sacando punta a los alumnos y alumnas con más capacidad, ni a los que le llegan con más carencias.

No es que sea malo escolarizar al 100% de los alumnos hasta los 16 años.

¡Menos mal! me parece bien que le parezca bien escolarizar al 100%, ya me tenía un poco preocupado.

No, es inútil en nuestra situación. Inútil, porque ustedes reconocen no estar preparados para desempeñar su trabajo.

Pero bueno, de dónde se saca usted que reconocemos no estar preparados para desempeñar nuestro trabajo. Lo que decimos es que la escuela y la mayoría de los profesores y profesoras que trabajan en ella, lo hacen con un modelo didáctico inadecuado, que es en parte responsable de la catastrófica situación en la que se encuentra.

Contraproducente, porque lo único que se ha conseguido es eliminar cualquier atisbo de calidad en la enseñanza. Para mantener a todos en clase, no se ha hecho más que rebajar los niveles de exigencia. Y eso no es escolarizar, sino RETENER en la escuela, que no es lo mismo, para perjuicio y extinción de los que, con otro sistema algo más exigente (ese 33%), sí valían para estudiar y habrían estudiado.

Estimada anónima, yo no rebajo los niveles de exigencia, eso lo hará usted. Y seguramente lo hace porque como no sabe trabajar atendiendo a la diversidad, y cómo en el aula (y en el claustro, y en cualquier lugar) los alumnos y alumnas son diversos, si quiere que le sigan en sus explicaciones, no le queda más remedio que “bajar los niveles” para que la mayoría de sus alumnos y alumnas no piensen que a usted le gusta hablar con las paredes. Mi situación (y la de mis colegas de la red IRES) es distinta, partimos del nivel de nuestros alumnos, y una vez que lo conocemos, nos volvemos muy exigentes: que lo mejoren. Si no lo hacen suspenden, De esta manera todos trabajan y todos progresan.

Muchos creemos que el fracaso del sistema actual tiene otras explicaciones, y me encantaría que las consideraran:

La necesidad de escolarizar al 100% de la población de alumnos tuvo una consecuencia inmediata: se dieron cuenta de que a ese 100%, que incluía a muchos de los no mejores y a todos los peores estudiantes, no se le podía exigir lo mismo que al 33% de los de antes, que eran los que sí estudiaban o estaban más dotados. Es lógico: si los atletas y los no atletas tienen que correr a la par, es evidente que los atletas tendrá que ralentizar el paso.

No veo la evidencia por ninguna parte, unos correrán más deprisa y otros menos, de forma natural, porque son distintos. Y aquellos que vayan mejorando su marca, sean de los que corren más rápido o de los que corren menos rápido, deberán ver reconocido su esfuerzo. ¿Sabe usted trabajar así?

Pero daba igual esta relajación de la exigencia académica. Los alumnos estudiaban cada vez menos. A menor exigencia, menor rendimiento. A menor rendimiento, menor exigencia. ¿Por qué? Por una conocida ley psicológica que la psicología popular conoce bien: cuanto menos haces, menos quieres.

Le contesto con otro dicho muy popular entre los miembros de la Red IRES: No hay esfuerzo sin motivación.

Acostumbrados los alumnos a no hacer casi ningún esfuerzo, ya ni siquiera están preparados para entender lo que leen u oyen.

Mire, con toda sinceridad, la situación que está retratando de sus aulas es catastrófica, en la red IRES sabemos que no es sólo de sus aulas, es muy general, y explica el rotundo fracaso de nuestro sistema escolar. Pero se puede trabajar de otra manera ¡Y funciona! Eso no quiere decir que no existan dificultades, dificultades hay, y muchas, pero aún así se puede funcionar de otra manera.

El profesorado temía -teme- ser cuestionado si se daba un porcentaje de alumnos muy alto que no llegase al aprobado. Para evitar este temor y las protestas de los alumnos y los padres, lo “mejor” que se les ocurrió a los responsables del sistema fue rebajar los niveles de exigencia y calidad. Pero claro, cuando ya el alumno no aprueba ni por más fácil que se lo pongan (porque no estudia absolutamente nada), el sistema no tiene ya más remedio que suspender a ese alumno.

Los títulos expedidos son académicamente baratísimos, pero claro, no pueden ser gratis.

Estimada anónima, por muy fácil que sea algo, si uno no está motivado no lo hace. Si quiere que sus alumnos y alumnas se esfuercen, y mucho, motivelos.

Olvidémonos del modelo finlandés.

Podríamos olvidarlo si aquí nos fuese bien. Si nos fuese bien podríamos olvidar el finlandés y cualquier otro, pero no es así, y entonces tenemos que fijarnos y aprender de otras experiencias que tengan resultados positivos, por ejemplo Finlandia.

España no tiene nada que ver con Finlandia. No sólo en el muy importante hecho de que allí los profesores sí tienen una excelente formación pedagógica y aquí no. También porque en ese país todos los adultos tienen el derecho y la obligación de amonestar, corregir y sancionar a cualquier niño que haga algo malo (insultar, ensuciar la calle, romper algo…) Todos, he dicho.

Tengo un amigo que vivió en Suecia, y me lo cuenta.

Hombre, a mi me gustaría adoptar los hábitos finlandeses que me gusten, y saldríamos ganando (y a ellos seguro que también les gustaría adoptar algunas cosas nuestras) pero eso no es lo que nos ocupa. Está fuera del marco de nuestras posibilidades, pero cambiar nuestras prácticas escolares es posible, y funciona ¡Hagámoslo!

Quizá ustedes crean que la cuestión estriba en crear un ambiente de libertad y distensión en clase para que los críos se puedan expresar sin cortapisas.

Por supuesto, ¿Por qué el ambiente de aprendizaje debe ser hostil?

No es cierto: En esos países, desde que los críos son muy pequeños, son continuamente motivados para que se comporten bien, pero también presionados y sancionados sistemática y moderadamente para conseguir de ellos una buena conducta. Y, efectivamente, cuando llegan a la escuela, el maestro sólo tiene que continuar con el sistema de motivación y sanción que los padres emplean en el hogar. Se les da libertad porque se les ha enseñado a ser respetuosos.

¿Proponemos nosotros algo distinto de esto?

Todos los adultos tienen autoridad sobre los críos, como aconseja la lógica y el sentido común. Y aquí no la tienen ni los padres, cuanto menos los profesores. Pero ustedes no comentan nada sobre la necesidad de que los niños sean respetuosos con sus adultos. Nada de nada. Y de verdad que me asombra.

!Pero bueno! Lo nuestro es un manifiesto pedagógico, habla de la escuela, y estamos porque los profesores y profesoras tengan autoridad ¡Y se la ganen! Pero desde luego no estamos por el autoritarismo.

Aquí, en cambio, cuando muchos educadores oyen eso de “comportarse bien”, se espantan, enarcan las cejas y ensayan el conocido soniquete relativista: “¿Y qué es comportarse bien?” “¿Y quién soy yo para exigir a un niño que se comporte bien?” “¿Y quiénes son los “mejores”? “Oh, autoridad dice éste, se ve que añora los tiempos de Franco”; “habla de presionar al crío: otro represor”…

Es que la casuística es muy variada, y la manera e interpretarla más. En mi centro están prohibidos los móviles, pero a mi me hacen excelentes trabajos con la cámara fotográfica que llevan incorporada ¿Está bien o está mal?

Llama la atención el modo en que se refieren ustedes a los buenos estudiantes que, gracias a su inteligencia o tesón, se desenvolvían bien con las clases magistrales. Utilizan las comillas y el diminutivo: “los mejorcitos”. ¿No se podría decir simple y llanamente “los mejores” para el estudio? Intuyo su respuesta: “no hay ni mejores ni peores estudiantes, solo distintos.”

Ciertamente, así es, y nuestro trabajo debe servir a todos.

Y ese relativismo que lo confunde todo nos ha llevado a que muchos de nuestros chavales hayan desarrollado el síndrome del emperador, del que ustedes no dicen absolutamente nada. ¿De verdad nos quieren hacer creer que ese síndrome está provocado por el uso de las lecciones magistrales? Digan algo, pronúnciense, por favor. O atrévanse a decirnos que el síndrome del emperador es una invención o exageración de algunos (ya se sabe: de los que ustedes califican continuamente de “nostálgicos”).

¿Dónde hemos dicho que el síndrome que le tiene tan preocupado lo producen las clases magistrales? Tampoco creemos que tenga nada que ver la escuela. Lo que usted llama síndrome del emperador yo lo llamo: que la principal causa de abortos es el miedo a la pérdida del trabajo por parte de la mujer, que el miedo a la miseria y a no tener recursos para criar a los niños lleva a que se tengan sólo uno o dos, que eso hace que sean muy mimados, que encima los dos padres trabajan para pagar la hipoteca y engrosar las ganancias de Botín y demás banqueros (y encima el gobierno les regala unos mil euros por cabeza -en mi casa 4.000- para ayudarles a resolver la crisis que ellos mismos han provocado), que ven muchas horas de una tele indescriptible, que son víctimas de un sistema económico regido por la codicia y la avaricia, que tiene el objetivo de convertirlos en consumidores compulsivos... En fin, ¿Cómo quiere que lleguen a la escuela? ¿Es eso el síndrome del emperador? ¿La culpa es de los padres? ¿La solución es el autoritarismo?

Y con una población de críos insolentes y malcriados es imposible importar el modelo finlandés u otro similar, o disimilar. ¿Exageran de manera sensacionalista psicólogos de la talla de Javier Urra, Garrido, Mackenzie y tantos otros acerca del alcance y gravedad ese síndrome? ¿De verdad piensan ustedes que es consecuencia de emplear el método de transmisión oral de conocimientos?

Que yo sepa en el manifiesto no hemos hablado, para nada, del “sindrome del emperador”, pero como insiste tanto voy a volver a leerlo. Quizás se me haya pasado por alto. Tampoco creo que hayamos dicho nada de que la causa de dicho síndrome sean las clases magistrales, que dicho sea de paso, a mi me parecen muy bien, siempre que sean magistralmente preparadas y que no se someta a los chiquitos a siete horas de clases magistrales. Una clase magistral bien preparada, eligiendo un momento adecuado, tiene efectos impresionantes.

¿Nos dirán que la culpa es el capitalismo, el escaparate, la Navidad? Pues no, señores: el problema no es que haya juguetes que reclamen la atención de los críos, sino el hecho pasmoso de que los padres no ejerzan de tales, de que consientan continuamente a sus hijos. Casi la mitad de la población de niños de entre 6 y 11 años tiene móvil. ¿Han comprado ellos el móvil? Lo han comprado los papás, señores. Es evidente. La publicidad no obliga a ningún padre a caer en la tentación de abrir la billetera y consentir al crío. Los padres responsables se comportan como padres, no como amigos y pródigos Reyes Magos.

Estimada anónima, no se si lo haces por echar balones fuera o por qué. Podemos seguir quejándonos de esto y de aquello, pero el caso es que los chiquitos llegan como llegan, y tu obligación es atenderlos a TODOS, no solo a los “mejorcitos”, es más, el más elemental sentido de equidad aconseja prestar más atención a los más desfavorecidos. Si nuestro sistema escolar no lo hace, hay que cambiarlo. Si tu no lo haces, debes cambiar.

Entre los diferentes factores que explican el fracaso educativo en España podemos destacar, creo, los siguientes:

DÉFICIT EN FORMACIÓN. Déficit de conocimientos pedagógicos del profesorado y de recursos personales (más que materiales). En eso llevan ustedes razón. Déficit que también afecta al método de exposición oral, “detalle” que no debería pasarse por alto. Si no es lo mismo estar bien formado en técnicas activas y participativas que no estarlo, tampoco es lo mismo estar bien formado en el método de exposición oral que no estarlo.

Este factor lo suscribo en su totalidad

DESPRECIO POR LA CULTURA. Déficit cultural general. En Finlandia aman la cultura. En cambio muchos aquí la ven como un signo de distinción elitista y clasista. Como algo que huele a jerarquía y selección.

Debes pensar que el amor por la cultura es algo inscrito en el genoma finlandés, yo creo que es algo educable ¡A por ello!

ESCASO O NULO AMOR A LA EDUCACIÓN Y RESPETO A LOS EDUCADORES. El amor a la cultura y la inteligencia se traduce en amor a la profesión que las transmiten. Aquí no hay tal cosa.

En total desacuerdo, me llevo muy (muy) bien con mis alumnos y alumnas. Mis desencuentros han sido casos anecdóticos.

MENOR EXIGENCIA ACADÉMICA. Un abajamiento de la exigencia académica, guiándose por criterios de mínimos. ¿Desean ustedes la excelencia para todos los alumnos? Algunos de los que les apoyan escriben que no la desean. A ustedes parece no importarles mucho esas declaraciones. No salen al paso para refutarlas o desmarcarse de ellas: ¿comulgan con ellas? Salen al tanto para intentar refutar los argumentos de quienes no apoyamos el manifiesto, pero se callan cuando alguno de sus firmantes declara no desear la excelencia. ¿Alguna explicación al respecto? En Finlandia sí buscan la excelencia para todos los alumnos.

En la Red IRES estamos por la excelencia como personas de nuestros alumnos y alumnas. Sin ninguna duda, y de todos, no de los “mejorcitos”. Pero... la excelencia como personas no siempre coincide con la excelencia académica.

EN ESOS PAÍSES TODOS EDUCAN Y DEFIENDEN EL PRINCIPO DE AUTORIDAD. Lejos de lo que muchos creen, en los países punteros en educación no reina la libertad y la manga ancha para con los niños. Muy al contrario, cualquier atisbo de mala educación es reprendido por cualquier adulto. No permiten ningún brote de mala educación en sus críos pequeños. Todos los adultos se sienten en la obligación de corregir y educar a los niños.

Totalmente de acuerdo, si al principio de autoridad, no al autoritarismo.

AQUÍ: PERMISIVIDAD. Aquí sufrimos unas prácticas permisivas que llevan de cabeza a la mayor parte de los padres, a los docentes y a las autoridades legislativas. Y ustedes parecen conformarse con aquello de que siempre ha habido niños descarriados y violentos. Sí, pero jamás se ha visto que los niños agredan verbal o físicamente a sus mayores, a sus padres y maestros. Jamás en esta medida. ¿Y cómo explican ustedes que nuestros niños sean los terceros más gordos del mundo? ¿Es por el mercado? ¿Es debido a una mala educación dietética de los padres? Es muy fácil asimilar eso que tantas veces repiten los médicos sobre la dieta mediterránea: frutas, verduras, legumbres, pescado, pastas, aceite de oliva, poca sal, pocas grasas animales. El bollo es recurso más fácil y encima el crío se calla, que es el que manda en casa. Ni los más incultos desconocen todo esto, mil veces dicho por las autoridades sanitarias.

Si, es cierto, en muchos casos los chiquitos arrastran déficit en los aspectos que citas, pero también esc cierto que en la sociedad mediática que padecemos se sobredimensionan hechos por simples intereses sensacionalistas. En cualquier caso la solución es educación, educación , educación...

DIVORCIO ENTRE ESCUELA Y FAMILIAS POR CULPA DE LA PERMISIVIDAD REINANTE. Ni se ha visto nunca que, como efecto de esa misma permisividad, muchos padres se pongan de parte del hijo cuando éste es reprendido por el maestro o profesor. Todo lo que vemos no es efecto del sensacionalismo de los medios de difusión. La insolencia de los niños no sólo se ve en la pantalla, se ve en la calle, en las aulas y los hogares.

Precisamente la semana pasada, mi compañera vino muy afectada porque un padre al que llamó para corregir la actitud de su hijo y se encontró con incomprensión e insolencia. Muy mal. Pero no nos despistemos, uno de 130. Son casos lamentables.

Buena parte del 30% de los alumnos que abandonan la escuela lo hace porque el sistema actual y muchos padres “colegas” no les han enseñado a esforzarse y sacrificarse ni lo más mínimo, de modo que cuando la ley se lo ha permitido, han salido volando. Muchos abandonan la escuela porque viven de capricho. Porque son ellos los que mandan en el hogar. Y no hay quien les diga nada.

Estimada anónima, el párrafo anterior es un excelente ejercicio de tirar balones fuera, pero no cuela, estamos hablando de MAS DEL EL TREINTA POR CIEN, y a eso añade que de los que quedan casi el 30% que no saca el título de bachiller. NO CUELA.

Creo que nos iría mucho mejor si reconociésemos que los problemas para tratar pedagógicamente a los alumnos se agravan extraordinariamente cuando muchos de éstos desconocen el respeto hacia sus iguales y no iguales.

Pues si, en esto tienes razón, ¿Y...?

Y también que los bajos niveles actuales de exigencia académica impiden que los alumnos saquen provecho de estar escolarizados hasta los 16 años: porque entonces simplemente están retenidos.

Vaya, te va y te viene cada dos por tres la misma idea: nada de escolarizar a todos, dejemos fuera de la escuela a los que más falta les hace. Muy democrática y solidaria tu postura.

¿Es que los factores aquí expuestos no son compatibles acaso con ese único (o casi) factor del que ustedes hablan: el déficit pedagógico del profesorado?

Nosotros lo que decimos es que nuestro sistema escolar falla, y tiene que superar ese bache, “Otra escuela es necesaria, ya existe y es posible” (del manifiesto).

Reciban un saludo.

Muchas gracias, igualmente. También una recomendación: cambia tu manera de trabajar.

La escuela que proponemos

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