La facultad que queremos


Niko - Posted on 16 May 2012

 LA FACULTAD QUE QUEREMOS

Aportación al XIII encuentro anual de la Red IRES

Rafael Porlán  y Nicolás de Alba (Foro por Otra Escuela. Red IRES) 

 

En octubre de año pasado iniciamos, junto a otr@s compañer@s, un proceso en la facultad de ciencias de la educación de la universidad de Sevilla para promover la participación activa de los estudiantes en los órganos de gobierno, así como el debate y la reflexión acerca del modelo de facultad y de educación que consideran deseable.

Antecedentes

Nuestra facultad ha estado impregnada durante muchos años por una cultura arcaica y profundamente antidemocrática, en la que el corporativismo, el amiguismo, el intercambio de favores y la manipulación sutil de los procesos de participación (cuidando las formas pero pervirtiendo el fondo) han sido las características más dominantes. Concretamente, la participación estudiantil ha sido percibida como un acto administrativo de obligado cumplimiento, más que como un elemento fundamental en su formación ciudadana y profesional. Más aún, ha sido utilizada, especialmente en el ámbito de la junta de facultad, al servicio de los intereses gremiales del decanato, más vinculados a la promoción de las ciencias del deporte que al desarrollo de una facultad plenamente centrada en la educación y en la formación del profesorado. Concretamente, es una tradición que las elecciones de los estudiantes a junta de facultad se hayan celebrado durante el periodo de prácticas de enseñanza, con una candidatura única formada por estudiantes de ciencias del deporte que se votaban a sí mismos, con el desconocimiento de la inmensa mayoría de sus compañeros.

Objetivos

Con estos antecedentes, y teniendo en cuenta el tema común que nos habíamos planteado en el último encuentro, propusimos a un grupo de compañer@s el dinamizar a los estudiantes de la facultad con los siguientes objetivos:

1.   Aglutinar a estudiantes conscientes y comprometidos para promover conjuntamente la participación activa de sus compañer@s.

2.     Llevar a cabo una campaña de difusión sobre las funciones  y competencias de los diferentes órganos de la facultad (consejos de departamento, junta de facultad y delegación de alumnos), el porcentaje de participación de los estudiantes en cada uno de ellos y los respectivos calendarios electorales.

3.     Garantizar que las elecciones de los estudiantes a estos órganos se hicieran lo antes posible y, desde luego, antes del periodo de prácticas de enseñanza.

4.     Garantizar la realización de una campaña electoral con amplia difusión y con disponibilidad de tiempos y espacios para que l@s candidat@s pudieran explicar sus propuestas y recoger las demandas de sus compañer@s.

5.     Promover el voto libre y consciente de los estudiantes, evitando prácticas fraudulentas como recoger votos de forma colectiva, conseguir votos difundiendo información sesgada o tendenciosa, llevar a votar a grupos de clase a cambio de no dar la clase, etc.

Acciones

Para cumplir estos objetivos, durante los meses de octubre, noviembre y diciembre del año pasado pusimos en marcha las siguientes acciones:

1.   Reuniones periódicas de un grupo de docentes y estudiantes para planificar juntos la campaña de participación estudiantil.

2.     Diseño de un cartel y un tríptico donde se explicaban las funciones de la junta de facultad, los consejos de departamento y la delegación de alumnos.

3.     Difusión en la mayoría de las clases del cartel y el tríptico, bien a través de algún docente, bien a través de pequeños grupos de alumnos, explicando la importancia de canalizar las inquietudes de los estudiantes a través de los representantes elegidos en estos órganos.

4.     Aprobación en la junta de facultad, con bastantes resistencias del equipo decanal, de un calendario electoral que garantizará la realización de las elecciones antes de Navidad y en periodo de clases.

5.     Formalización de una candidatura de estudiantes a la junta de facultad, independiente y alternativa a la oficial. Esta candidatura se constituyó con estudiantes críticos y comprometidos con un modelo de facultad más democrática, transparente e innovadora.

6.     Creación de un grupo en facebook con el nombre: “la facultad que queremos”. Este grupo tiene actualmente unos 250 miembros.

7.     Elaboración de un programa electoral mínimo basado en la idea de democracia, transparencia e innovación, que se fue concretando y ampliando a partir de las propuestas que los demás estudiantes fueron aportando durante la campaña electoral.

8.     Realización de una campaña electoral “clase a clase”,  en la que se explicaba el programa mínimo y se debatían nuevas propuestas para incorporar al programa.

9.     Petición, por los cauces reglamentarios, de una asamblea legal de estudiantes con supresión de clases, para que las dos candidaturas presentaran sus respectivos programas. Esta petición fue denegada.

Resultados y conclusiones

Finalmente, por primera vez se han celebrado elecciones a junta de facultad y delegación de alumnos con dos candidaturas de estudiantes: la oficial y la alternativa. También, después de mucho tiempo, la participación ha dejado de ser testimonial, aunque aún muy lejos de ser mayoritaria. Ambas elecciones fueron ganadas por la candidatura oficial, aunque la candidatura alternativa, dada las difíciles condiciones en las que se desarrolló el proceso, consiguió un número digno de votos. Durante la campaña se utilizaron estrategias poco democráticas y difamatorias del tipo: “la candidatura alternativa son unos radicales que tienen otros interese distintos a los que declaran”, “es una candidatura montada al servicio de un sector del profesorado que quiere tomar el decanato”, “quieren dividir a los estudiantes”, “quieren expulsar a los de ciencias del deporte”,  etc.

De todos modos, y a pesar del resultado, a partir de este tipo de iniciativas se ha podido observar un claro aumento de los niveles de interés, movilización y participación por parte de la mayoría de los estudiantes.

Un análisis distanciado de esta experiencia nos lleva a las siguientes conclusiones:

1.    En nuestra facultad, y, creemos, en la mayoría de las instituciones educativas, la idea de democracia y participación es percibida como algo meramente administrativo, desprovisto de un significado formativo. Más aún, para muchos docentes, incluso progresistas, la implicación activa de los estudiantes es percibida como una amenaza no deseable, que altera el orden “natural” de las cosas y la aparente estabilidad del modelo educativo dominante, ignorando que los estudiantes, cuando se sienten sujetos activos de los procesos, dan lo mejor de sí mismos, se co-responsabilizan y crecen como personas.

2.     Al mismo tiempo, muchos estudiantes, adaptados, pero al mismo tiempo desapegados, de la institución educativa, ignoran los derechos legales que tienen (durante la campaña se sorprendían, por ejemplo, de que los estudiantes tuvieran un 30 % de representación en la junta de facultad y de que este hecho fuera el resultado de luchas anteriores de otra generación de estudiantes) y canalizan su descontento por vías improductivas (el enfado, la queja de pasillo, el pasotismo, etc.), asumiendo que es imposible alterar el estado de las cosas.

3.     La cultura antidemocrática de las organizaciones, en nuestro caso de las organizaciones educativas, se concreta y se perpetúa a través de un sinfín de creencias y acciones que impregnan el día a día de su funcionamiento mucho más allá que las disposiciones legales, de tal manera que aquellas disposiciones que refuerzan las prácticas de poder tradicionales son resaltadas y aquellas que las alteran son ignoradas, manipuladas y descafeinadas. En este sentido, dicha cultura es resistente al cambio, de ahí que el impulso de la democracia participativa en nuestros centros y aulas no puede ser algo coyuntural sino permanente y hay que entenderlo como una forma “micro” de lucha por otro modelo de sociedad.

 

 

 

 

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