La escuela que queremos. Un espacio orientado a la comprensión del mundo


Niko - Posted on 16 May 2012

Susana Montalvo (Foro por Otra Escuela. Red IRES)

Aportación para el XIII Encuentro de la Red IRES

Las ideas que generé fruto del encuentro de IRES el año pasado, junto con la participación en la jornada con F. Tonucci “La escuela que queremos” y los cursos de formación con Antonia Fernández, me han llevado a la reflexión e incorporación de varias ideas que este año se han plasmado en mi propuesta pedagógica de aula.

En este sentido, los tres ejes fundamentales en torno a los que gira mi práctica son:

1. Nosotros mismos y nosotras mismas: las personas. Ir profundizando en el conocimiento de nosotros mismos y los demás, crear identidad de grupo, establecer lazos sólidos de colaboración con la familia.

2. El aula. A partir de la pregunta, ¿cómo es la escuela que queremos? (abierto a la comunidad). Generando la necesidad e importancia de normas de convivencia, creándolas en el grupo, cuidando los espacios y tiempos, descubriendo a otras personas y estancias del centro…

3. El mundo. Acercamiento a la comprensión del mundo generando espíritu crítico, problematizando la realidad. Abordando temas de interés general y cuestiones que interesen particularmente en nuestro grupo humano. Incorporando cuestiones relacionadas con el decrecimiento, la sostenibilidad y las energías. El arte. Los lenguajes. Las emociones. La ciencia.

Mi experiencia se concreta en un grupo de 24 alumnas y alumnos de 3 años de edad, en un colegio público de Sevilla. Son muchas las propuestas realizadas durante el año, pero a continuación describiré brevemente algunas de las más significativas de cada uno de estos bloques para ayudar a significarlos.

Durante el curso hemos dedicado un tiempo especial a conocernos y darnos a conocer. La primera propuesta empleada para ello ha sido “Las cajas de vida” que han realizado en colaboración con las familias. Estas cajas que permanecen en el aula desde los inicios del curso están llenas de momentos y elementos propios de sus vidas, y nos permiten acercarnos de forma visual y cercana a sus familias, gustos, preferencias y miedos. Asimismo tiene un  tratamiento preferente todo lo relacionado con el mundo interior y el desarrollo emocional, tanto a partir de propuestas concretas como en situaciones cotidianas de la vida del aula.

 En relación al aula, hemos mimado de forma conjunta las propuestas que nos han servido para unirnos y hacer de aquel lugar un espacio de comunicación real y particular. Los tiempos son realmente flexibles y se adaptan a las necesidades de relación, juego, higiene, descanso… de los menores y mías propias, ya que el grupo lo conformamos todas y todos. Tienen un lugar especial la asamblea (puesto que empleamos la conversación como fuente de conocimiento, relación y resolución de conflictos) y los rincones de actividad (que incluyen zonas de expresión artística, conocimiento lógico – matemático, expresión oral y escrita, biblioteca, juego simbólico –títeres, animales, construcción, la casita-).

Para querer mirar al mundo hay que dejar que el mundo entre en la escuela. La vida es lo suficientemente interesante y rica en sí misma como para ser fuente inagotable de conocimientos, en este sentido, nuestra clase este año ha tenido esa disposición de apertura. Algunos de los temas que han salido ya este curso, permanecen latentes para retomarlos el próximo curso, cuando continuemos nuestra andadura–puesto que tenemos dos cursos más para estar y aprender juntos-. Muchos tienen que ver con contenidos trascendentes para el humano como la vida y la muerte, el ciclo vital, otros físicos como el aire o el agua. La intención es ir retomándolos, profundizando sobre ellos, ampliando progresivamente sus conocimientos, y orientar algunos hacia la ecología y la sostenibilidad.  Nuestra metodología de aula se basa en la resolución de problemas y/ o preguntas, de ahí que, por ejemplo, escuchar los ruidos de los niños de la clase de arriba nos ha llegado en un largo proceso a investigar con planos el colegio para localizarlos, ir a visitarlos y pedirles que no arrastren las sillas; o el interés hacia las cebras nos ha llevado a cuestionarnos sobre ¿por qué los leones no comen hierba y comen carne de cebra?  ¿Las cebras son buenas o malas? O las inclemencias del tiempo han llevado a cuestionamientos como ¿Por qué se pone el cielo tan negro cuando va a llover? o ¿De dónde sale el viento? (Todas estas preguntas han sido formuladas por los propios niños y niñas, y yo, en función de los contenidos de valor que podíamos trabajar he ido dirigiendo el proceso de aprendizaje y de enseñanza).

Por todo esto, “La escuela que queremos”, nuestra escuela, tiene presentes distintas voces y lenguajes, donde cada uno puede saber quién es y probar –se. La escuela que queremos es una escuela de todas y para todos, por eso compartimos, vivimos muy unidos, nos ayudamos y acompañamos, y las familias están muy presentes en los procesos. Es una escuela que acoge, por eso la expresión de cada uno es tan importante. Es una escuela donde convivimos con lo mejor y lo peor de nosotros mismos, por eso nos enseña a vivir en sociedad. Es una escuela donde los niños y niñas tienen mucho que decir y por eso son escuchados. Es una escuela donde el conocimiento se construye entre todas y todos, por eso nos cuestionamos lo que ocurre a nuestro alrededor. Es una escuela con expectativas altas, por eso llegamos muy lejos. Es una escuela donde se aprende e investiga, por eso las cosas que nos interesan e importan tienen lugar.

La escuela que queremos es la escuela que sirve para la vida.

 

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